9 de julio de 2010 05:57 AM
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Obreros protestaron frente a Pampa Natural

(General Pico) - El playón de tierra del frigorífico Pampa Natural se convirtió ayer en una improvisada canchita, para que algunos trabajadores de la carne se distraigan pateando una pelota de cuero desgajada.

Detrás del alambrado perimetral que protege el establecimiento, se alza una inversión millonaria inaugurada el 5 de diciembre de 2007. En el interior un sereno, algún que otro supervisor y personal administrativo, en una cifra ínfima. Las cámaras de congelado con algo de carne. La gigantesca estructura está vacía. Alrededor de ella están los trabajadores, que reclaman por el pago de sus sueldos y los aguinaldos. Tienen frío. Ni las camperas ni los gorros de lana pueden detener el viento helado, que llega hasta la piel. Un fuego alimentado por la leña aportada por el gremio permaneció encendido toda la noche. Igual, dos trabajadores se fueron descompuestos por las bajas temperaturas. Una lona negra sostenida por palos y una casilla es el lugar para un descanso o compartir un mate. De una olla tiznada colocada en una parrilla sale vapor. Alrededor y sentados sobre troncos, algunos muchachos conversan. Motos y bicicletas están agrupadas cerca de uno de los portones de entrada. Son los rodados que usan para llegar al establecimiento y recorrer los casi 15 kilómetros que hay entre General Pico y el frigorífico. Otros, viajan a dedo, como los supervisores que caminan por la banquina.

Sin respuestas.
Casi todos los obreros tienen historias familiares parecidas. En pareja o casados, con muchos hijos, algunos de muy corta edad. Viven en casa de barrio o alquilan. Pagan con lo justo o a mes vencido la luz. En las despensas mantienen una cuenta mensual, que abonan al cobrar el sueldo. Todos tienen bronca. Insensibilidad empresarial. Indiferencia política. Mientras los jóvenes patean la pelota, uno de los representantes gremiales expone con crudeza la realidad laboral. "No tenemos respuestas, nadie sabe cuándo vamos a cobrar y el directorio del frigorífico pide un tiempo que no tenemos. Nos hablan de reuniones para el lunes, pero con eso no le damos de comer a nuestras familias", dice el delegado Mariano Stefanelli al explicar el encuentro que tuvieron con el titular de la empresa, Daniel Arroyo y otro de los directivos, Martín Fossatti. Los mismos que el día de la inauguración de la planta prometieron 200 puestos de trabajo y una faena mensual de seis mil animales por mes. El proyecto ahora parece naufragar y dejar en la calle a cientos de familias.

Incumplimiento.
Stefanelli recordó que el reclamo es por la falta de pago de los sueldos, pero también por el incumplimiento con el pago de las indemnizaciones a los empleados despedidos. "Además, nos preocupa mucho saber qué sucederá con nuestras fuentes de trabajo, ya que la planta está prácticamente parada desde hace varios días", detalló el delegado. Con el correr de las horas, los trabajadores decidieron intensificar la pelea por sus derechos, mientras el humo de las gomas quemadas se alzaba al cielo. Hacia las 11, se resolvió hacer cortes parciales de la ruta 7, que une a General Pico con los pueblos de Speluzzi y Vértiz y la ruta 188. Minutos después, una delegación policial de la Unidad Regional II se hizo presente en el lugar, para hablar con los trabajadores. Encabezada por el subjefe, José Luis Palacios y el comisario Javier Marotti la comitiva conversó con los delegados y los obreros, que expusieron los motivos de la protesta y la modalidad que implementarían.
Al mediodía los obreros colocaron las cubiertas en la carretera y frenaron por algunos minutos el tránsito de los vehículos, en los dos sentidos. A los conductores se les explicaba el por qué del corte de la ruta. Las versiones sobre reuniones entre empresarios y funcionarios parecían no tener fundamentos. Ningún político se acercó. Ni unos ni otros. Los directivos del frigorífico se volvieron inhallables y desaparecieron de los sitios habituales, donde se alojan en General Pico. Los obreros reiteraron su compromiso de permanecer en el exterior de la planta. No quieren regresar a sus hogares con las manos vacías. La imponente inversión era la imagen de la desolación a sólo dos años de su habilitación.

"Empresa privada".
El proyecto se había planificado en 2005 cuando los empresarios comenzaron a tomar contacto con los funcionarios del entonces gobernador Carlos Verna. Hubo encuentros con quien era el ministro de la Producción, Ricardo Moralejo. "En un principio nos miramos y nos escuchamos con mucha cautela, pero a medida que fuimos intercambiando opiniones empezamos a notar que coincidíamos en filosofía y valores. Nos convencimos que el proyecto era posible", dijo el día de la inauguración de la planta, el empresario Daniel Arroyo. Después agregó: "No duden de que vamos a poner de nuestra parte toda la sabiduría, experiencia, trabajo y seriedad para que el proyecto crezca". Sólo palabras. El frigorífico tuvo un funcionamiento oscilante. En un momento llegó a tener 283 empleados. El plantel se fue reduciendo. Hacia fines de 2009, los trabajadores comenzaron a recibir el telegrama tan temido. Los despidos continuaron en el 2010. Se afirma ahora que quedan 120 personas. Desde el gobierno provincial, el gobernador Oscar Mario Jorge dijo que el tema era "un problema de la empresa privada", aunque admitió contactos entre el Ministerio de la Producción y los propietarios de la firma.
No todo fue apatía. Comerciantes de la ciudad donaron alimentos al grupo de trabajadores, cuyos bolsillos están vacíos. Entidades intermedias comprometieron ayuda, al igual que empleados de otros frigoríficos. Al caer la tarde y bajar la temperatura, los obreros permanecían afuera del establecimiento. Todos dispuestos a pasar otra noche a la intemperie. Quizás, alguien recuerde en alcanzarle una taza de chocolate este 9 de Julio.

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