28 de noviembre de 2009 07:06 AM
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Domiguez : El balance del primer bimestre

En sus primeros meses en el cargo, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, logró reducir la conflictividad con el agro, pero sin ofrecer soluciones estructurales.

El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, cumplirá este miércoles sus dos primeros meses al frente de la cartera agropecuaria. Desde que llegó al cargo, una silla "caliente" desde antes del estallido del conflicto por las retenciones móviles, el funcionario se reconoce poco conocedor de la temática agrícola-ganadera. El mismo lo admite y a eso se debe su decisión de rodearse de expertos como su viceministro Lorenzo Basso, ex decano de la Facultad de Agronomía de la UBA, y apuesta a sacar al INTA de la esfera eminentemente técnica y darle un rol protagónico en la gestión. Dentro y fuera del gobierno se le reconoce a Domínguez una gran habilidad política. Hacia el interior del kirchnerismo la gestión del ministro ya es percibida como exitosa: logró sacar de la escena pública a la Comisión de Enlace y bajar la "conflictividad" sin hacer ninguna concesión. Es verdad que una agenda política y legislativa cargada también desvió la atención del extenso conflicto rural. Domínguez logró frenar, al menos hasta ahora varias protestas agropecuarias, entre ellas el tractorazo que productores autoconvocados de distintas provincias planeaban realizar este mes frente al Obelisco. El acto que el campo hará el próximo 10 de diciembre en Palermo tampoco lo tiene como destinatario directo. Además, Domínguez -que toda su vida ha trabajado en la administración pública- metió una cuña en el centro del ruralismo al hacer partícipe a la Federación Agraria de la entrega de subsidios a productores afectados por las sequía en el sur bonaerense. Esa jugada abrió una grieta entre los líderes federados y sus pares de la tradicional Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap). El ministro dialoga con todos. Acepta sin dilaciones los pedidos de audiencia, formales o informales. Habla aunque sea para no decir nada. A eso, en la Argentina, suele llamársele "hacer política". Según esa interpretación, el "problema político" que el Gobierno tenía con el agro está en proceso de resolverse. Domínguez recibió a la Comisión de Enlace en varias oportunidades; estuvo con dirigentes de base de las cuatro entidades, con campesinos no representados por el ruralismo tradicional, y hasta el combativo Alfredo De Angeli compartió unas medialunas con él durante la visita que esta semana hizo a Entre Ríos. También reactivó el Consejo Agropecuario Federal (CFA), integrado por los ministros y secretarios de Agricultura o Producción de todas provincias, que ahora se reúnen una vez por mes. Además, Domínguez encontró el tono para relacionarse con el tan poderoso como polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, sin impedir ni cuestionar sus intervenciones. Ante el incumplimiento del acuerdo por el que la exportación se comprometió a pagar el precio lleno del trigo y el maíz, Domínguez no enfrentó a su compañero de gabinete, pero habilitó un formulario de denuncia en la página web del ministerio. El jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, hasta hace dos meses otro hombre fuerte de la política agropecuaria, redujo drásticamente su influencia a partir de las denuncias penales en las que aparece sospechoso de irregularidades en el otorgamiento de subsidios cuando presidió la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca). Domínguez también ha viajado mucho en estos escasos dos meses de gestión: recorrió las zonas afectadas por la sequía -déficit hídrico que en algunas regiones lleva unos tres años-; estuvo en Mendoza para supervisar las obras de un canal de riego financiado por un programa de su cartera; en Santiago del Estero visitó al combativo Movimiento Nacional Campesino Indígena junto al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; en La Pampa, entregó subsidios a productores ganaderos y apícolas, y en Entre Ríos, donde "domesticó" a De Angeli, recorrió las localidades afectadas por las inundaciones. El propio ruralismo, aunque por lo bajo, también le reconoce al ministro una gran habilidad política. Cuesta sacarles a los presidentes de las cuatro entidades críticas directas al funcionario, como las que se escuchaban contra sus antecesores. En eso tal vez influya que los más estrechos colaboradores del funcionario fueron cuadros técnicos del propio establishment ruralista. Para los productores, en cambio, la situación es igual o peor que hace dos meses, cuando el ex secretario de Agricultura y actual asesor de la Cancillería, Carlos Cheppi, comandaba una cartera agropecuaria vaciada de poder. Ahora, como entonces, la suerte de buena parte del negocio agropecuario está atada al valor de la soja, que parece haber retomado la senda ascendente. La agenda de pendientes del campo, tan extensa como antigua, sigue esperando tratamiento: Esquema impositivo: las retenciones, que fueron eje del reclamo agropecuario durante mucho tiempo, quedaron en el freezer. Las alícuotas siguen en los niveles en los que las dejó el ex presidente Néstor Kirchner a finales de 2007. Ni siquiera se modificaron para los cultivos que -según escala y ubicación del productor- no tienen rentabilidad, como el trigo y el girasol.  Comercialización de granos y carne: la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) sigue administrando el comercio de granos, carnes y derivados. Se mantienen vigentes los cupos de exportaciones y los permisos de embarque, aunque es cierto que -a diferencia de lo ocurrido meses atrás- se otorgan con relativa normalidad. En ese contexto, se "liberaron" 3 millones de toneladas de maíz y 2 millones de trigo.  Emergencia agropecuaria: la ley de emergencia y desastre agropecuario, cuyo dato saliente es la previsión de un fondo de "al menos" 500 millones de pesos, se reglamentó a medias (mediante un decreto curioso en el que varios artículos rezan la leyenda "sin reglamentar"). Hasta que el nuevo marco legal se ponga en marcha, el ministro hace como sus antecesores: reparte cheques en las zonas más castigadas de la misma forma como en el conurbano más pobre se ofrecen bolsones de comida.  Anuncios vacíos: nada más se ha dicho sobre los numerosos anuncios que hizo la presidenta Cristina Kirchner sobre el campo, que van desde la construcción de megafeedlots para el engorde de terneros "overos" de tambo, pasando por los planes Trigo Plus y Maíz Plus, y los reintegros de fletes para pequeños productores, entre otras cosas.  La crisis de la ganadería: aunque las exportaciones vuelven a mostrar vitalidad, el proceso de liquidación de vientres que ya lleva tres años podría pinchar ese globo y empezar a sentirse la escasez de hacienda gorda. Hasta el momento, más allá de cierta mejora en los precios de los vacunos (en otro tiempo, controlados férreamente por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno), no se han tomado medidas concretas.  Domínguez está de paso en Agricultura. A diferencia de sus antecesores, el campo no es su tema; lo suyo es la política. Y como cualquier político argentino que se precie, ya está pensando en su próximo cargo. El objetivo es claro y tiene plazo establecido: ser vicegobernador de Buenos Aires en 2011

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