17 de julio de 2010 09:11 AM
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El futuro del agro colombiano

El Gobierno entrante habla del sector agropecuario como una de las locomotoras del desarrollo y para nada está equivocado. Esa locomotora es la que puede generar transformación real al país.

Por razones personales, que mis amigos y lectores sabrán entender y perdonar, me vi obligada hace más de un año a dejar este espacio que generosamente PORTAFOLIO siempre ha guardado para mí. Hoy, retomo mi columna en un muy buen momento, no sólo porque soy una convencida de nuestro país y de mi pasión por los actores que creen en el campo colombiano, sino porque estamos finalizando un Gobierno que dio un vuelco al campo colombiano. Permitió que volviéramos a entrar al campo, que se iniciara el retorno de los campesinos a sus tierras y triplicó el presupuesto que se tenía para el agro colombiano a través de incentivos propicios para productores, transformadores y exportadores.

Quiero compartir con ustedes mi visión del campo. Creo en lo que he visto y vivido: más de 25.000 productores beneficiados por nuestra estrategia de cara a la reconversión del agro, con esquemas demostrativos de eficiencia y rentabilidad, con disminución de la pobreza y mejora en la calidad de vida de los productores.

La experiencia nos ha mostrado que hay que pensar en los pequeños productores y en la población vulnerable que requiere de la atención inmediata con generación de ingresos. Hemos desarrollado ya más de 14.000 hectáreas de producción con mercados asegurados en el país y en el mercado externo. Esta población no puede desarrollar programas de manera individual, sino mediante núcleos productivos de volumen y calidad para atender el mercado.

El Gobierno entrante habla del sector agropecuario como una de las locomotoras del desarrollo y para nada está equivocado. Esa locomotora es la que puede generar transformación real al país. El área rural ha sido zona de desempleo y escenario de múltiples conflictos, entre ellos, el armado. Al mismo tiempo es la fuente más importante de recursos de cualquier nación como la nuestra. Es así como debemos continuar el trabajo que se ha realizado.

Debemos aumentar el área de cultivo con los productos alimenticios que demanda el mundo entero. Enfrentamos hoy el reto de incrementar alrededor de 5 millones de hectáreas en producción agrícola actual, teniendo al frente más de 20 millones de zonas aptas para cultivar. Debemos estimular la transformación de productos con valor agregado que no sufran de restricciones de acceso en los mercados externos y sí gocen de gran demanda, productos que sólo pueden producirse en el trópico. Debemos pensar en commodities que ya cuenten con un mercado claro. Debemos trabajar con procesos agrícolas, en donde las prácticas culturales se acompañen con procesos de buenas prácticas agrícolas, donde se estimule la producción limpia, donde el trabajador cuente con competencias laborales respetando su salario con prestaciones sociales que le permitan acceder a un ingreso superior a un salario mínimo sin descuidar su pensión y salud. Procesos, en fin, que inviten a trabajar en esquemas productivos rentables.

Me complace ver que se le preste toda la atención que merece el sector agropecuario. Para pensar en los pequeños productores hayque proyectarlos en grande, encadenarlos en los eslabones de producción y distribución desde el campo hasta la casa y la mesa. Debemos también seguir apoyando a los grandes productores.

Sólo pensando en el agro en grande es cómo podemos dinamizar la economía del país y generar empleo. Esto no se hace con parcelitas demostrativas. Esto se logra con núcleos productivos de gran impacto, en donde los pequeños y los grandes sean actores fundamentales. Núcleos a los que se incorporen los productores de insumos y materias primas, donde la maquinaria agrícola, la tecnificación y el uso de la investigación aplicada transfieran y adapten la tecnología permitiendo alcanzar altos niveles de competitividad.

Lo anterior debe estar enfocado a un esquema de sostenibilidad. Ya hemos vivido el fracaso de programas que pintan muy bien, pero a mediano plazo no son sostenibles. Nuestra experiencia nos enseña que los modelos demostrativos requieren de todos los factores de producción, proceso, y comercialización, acompañados de programas de responsabilidad social, porque lo más importante es la gente y sus beneficios.

La experiencia que hemos tenido con la CCI en los departamentos de Antioquia, La Guajira, Cundinamarca, Tolima, Caldas y Cauca es espectacular.

En zonas que anteriormente eran de conflicto hemos vinculado campesinos, indígenas, desplazados, reinsertados y empresarios de todos los tamaños. Así se demuestra la viabilidad de este tipo de desarrollo. No estamos para inventarnos la rueda; ya la experiencia la tenemos y es así como en la Corporación Colombia Internacional (CCI), ente mixto que integra la Política del Estado y empresas privadas, hemos logrado ser ejecutores de políticas públicas, donde nuestro interés es el campo próspero. Como dice nuestro eslogan, buscamos Sembrar a Colombia por el Mundo y lo estamos logrando.

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