15 de julio de 2010 20:20 PM
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Una cuestión de carne

Quizá nunca el Gobierno se detuvo a pensar que su ensañamiento con el campo, que no surgió en 2008, sino que viene desde el inicio de la gestión del anterior presidente, esposo de la actual, iba a afectar tanto a la economía nacional, e incluso al propio bolsillo Ejecutivo.

Hoy el país enfrenta el pico de la crisis cárnica, tan anunciada por las entidades, tan denostada por el oficialismo, pero tan real que con la velocidad de un parpadeo redujo en más de 20 kilos el consumo per cápita de bovinos en el país más carnívoro.La falta de stock, que se fue carcomiendo a medida que las malas decisiones mostraban avances, los malos precios, recién recuperado en los últimos meses; y la sequía o la inundación desbastaron a la producción.La problemática no pudo evitar el círculo exportador, cerró una fase de Cuota Hilton con el incumplimiento en el envío a la Unión Europea de casi la mitad de un total de 28 mil toneladas, hiriendo severamente a productores y frigoríficos por igual, que además de dinero, vieron irse la credibilidad de los compradores más importantes, con el cumplimiento de los caprichos gubernamentales. Desde 1979 se venía cumpliendo con un cupo asignado, con mayor o menor dificultad, pero esta vez puede costar una sanción por no cumplir con los pedidos, simplemente porque así lo quiso Guillermo Moreno, demorando la distribución del cupo entre los frigoríficos, poniendo montos de garantía, a sabiendas que sus demoras iban a complicar a todos los encargados de salir a repartir la carne por el viejo continente. Se perdieron 12.500 dólares por tonelada, más de 150 millones en la industria, muchos empleos están al borde del abismo y la gestión Ejecutiva nacional sigue sin aprender que a la producción no se la maneja como un kiosco, que es más complejo, que toma mucho tiempo desarrollar un animal y que no todo es un caramelo para reemplazar algunos centavos de vuelto, sino que en cada operación se juega el futuro de un sector esencial para el país, para su economía y para su estructura social. La falta de apertura y de criterio oficial siguen siendo la base de todos los conflictos productivos.

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