23 de julio de 2018 12:52 PM
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El agro chino apuesta al conocimiento

El gigante asiático realizó durante diez años una experiencia para desarrollar la producción agraria que ahora replicará en 210 millones de campesinos

En marzo de 2018, China dio a conocer el resultado de un experimento que realizó a lo largo de 10 años con 21 millones de productores agrícolas (10% del total), que labran 37,7 millones de hectáreas en unidades productivas de 0,6 hectáreas promedio.

En ese experimento se desempeñaron 1.200 científicos e investigadores, 65.000 funcionarios locales, y 140.000 representantes de la industria –privada, pública, nacional y transnacional- vinculada a la producción agraria.

Los resultados fueron sometidos a arbitraje internacional y publicados en la revista Nature de Estados Unidos. Según el estudio, la producción de maíz, arroz y trigo creció 11% en este período, mientras que la utilización de fertilizantes disminuyó entre 15% y 18%, con un rescate de 1,2 millones de toneladas de nitrógeno.

Esto ha reducido la emisión de dióxido de carbono (CO2) un 15% sobre la superficie sembrada; y significa que las ganancias de productividad (mayores rendimientos / menores insumos) ascendieron a 12.200 millones de dólares en términos de valor.

China tiene 22% de la población mundial (1.400 millones de habitantes), y dispone de 7% de las tierras fértiles del planeta, con la particularidad de que la proporción de agua por habitante es un tercio del promedio global, con amplias zonas en situación de sequía crónica. Con estos recursos China se ha transformado en la mayor productora de granos del mundo (650 millones de toneladas en 2017).

El experimento se realizó manteniendo el mismo extremo grado de fragmentación de las unidades productivas característico del agro chino, y que constituye la diferencia fundamental con la producción agrícola de Occidente.

En segundo lugar la mayor parte de la inversión que se realizó en la zona bajo experimento fue en “capitales intangibles” (creación de redes de telecomunicaciones para transmitir información sobre irrigación, densidad de los plantíos y siembras, profundidad y cantidad en la colocación de las semillas). Se destinaron más de 70.000 millones de dólares a esa inversión.

Hay que agregar que prácticamente la totalidad de los campesinos chinos tienen acceso a Internet a través de redes de fibra óptica que cubren todo el país, comenzando por las regiones más pobres y los lugares más marginados.

El sentido de la inversión en “capitales intangibles” ha sido promover la conectividad y combatir sistemáticamente el aislamiento de los productores de la zona bajo experimento, otorgándoles información instantánea sobre las variables principales de su actividad cotidiana. El experimento será extendido a los 210 millones de campesinos de la República Popular en los próximos 7 años.

El agro chino ha sido el mayor creador de CO2 del sistema agroalimentario mundial en los últimos 30 años, debido a la utilización de 305 kilos de fertilizantes por hectárea y por año en ese período. Es cuatro veces más que el promedio mundial.

El experimento realizado en la República Popular muestra que el conocimiento transformado en factor de producción, por encima incluso del capital y del trabajo, es la principal fuente de incremento de la productividad en el agro moderno.

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