20 de julio de 2010 07:27 AM
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Uruguay y el precio de la carne

Como todos los años al llegar esta época, el precio de la carne al público ocupa titulares en los diarios, porque desgraciadamente es casi un asunto de Estado, cuando no debería serlo.

El Ministro de Ganadería, en un giro simpático y novedoso del tema señaló que nunca vio que los árabes se pusieran tristes cuando sube el petróleo. Y tiene razón. No obstante, trascendieron las preocupaciones de otros miembros del gobierno que sí incluyeron algunos puntos dignos de ser subrayados, como por ejemplo volver a reiterar la costumbre, comenzada en la administración anterior, de influir en los mercados a fuerza de presiones y no de la norma jurídica. EL PRECIO. No hay ningún otro precio de la economía sobre el que se informe más que el de la carne. Diariamente en todos los medios de prensa se difunden valores de ganados, aquí y en la región, de la carne, de los subproductos. Y si se apela a internet existe una amplia gama de sitios donde buscar información de precios de la cadena cárnica, de existencias bovinas, de actividad por empresa, de exportaciones, etc. Además, el número de operadores, la posibilidad de exportar ganado en pie, y de realizar casi que cualquier operación, aseguran una razonable transparencia en la formación de precios. Por otra parte, el actor más grande en la demanda de ganado alcanza apenas al 25% de ella, un porcentaje mucho menor al que ocurre por ejemplo en la leche, el arroz, el trigo, el girasol, la soja, la cebada, la caña de azúcar, el pollo y muchos más fuera del agro. Por si fuera poco, el Ministerio de Economía en la administración anterior a través de su dirección encargada de velar por el consumidor asegurando la competencia, desarrolló dos trabajos de calidad técnica muy pobre, en particular el último, que no lograron poner en evidencia ni irregularidades en la demanda de los frigoríficos, ni en nada. El último trabajo tomaba por ejemplo precios sin corregir por cambios en el régimen tributario de exportación y de ventas en el mercado interno, entre otros errores. Asimismo este opúsculo se perdió la oportunidad de evaluar cuánto supuso de pérdidas para el ganadero, el costo del llamado "asado del Pepe" que obviamente no fue gratuito. En este caso de los aumentos recientes lo que ha existido según los carniceros es un aumento de un 10% en el precio al público, algo totalmente coincidente con lo ocurrido con los precios de exportación, y en especial con la escasez de la oferta, solo posible hoy a partir de ganados a los que se les ha gastado mucho en alimentación especial. Es curioso, pero la alarma sobre las subas de precios en general la promueven los carniceros, que deberían entender mejor que nadie cómo se forma el precio, cuál es la influencia del mercado internacional, del volumen de la oferta, del tipo de cambio. INSÓLITO. Pero además hay un tema que me resulta insólito. El gobierno, preocupado por un retraso cambiario por él acentuado, resuelve cambiar su política monetaria y deja de ofrecer títulos de deuda muy rentables en pesos para retirar liquidez en esa moneda, y de esta forma ayudar a aumentar el tipo de cambio. La medida, exitosa hasta ahora, ha supuesto una devaluación de algo así como el 10%, cifra que coincide con el aumento de la carne en pesos. De manera que por un lado se desea que el dólar suba, pero por otro que esto no cambie el precio de un bien absolutamente transable como la carne, que se fija de acuerdo a lo que vale en el mundo, con el que arbitra perfectamente. Más allá de cualquier consideración y recordando a los árabes y el petróleo, si la carne sube, el gobierno debería asegurarse que ocurre, como en este caso, por razones de mercado, antes de aplicar la "comisión de cultura", como calificaba un legendario dirigente del fútbol a la presión física. Y analizar si otras fuentes de proteína y otros alimentos no están encarecidos por razones que sí maneja el gobierno: el pollo, el vino, la papa, el azúcar, el aceite, el combustible. En todos estos alimentos hay sobreprecios que paga el consumidor a causa de políticas públicas, y es en ellos en los que se deberían cargar las tintas. Otra curiosidad: el gobierno desea la competencia, pero cuando hay un precio que no le gusta, estimula la colusión de los agentes económicos, que no otra cosa es un acuerdo entre frigoríficos y carniceros. Dicho sea de paso, como la competencia es enorme entre plantas y entre carniceros, es poco probable que estos acuerdos tengan grandes efectos. Es más; si ellos fueran exitosos, esto mismo sería prueba de colusión. Creo sí que tienen un papel momentáneo a jugar; pero como valientemente lo destacó el vicepresidente de INAC, de muy buena actuación en este episodio, son un parche; a este se lo llevará el viento, porque si los fundamentos del aumento son correctos como lo son, en un mercado en competencia por una materia prima escasa, el precio debería subir si afuera sube y si el dólar aumenta. Con un poco de paciencia los precios deberán ir retomando otros niveles, y si así no ocurre, como de modo excelente lo señala el vicepresidente de INAC, "habrá que comenzar a sustituir dentro del abasto carne roja por ave y cerdo, porque habrá una muy buena exportación de cortes bovinos". REGLAS JURÍDICAS. Apagado este chisporroteo que no debería pasar a mayores, no quiero dejar pasar un comentario del Presidente que comparto aunque con reservas. Dijo que el mundo empresarial ha demostrado con categoría que es un instrumento formidable para multiplicar riqueza, pero que al mercado no se lo puede dejar solo, que tiene que haber un Estado fuerte que obligue a una convivencia mesurada. En realidad el mercado no está solo sino sujeto a reglas; ellas son las que hacen de la oferta y la demanda un verdadero mercado. Pero sobre todo, si tiene que haber intervenciones del Estado como seguramente las puede haber, ellas deben derivar de la norma jurídica, nunca de la presión oficial. Esto es inaceptable en un estado de derecho y trastorna la seguridad jurídica, la que no debe verse solo como una condición necesaria para los negocios, sino como un atributo imprescindible del ejercicio de la libertad a secas.El Pais Digital

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