14 de agosto de 2018 03:51 AM
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¿Cuánto tiempo puede estar la leche abierta en la nevera?

La leche es un alimento de consumo diario y un residente habitual en la mayoría de neveras y frigoríficos del planeta. Sin embargo, ¿cuánto tiempo puede permanecer en ese estado? ¿Y qué recipientes favorecen su conservación en frío?

Son muchos los tipos de leche que podemos adquirir en el supermercado para consumo propio. El pasillo de los lácteos está repleto de envases de leche fresca, leche entera, desnatada, semidesnatada, sin lactosa, con omega 3, con fitoesteroles o enriquecida con calcio. Las posibilidades son infinitas y son precisamente esos procesos industriales los que después determinan su método de conservación. No todas las leches se mantienen en perfecto estado durante la refrigeración, al igual que no todos los envases protegen las propiedades nutricionales del producto.

¿Cuánto dura la leche abierta en el frigorífico? Esta cuestión es de suma importancia, pues beber leche en mal estado puede desarrollar una intoxicación alimentaria por bacterias insalubres. A su vez, esta dolencia puede desencadenar episodios de diarrea, fiebre, calambres estomacales, náuseas o problemas en el sistema inmunológico. Para evitar dichas repercusiones, debes tener en cuenta el tiempo de conservación de la leche con el envase abierto. ¡Toma nota!

¿Cuánto dura cada tipo de leche?

Foto: iStock.
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“El mejor sistema, y prácticamente el único, de almacenar y conservar la leche en la granja desde el ordeño hasta la recogida por las cisternas de la industria láctea consiste en enfriarla a una temperatura suficientemente baja y durante un tiempo limitado”, asegura el profesor e ingeniero agrónomo Antonio Callejo Ramos para el temario de la Universidad Politécnica de Madrid. La eficacia de este proceso de enfriamiento depende también de una serie de factores, como la contaminación inicial, la temperatura de conservación, el periodo de almacenamiento o la velocidad de enfriamiento.

Bajo esta premisa, Callejo recomienda enfriar la leche a una temperatura constante de entre 3ºC y 4ºC para retrasar el crecimiento de los gérmenes. Si el producto desciende de dicho intervalo, puede dar lugar a fenómenos de congelación que deben ser evitados a toda costa, además de alterar la composición y la calidad de la leche. Por otro lado, “cuanto más largo es el periodo de almacenamiento, mayor es el crecimiento bacteriano”, mientras que “la velocidad del enfriamiento inicial de la leche es otro de los factores que influyen en el número total de gérmenes, ya que no es lo mismo un enfriamiento prácticamente instantáneo que uno de mayor duración”, añade el profesor.

Como ya hemos visto anteriormente, el tiempo óptimo de conservación depende principalmente del proceso de calor que ha recibido la leche antes de su comercialización. Por ejemplo, la leche esterilizada, que se somete hasta un máximo de 120ºC durante 20 segundos para destruir todos los microorganismos, aguanta seis meses sin abrir en perfecto estado. Pero ¿qué ocurre cuando el envase ya está abierto?

  • Pasteurización. Este procedimiento, que consiste en someter la leche a una temperatura aproximada de 80ºC durante unos 15 segundos, no da como resultado “un producto de larga duración, por lo que debe mantenerse a temperaturas de refrigeración y consumir en un plazo de dos a tres días. Se comercializa como leche fresca del día”, explican desde el Laboratorio Fermi de calidad, inocuidad y seguridad alimentaria.
  • Leche esterilizada. Al ser un tratamiento mucho más intenso, la leche presenta una estabilidad y capacidad de conservación adicionales. Una vez abierto el envase, el producto deberá consumirse antes de seis días en condiciones de refrigeración.

Cuanto más largo es el periodo de almacenamiento, mayor es el crecimiento bacteriano

  • Leche UHT. En este caso, la leche es sometida a temperaturas superiores a los 100ºC durante tres o cuatro segundos para después enfriarse rápidamente. Este cambio drástico de temperatura permite conservar las cualidades nutritivas casi en su totalidad, además de eliminar la presencia de microorganismos. Al igual que la anterior, esta leche debe guardarse en la nevera un máximo de cuatro a seis días.
  • Leche evaporada. “Es el resultado de una deshidratación parcial. La conservación se asegura mediante la esterilización, un tratamiento térmico a altas temperaturas que posibilita un producto estable con un largo periodo de conservación”, añaden. Sin embargo, una vez abierto el envase, debe permanecer en un lugar fresco y ajeno a la luz no más de cuatro días.

Además de seguir estas pautas de conservación, la leche en mal estado comienza a dar señales de descomposición visibles para cualquier persona. En primer lugar, aparecen un olor y un sabor nauseabundos, que después van acompañados de una textura inusual, un color amarillento o la separación de la leche en residuos sólidos dentro. Si esto ocurre una vez traspasado el tiempo recomendado, debes tirar la leche a la basura de inmediato.

La importancia del envase

Foto: iStock.
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Aunque la temperatura y el tiempo sean dos factores clave para conservar mejor las propiedades nutricionales de la leche, el envase también juega un papel fundamental en el proceso. El cartón, el plástico o el vidrio que normalmente protegen el producto se encargan también de mantener una higiene adecuada, custodiar los nutrientes y el sabor o reducir al máximo el desgaste, muy sensible a la luz y el oxígeno. No obstante, ¿cuál es el material más recomendado para potenciar dichas funciones?

Todo el mundo conoce los problemas que actualmente generan los envases de plástico, una de las alternativas más criticadas tanto por los consumidores como por los expertos en la materia. A su vez, los materiales inertes como el vidrio o la cerámica han demostrado una capacidad innata para no alterar el olor o el sabor de los ingredientes, además de prolongar la vida útil de los mismos gracias a su hermetismo. Eso sí, es muy importante dejar la leche en su envase original siempre que sea posible, además de mantenerlo cerrado para no contaminarla con los olores o los residuos de otros alimentos.

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