27 de agosto de 2018 11:58 AM
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Lo que la soja enseña sobre la guerra de aranceles global

Los movimientos y conflictos que se sucedieron ante la suba de impuestos a la oleaginosa ofrece indicios de lo que puede suceder si se interrumpen otras cadenas de suministro

Alan Blinder, un reconocido profesor de economía de Princeton y ex vicepresidente de la Reserva Federal de EE.UU., hace poco se encontró admitiendo que tiene un nuevo hobby: la soja.

“Yo nunca supe mucho sobre la soja”, confesó el profesor Blinder durante un congreso de economía en Aspen esta semana, mientras presentaba sus últimas proyecciones. “Pero ahora quiero saber más. ¡Quién se lo hubiera imaginado!”.

No muchos. Los legisladores occidentales e ilustres economistas prácticamente han ignorado al grano, creyendo que es un cultivo agrícola más bien aburrido. Yo nunca le presté demasiada atención a la soja, la asociaba con platos hippies y con el tofu. Pero el mes pasado, el gobierno estadounidense publicó cifras que mostraban que las exportaciones del país habían aumentado durante el segundo trimestre de este año, lo que había elevo la tasa anualizada de crecimiento del producto interno bruto (PBI) a un sólido 4,1%. Parte de la razón se debió a la humilde soja.

Cómo será que cuando el gobierno chino declaró a principios de este año que impondría aranceles de 25% a las importaciones de soja, en medio de la creciente guerra comercial, los agricultores estadounidenses se apresuraron a entregarle grandes cantidades de la oleaginosa a China, y a otros mercados, antes de que entraran en vigencia las sanciones.

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Esto produjo niveles récord de exportaciones de soja en mayo y aumentó las cifras del PBI. Algunos economistas, como Jeffrey Dorfman, un profesor de la Universidad de Georgia, piensan que el impacto general no fue significativo; otros, como Ian Shepherdson de la consultora Pantheon Macroeconomics, sugieren que es probable que las ventas de soja hayan impulsado el crecimiento del PBI en hasta 0,6 puntos porcentuales. De cualquier manera, una cosa ahora ha quedado clara: ya nadie ignora la soja.

La saga de la soja da mucho que pensar por varias razones. En primer lugar, representa un oportuno recordatorio de que no todo lo que importa en el mundo moderno está relacionado con la tecnología digital o con el ciberespacio; a veces son las cosas tradicionales a las que debemos prestarles atención, antes de que nos hagan trastabillar.

En segundo lugar, ya era hora de que prestáramos mucha más atención al rol que recientemente ha tenido la soja en el escenario geopolítico, incluso antes de que estas últimas sanciones se implementaran. Durante la década pasada, mientras la mayoría de los expertos se obsesionaban con el ciberespacio, sucedían cosas bastante excepcionales -en gran parte desapercibidas- en el ámbito de la agricultura.

El mundo agrícola desde hace tiempo es consciente de que la soja es tan rica en proteínas que no sólo se puede usar como alimento para los humanos, sino que también se puede triturar para producir un alimento perfecto para animales. Debido a que los consumidores asiáticos se han enriquecido en los últimos años, actualmente comen mucho más pollo y cerdo. Y, en las granjas familiares chinas donde solían alimentar a sus animales con sobras de la cocina, ahora se recurre a la harina de soja para engordar a esos pollos y cerdos. Los agricultores brasileños y los estadounidenses se apuraron en abastecer a esta nueva fuente de demanda de soja. Como resultado, se ha convertido en el cultivo de más rápido crecimiento en el mundo. Esta primavera, la superficie sembrada con soja eclipsó la plantada con maíz y se convirtió en el mayor cultivo de EE.UU. Ésta es precisamente la razón por la que los chinos se han enfocado en la soja: ellos saben que los aranceles afectarán a los agricultores estadounidenses en donde realmente les duele.

En tercer lugar, esto demuestra lo extremadamente difícil que es para los economistas predecir las ramificaciones de las guerras comerciales. Un factor es que hubo pocas guerras comerciales importantes en el pasado reciente para contar con datos de referencia; la última vez que se produjo guerra comercial global verdaderamente significativa fue en la década de 1930.

En cualquier caso, no se puede pronosticar el impacto de una guerra comercial considerando sólo los números macro; también es necesario analizar detenidamente las entrelazadas cadenas de suministro. Los economistas de alto nivel en general no pasan mucho tiempo con los modestos administradores de cadenas de abastecimiento, las cuales además tienden a ser confusas y complejas. Predecir el impacto de los aranceles es, por lo tanto, extremadamente difícil.

La teoría macroeconómica podría indicar que, a medida que China le impone aranceles a la soja estadounidense, las empresas chinas responderán comprándole granos a Brasil, y los agricultores norteamericanos redirigirán sus exportaciones a nuevos mercados. El secretario de Comercio de EE.UU., Wilbur Ross, está tan seguro de que este feliz escenario se cumplirá, que insiste en que el impacto global de los aranceles a la soja será relativamente insignificante.

Sin embargo, la cadena de suministro nos dice algo diferente. Los agricultores aseguran que será difícil cambiar sus cadenas de venta en la manera que los economistas predicen, razón por la cual hubo una avalancha de ventas anteriores a entrada en vigencia de los aranceles. De ahí el desacuerdo entre los economistas sobre si los gravámenes a la soja realmente están afectando el PBI, y sobre lo que sucederá durante los próximos meses.

Esto es preocupante. Lo que ocurre con la soja podría proporcionar una perspectiva de lo que podría suceder si la guerra comercial se intensificara y comenzara a interrumpir docenas de complejas cadenas de abastecimiento. En el comercio, como en las finanzas hace una década, el desafío está en que estamos lidiando con interconexiones y vulnerabilidades que solamente comprendemos a medias, en donde cualquier shock podría provocar todo tipo de consecuencias inesperadas.

O, para decirlo de otra manera, lo que la humilde soja ha demostrado es que nuestra economía está entrelazada en gran medida y de maneras que normalmente ignoramos hasta que algo sale mal.

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