10 de julio de 2010 07:31 AM
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Creencias arraigadas en el comercio

La restricción que impuso la República Popular China a las importaciones de aceite de soja argentino mereció comentarios con respecto a sus posibles efectos comerciales y a los desafíos de reconversión productiva (biocombustibles). Pero aquí propongo tratarla desde otro ángulo: como expresión de un estilo para encarar las relaciones económicas internacionales.

Tratándose de exportaciones tan significativas y fiscalmente sensibles, ¿cómo es posible que esos límites máximos de residuos no hayan sido preestablecidos de común acuerdo? Y luego ambos países no cuentan con un mecanismo de concertación bilateral para resolver este tipo de problemas? La sobreactuación diplomática puede llegar a encubrir una peligrosa vulnerabilidad. En la economía globalizada es indispensable contar con reglas, criterios y foros con la suficiente operatividad como para regular las relaciones comerciales y económicas. Esta es precisamente la función de los acuerdos de libre comercio (ALC), que se propagan porque suministran dispositivos aptos para la operatoria comercial y económica, incluso mecanismos de concertación permanentes y solución de diferencias entre países. Dos países latinoamericanos (Chile y Perú) ya han celebrado ALC con China, y un tercero (Costa Rica) lo está negociando. Pero es sabido que en la Argentina prevalece otra visión del mundo; se supone que precisamente los vacíos normativos e institucionales otorgan mayor inmunidad frente a las oscilaciones de los mercados. A la luz del entuerto sobre el aceite de soja, quizá comience a cuestionarse semejante creencia. Tal presunción de inmunidad explica ciertas actitudes desaprensivas. Por ejemplo, en distintos encuentros para saldar cuestiones comerciales en el Mercosur, las delegaciones argentinas dejaron traslucir presuntas coincidencias sobre la necesidad de obstaculizar el ingreso a estos mercados de productos de origen chino, con una calificación genérica y prejuiciosa de deslealtad comercial. Si bien los procedimientos antidumping están encuadrados en nuestro país según la normativa multilateral y, por eso, garantizan el derecho de defensa, aquellas insinuaciones pudieron erosionar la credibilidad sobre los procedimientos administrativos. La falta de un paraguas normativo e institucional hará mella en las tratativas bilaterales destinadas a recomponer la corriente comercial afectada. Partiendo de la invocación sanitaria, cabe recordar que las medidas toleradas por la Organización Mundial del Comercio (OMC) pueden sustentarse en evaluaciones de riesgo realizadas por el propio Estado que aplica las medidas con el fin de alcanzar un nivel adecuado de protección y con dos requisitos: tener algún soporte científico y no encubrir restricciones al comercio. En cambio, los ALC típicos van más allá, pues están acompañados o, al menos, contemplan y programan convenios de equivalencia. Pero tampoco dejan de incluir disciplinas y procedimientos de negociación para el caso de adoptarse medidas unilaterales. Y si la decisión de las autoridades chinas obedeciera al incremento de la capacidad productiva interna para la elaboración de aceites, similares o sustitutivos, o bien si tuviera relación con la posibilidad de acceder a mejores proveedores externos, también pesará la carencia de un ALC. En efecto, si el producto en cuestión hubiera sido materia de concesiones en ese hipotético marco, el recorte de transacciones no imputable a la Argentina podría haber justificado la solicitud para negociar compensaciones. Por Marcelo Halperín El autor pertenece al Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata

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