16 de julio de 2010 13:20 PM
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Vinos argentinos exóticos y súper exclusivos: cuáles son y qué bodegas se destacan

La concentración que hay en el negocio del vino en la Argentina al hablar de variedades, según Javier Merino, gerente de la consultora Area del Vino, "es brutal".

No es para menos: según el experto, el 70% de lo que exporta la Argentina está en manos de apenas 10 varietales. El 30% restante se reparte, mayormente, entre los blends. De este modo, una pequeñísima porción queda en manos de las cepas menos difundidas.
“En la Argentina, un vino exótico es toda una rareza”, disparó Merino.

En efecto, detrás de la “fiebre” desatada por el Malbec mendocino, el posicionamiento del Cabernet Sauvignon y la personalidad y el reconocimiento del Torrontés -la cepa nacional por excelencia-, hay una amplia gama de variedades que, si bien pesan poco en los grandes números de la industria, le dan un sello de exclusividad que cautiva tanto a expertos como a aquellos que recién se inician en el mundo del vino.

¿Por qué apostar por lo exótico? Según Merino, “los bodegueros que elaboran estos vinos son los apasionados por la investigación y apuntan a este nicho más por una cuestión de gustos que por el negocio en sí”.

“En el mundo vitivinícola las variedades que mandan a nivel global son diez, no más que eso. Por lo tanto, esta tendencia de las variedades exóticas la podemos ver como un juego de seducción de las bodegas hacia sus seguidores”, destacó Merino.

Para el experto, “las bodegas argentinas están haciendo cada vez más experimentos, pero que estos vinos salten a la comercialización masiva es un proceso difícil”.

Al respecto, Merino recalcó que no todos los jugadores están en condiciones de ofrecer este tipo de productos al mercado: “Este nicho tiene algunas características similares a las de los ícono y es que no los puede elaborar y vender cualquier bodega. Lo exótico no es para jugadores desconocidos o sin trayectoria en la industria, tienen que tener sustento en la marca”.

Lo más exótico y exclusivo
A la hora de analizar las variedades más desconocidas en la Argentina, una de las bodegas que picó en punta fue Viña Alicia, regenteada por Rodrigo Arizu, un apellido de alta alcurnia en el negocio vitivinícola.

En efecto, Rodrigo forma parte de una de las familias más tradicionales de esta industria en la Argentina. Es hijo del destacado winemaker Alberto Arizu, quien supo posicionar a la tradicional bodega Luigi Bosca entre las marcas más reconocidas y prestigiosas del país.

La bodega Viña Alicia, ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza, apunta a alumbrar vinos de colección y, según cuenta el propio director, comenzó siendo "un capricho" de su padre.

"Nuestra familia apuntó a hacer vinos particulares. Mi padre siempre quiso innovar en el negocio. De hecho, Viña Alicia nace de unos experimentos hace 25 años cuando, a la par de su actividad en Luigi Bosca, trabajaba con microvinificaciones con diversas variedades. Era su capricho", explicó.

“Desde siempre, la idea que tuvimos fue trabajar el Malbec, que todavía es una variedad que tiene mucho para ofrecer. Pero a la vez nuestro plan siempre fue hacer otro tipo de vinos, exóticos, únicos, para tratar de separarnos de la tradicionalidad vínica de la Argentina”, sostuvo Rodrigo Arizu.

Una de las "rarezas" de esta bodega es un Nebbiolo, un tinto que está elaborado a partir de tres clones diferentes traídos de distintas áreas del Piamonte italiano.

La producción de esta variedad es súper exclusiva: apenas ven la luz unas 3.000 botellas anuales. Además, Arizu asegura que son uno de los pocos en todo el mundo, fuera de Italia, en trabajar esta uva como varietal y que cuentan con numerosas distinciones, como el reconocimiento del “gurú” Robert Parker, quien lo eligió como el mejor Nebbiolo del planeta en su categoría.

Ahora, ¿qué características tiene este vino? Según Arizu, la variedad argentina es completamente diferente a la que se elabora en su Italia natal.

“Por el clima, en Europa se cosechan las uvas verdes, tienen más acidez y necesitan más tiempo en barrica para redondearlos. En cambio, gracias a nuestro clima, logramos cosecharlas con una madurez increíble”, se entusiasmó el bodeguero.

Arizu agregó que se trata de un vino de color oscuro, bien corpulento, muy tánico, con notas de fruta madura, como frambuesas, además de rosas. Destacó que es ideal para guardarlo hasta 10 años para que evolucione.

Si bien algunas botellas quedan en el país, el empresario sostuvo que “es el vino que menos vendemos en la Argentina”. Al momento de buscar las causas, sostuvo que “muy poca gente tiene conocimiento de esta variedad y si lo conoce, es porque seguro probó el italiano, y no el nacional, que es mucho más sofisticado gracias a que tenemos un terroir diferente”.

La bodega también produce el Tiara, un blend elaborado a partir de Albariño, Riesling y Savagnin. Se trata de una partida que, anualmente, alcanza las 2.000 botellas.

“Somos los únicos que producimos y comercializamos vinos con esta última variedad”, destacó Arizu, quien explicó que “tenemos porciones muy pequeñas de nuestros viñedos destinados a estas uvas y, como no es fácil hacer vinos blancos en Mendoza, por el clima, nos demoramos muchos años en lograr la calidad que buscábamos”.

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