16 de julio de 2010 23:25 PM
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Mal que le pese, el campo tiene que prepararse para otra batalla  (Susana Merlo)

Los conflictos agropecuarios siempre coinciden con los tiempos de sequía, porque es cuando los productores se encuentran ociosos. Cuando desapareció la sequía, Néstor Kirchner se quitó esa tensión de encima, y los perezosos dirigentes de la Mesa de Enlace pudieron simular que realizaban grandes negociaciones con el ministro Julián Domínguez -que nunca alcanzan resultados-. Pero el esquema no está funcionando, y va de mal en peor para los productores que no pueden emigrar a Uruguay o Paraguay o Brasil.

Nuevamente, en otra inesperada vuelta de tuerca de las habituales en este Gobierno, una terna de funcionarios de alto rango (Amado Boudou-Economía; Débora Giorgi-Industria; Guillermo Moreno-Comercio), informaron a la cúpula de la Unión Industrial Argentina que es decisión de este Gobierno profundizar "la política de sustitución de importaciones". El tema, probablemente música para los oídos de algún octogenario nostálgico sería, sin embargo, gravísimo para el país si, efectivamente, esa fuera la decisión del Gobierno y, además, si la pudiera llevar adelante. No hay que ir demasiado lejos para ver cuales serían los efectos: ni siquiera la visita presidencial a China logró destrabar el conflicto generado por las restricciones que impuso el Gobierno local a las compras de juguetes, textiles y calzados de origen asiático, que fueron contestadas con la inmediata cancelación de las compras de aceite de soja argentino. Lo más grave del caso, es que este producto constituye el principal rubro de exportación de nuestro país, por alrededor de US$ 5.000 millones anuales, y justamente China es el principal comprador del mundo. Se podrá sostener que el ‘castigo’ asiático fue exagerado, y tal vez se tenga razón, pero… Otro intento, que aún no se sabe que impacto negativo tendrá, fue la puesta en marcha (aunque sin orden escrita) de las restricciones a las importaciones de alimentos.  El punto es que se compran productos por alrededor de US$ 1.000 millones anuales, pero se exportan alimentos por más de US$ 22.000 millones… ¿Tiene lógica, entonces, poner en riesgo semejante volumen de ventas? El tema que estos funcionarios no explican es que en términos internacionales, una medida de restricción unilateral, es contestada inmediatamente con una retaliación, o sea, un castigo preferentemente de igual magnitud o mayor (por eso, la suspensión de las compras de aceite por parte de los chinos). ¿Y dónde podrían "pegar" los países que se sintieran afectados por la "sustitución de importaciones" de Argentina? Naturalmente, en el rubro más fuerte, donde el impacto sea mayor, y ese es, justamente, el rubro de alimentos y agroindustrial que justifica por si mismo, más del 50% de las ventas argentinas al exterior. ¿O alguien cree que se frenarían las ventas de bicicletas, heladeras o computadoras de Tierra del Fuego que, salvo algún vecino del Mercosur, nadie demanda? Entonces, > ¿el campovolverá a ser la variable de ajuste de las políticas oficiales?, > ¿o el interior es el laboratorio de ensayo de los nostálgicos? Ante la alarma, surgen voces más cautas que hablan de los acuerdos multilaterales, como el del Mercosur, o la misma OMC (Organización Mundial de Comercio), que "impedirían" una acción de esta naturaleza. Otros, pragmáticos, sostienen que no es freno suficiente para la Administración K. Y entonces surgen otras dudas más alentadoras: > ¿puede la industria nacional hacerse cargo de las importaciones que se sustituirían?; > ¿cómo se financia semejante transformación?; > ¿dónde están los capitales para estas inversiones? Se sabe que el extremo de la protección a un sector es, justamente, la sustitución de importaciones pero, ¿cómo se equilibran los ingresos fiscales si no se exporta (por castigo externo), y tampoco se importa (por decisión propia)? Otro aspecto a considerar es que, con un tipo de cambio que está determinando que las importaciones crezcan mucho más que las exportaciones, y que se prevé que en el 2do. semestre será similar (según muchos analistas, porque el tipo de cambio estaría atrasado por la inflación), una política de este tipo sólo agudizaría el aumento de los precios internos, retroalimentando una situación que, en casos anteriores, siempre terminó en bruscas alteraciones del tipo de cambio.
 
¿Puede ser que este sea entonces, el objetivo?

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