10 de julio de 2010 05:05 AM
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Colombia  –   Hacia un Ministerio de Desarrollo Rural

JUNTO CON EL ANUNCIO DE JUAN CAmilo Restrepo para el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, llegó la ya conocida insignia de la cartera: una verdadera revolución agraria.

Y no es para menos. Hay que cambiar la forma como el país maneja el campo. No sólo porque el crecimiento del sector ha estado estancado desde hace ya una década, sino porque los programas de desarrollo rural son cuasi inexistentes. Los esfuerzos se han concentrado en proteger a la industria agrícola y han terminado por omitir a la población campesina. Se estima que en el país existen alrededor de 738 mil hogares asociados a la agricultura familiar. Esto es, cerca de 3,15 millones de personas, sin contar los desplazados. Todos ellos con una inserción corta e inestable en los mercados laborales y con índices de calidad de vida que no dejan de ser preocupantes.De aquí que sea bien recibida la declaración del futuro ministro, en la que insiste en que su cartera estará orientada al desarrollo rural de la economía campesina, donde se encuentran los mayores índices de pobreza en el país. Ciertamente el campo es mucho más que grandes industrias de exportación. La satisfacción de la demanda interna y las actividades no agrícolas siguen sin ser explotadas. Y es precisamente allí donde ha faltado el apoyo del gobierno. Son necesarios programas de organización que les permitan a los campesinos mejorar sus prácticas y acceder a la comercialización de sus productos. De igual manera se requieren proyectos de inversión en infraestructura, escuelas y salud, que generen oportunidades económicas distintas a las directamente asociadas con el agro.También es fundamental disminuir la concentración de las ayudas. Si bien hay franjas de corrupción que hacen que los más pudientes sean quienes reciban la mayor parte de los subsidios, el real problema es que los más pequeños no cumplen con los requisitos para acceder a ellos. La intención de mantener programas de apoyo al agro es una decisión acertada del nuevo ministerio. Son necesarios sistemas que faciliten y abaraten el crédito, así como ayudas directas. Sin embargo, para que se cumpla el propósito de llegar a la pequeña economía agraria campesina es necesario no sólo proteger el sistema de “avivatos”, sino cambiar los requisitos de las ayudas y hacer que éstas lleguen efectivamente hasta los más necesitados. No se puede esperar que los campesinos lidien solos con la burocracia. Del escándalo desatado con Agro Ingreso Seguro, por lo demás, es preciso sacar algunas enseñanzas.Todos estos retos, insiste el nuevo ministro, en el marco explícito de la coyuntura del posconflicto. Restrepo es claro en que la devolución de tierras no dará más espera. La política de resarcimiento dejará de estar estancada por problemas legales y financieros, insistió anoche. Esta noticia, por supuesto, le genera expectativas  al país, que espera los más altos grados de transparencia en el proceso y un proyecto integral de desarrollo para que los desplazados puedan de hecho rehacer su vida y consolidar su inserción a la economía. Es importante que las tierras no se devuelvan sin programas completos para aprovecharlas. Dejar el campo desarticulado, es abrirle  la puerta  al conflicto.Aunque es larga la lista de tareas, la reorientación de la cartera se presenta como esperanzadora. La llegada de Juan Camilo Restrepo y su énfasis en que el Ministerio de Agricultura es, también, de desarrollo rural, es sin duda una buena noticia. Sus logros, además, deben cruzar las fronteras, ya que es clave para el país restaurar los vínculos comerciales con Venezuela. Se espera, finalmente, que la trayectoria y la experiencia del nuevo ministro le permitan capotear uno de los sectores con mayor concentración de riqueza y mayor influencia en la política.

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