16 de julio de 2010 04:08 AM
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Llueve sopa, pero sólo hay tenedores

Más allá de algún problema de la coyuntura, como la crisis en la zona del euro, la tendencia de la demanda mundial de carnes es ascendente

La economía ganadera emitió esta semana varias luces amarillas; algunas viraron al rojo, con más cierres de plantas (se agregó una de Mattievich en la zona de Rosario). En la prensa se hizo notar la presión de la Federación Gremial de la Carne frente a los corrales del mercado de Liniers, para que se haga efectivo el pago de subsidios a los operarios.Y los frigoríficos exportadores golpearon a la puerta de Guillermo Moreno (quien sería citado a la Cámara de Diputados) para renegociar las "baratas" que van a los supermercados y, simultáneamente, destrabar permisos de exportación. Esto último, a pesar de que el club de exportadores (ABC) alertó sobre una abrupta caída de los precios internacionales que comienza a mellarles la competitividad.En una postura que no es común, porque tiene línea abierta con el secretario de Comercio Interior -principal interlocutor del Gobierno- el selecto grupo salió con un pronunciamiento público. Advirtió sobre la grave crisis que atraviesa el sector, en virtud de las sensibles bajas de precios ocurridos en el mercado internacional de carnes, y las consecuencias que esta situación producirá en los frigoríficos exportadores.Sin una mención directa, las retenciones del 15 por ciento comienzan a pesar sobre la actividad. Pero, conociendo que éste es un tema difícil y sensible para el Gobierno, los empresarios de ABC prefirieron hacer un rodeo para decirlo con otras palabras: la cuota de cortes de alta calidad Hilton, que se comercializaba a 16.500 dólares la tonelada, se vende hoy a 12 mil dólares, y los mercados volumétricos como Rusia compran la rueda a un valor de 3.900 dólares, cuando antes lo hacían a 4.400, explicaron. Y dieron más ejemplos: los cortes más baratos (aguja y paleta) pasaron de 3.700 a 3.200 dólares y el mercado chileno retrocedió de 5.500 a 4.700 dólares la tonelada.En la mesa "de emergencia" que convocó el Gobierno, los exportadores buscarán negociar una flexibilización de los precios regulados.Los productores -que se encontraron con un veranillo de precios que lleva unos siete meses- vuelven a estar frente a una película ya vista: la mejora de valores no obedece a que, por fin, la Argentina está entre los grandes proveedores mundiales de proteínas rojas, cada vez más demandadas por los cambios de hábito en el consumo y mejoras en la calidad de vida de las regiones más habitadas del planeta (caso China o la India, entre otros).El salto de precios tiene más bien que ver con un asunto interno: la fenomenal crisis de escasez. El desbarranque del stock ganadero, que lleva varias décadas y que se agudizó en los últimos tiempos está pasando sus facturas. La tendencia del mercado mundial es demandante (más allá de lo coyuntural, como la actual crisis en la zona del euro) y los precios ganaderos están en franca recuperación, pero las vacas no están. A los productores y al resto de la cadena, entonces, les calza el viejo refrán popular: llueve sopa, pero a mano sólo hay tenedores.

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