20 de julio de 2010 08:20 AM
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Ojo, retenciones también podrían “congelarse”

No por ola polar sino por caída de facultades delegadas. Pese a los dos años del voto "no positivo" el ruralismo y la oposición no tienen proyecto común. A cinco semanas de caducar las facultades delegadas, las retenciones podrían petrificarse.

El debate sobre los derechos de exportación a la producción agropecuaria tiene a la fecha mucha prensa, decenas de proyectos parlamentarios, centenares de notas de opinión, pero en lo concreto, poco y nada. Sin ánimo de menospreciar el esfuerzo de muchos dirigentes políticos que pasan horas dialogando en mesas de consenso.

Si el tema de las retenciones, catapultado al ámbito nacional hace dos años a partir de la 125, se le aplica la implacable máxima de Perón, “Mejor que decir es hacer”, poco o nada es lo que puede etiquetarse en la categoría de “hechos” que puedan mostrarse.

Visible en el horizonte a partir del voto “no positivo” de hace dos años, la rectificación en el sistema de derechos de exportación fue cobrando la forma de un espejismo para el grueso de los productores. Casi a un tiro de piedra, su eliminación, modificación y/o segmentación, se tornó inalcanzable.

La oposición alimentó esa quimera a partir del 28 de junio de 2009, dio a entender que a partir de diciembre el recambio parlamentario sería suficiente para neutralizar y revertir las políticas implementadas desde el gobierno, incluidas las retenciones. La dirigencia del agro abonó el entusiasmo al bautizarlo casi como el fin de una era (K).

No comprendieron, ni los productores aunque sí lo sabía buena parte de la oposición, que la modificación del régimen de derechos de exportación requería como condición necesaria la unificación de bloques que conforman un mosaico ideológico de difícil conciliación, como lo demuestran las muchas palabras y los escasos hechos.

Un caso práctico de hechos concretos. Entre marzo de 2008 y abril de 2009 –antes de las elecciones parlamentarias– la oposición en su conjunto convocó a doce sesiones especiales que apuntaban tanto a modificar los impuestos a la exportación, una segmentación y la modificación del código aduanero.

Lo más cerca del quórum se produjo en la última convocatoria a la que asistieron 106 diputados (sobre 129 requeridos) ante la presencia de la mesa de enlace y el entrerriano Alfredo De Ángeli que con su presencia empujaban para alcanzar el número necesario.

Aunque la sesión especial fue declarada “fracasada” como las once anteriores, una cierta euforia envolvió a ruralismo y oposición: “En la próxima convocatoria, alcanzamos el número”, prometían los diputados y asentía la dirigencia agropecuaria. Nunca más se reunieron.

Con la derrota electoral del oficialismo para la renovación de la Cámara, y el recambio producido hace ya ocho meses, la matemática parlamentaria daba una rotunda minoría al oficialismo, respetable es cierto, pero que terminaba con la tan mentada “escribanía” gubernamental, como se calificó al Congreso.

El autodenominado grupo A, se alzó con la mayoría de las comisiones parlamentarias tanto en Diputados como en el Senado. En la perspectiva de aquella sesión especial de abril de 2009, una ley para las retenciones se avizoraba como un mero trámite para modificar el régimen.

Pero esto último tampoco sucedió. Ahora el escenario que se plantea es el vencimiento de la prórroga que el mismo Congreso otorgó al Ejecutivo para que continúe aplicando derechos de exportación, entre otras muchas cosas. Esa caducidad se producirá, diríamos que inexorablemente a esta altura, dentro de cinco semanas.

Cuando el 25 de agoto próximo el Parlamento recupere las facultades delegadas que entregó al Ejecutivo, el régimen de retenciones a los granos seguirá siendo el que rige hasta ahora, que es el que diseñaron los Kirchner.

Muchos productores sentirán alivio al saber que el Ejecutivo no podrá implementar modificaciones con alícuotas más altas. Pero también tienen que saber que el gobierno tampoco podrá establecer alícuotas más bajas.

En la práctica, cada vez que se le reclame al Ejecutivo una modificación de retenciones, sencillamente se desentenderá del problema, ante la falta de competencia. En pocas palabras las retenciones quedarán congeladas en lo que son ahora, y el único poder republicano que podrá decidir variaciones al respecto será el Congreso de la Nación.

A partir de ese momento todos los reclamos sobre retenciones comenzarán a pesar en la conciencia de la oposición, y lo que no se modifique, la ausencia de “hechos” que mostrar, será pura y exclusiva responsabilidad del arco anti K.

Para dar respuesta a esas demandas la oposición tiene que acordar un proyecto común, no solamente con la dirigencia del campo que lo bendiga, sino también con el Senado, para que el trámite parlamentario -una vez caídas las facultades delegadas- sea lo suficientemente rápido en ver la luz.

Pero lo cierto es que a la fecha, ni las entidades de la comisión de Enlace, ni la oposición, lograron acordar ese cacareado proyecto común sobre retenciones.

Tiempo no faltó, pasaron unas 130 semanas desde la emisión de la 125 y más de un centenar desde que el presidente del Senado rechazó con su voto el tratamiento de aquella ley.

El tiempo transcurrido no alcanzó para que los interesados lograran ponerse de acuerdo en una de las cerca del centenar de iniciativas presentadas sobre derechos de exportación en ambas Cámaras parlamentarias desde marzo de 2008 hasta ahora.

El riesgo de la oposición, que no excluye a la dirigencia ruralista, es que una vez caídas las facultades delegadas la población en general, y los productores en particular, descubran que los derechos de exportación han quedado petrificados, y lo que es peor sin una ley ni un decreto ni una mera resolución de sello kirchnerista que sirva como chivo expiatorio.

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