22 de julio de 2010 01:15 AM
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Cada vez que el Gobierno “se olvida” de criticar afloran las históricas diferencias en la dirigencia del campo

Similares problemas atraviesa hoy la producción agropecuaria a los que tenía hace dos años, cuando eufóricos por el voto no positivo del vicepresidente Julio Cobos, participaban de la apertura de una nueva Exposición Ganadera en Palermo. Hoy, en el inicio de la 124º exposición, los reclamos por reducción o eliminación de retenciones a las exportaciones; incentivos a la ganadería, a la lechería y a los productores regionales, así como la liberación de exportaciones siguen sin encontrar respuesta oficial que resulte satisfactoria para los líderes de la mesa de enlace.

Aunque en estos dos años, el conflicto ha cambiado. Y la relación con el Gobierno, aunque distante, también lo ha hecho. De la confrontación a secas de los meses de 2008, con la presidenta Cristina Kirchner criticando “los piquetes de la abundancia” y los ruralistas cortando rutas en todo el país, se pasó a un 2009 con gestos de acercamiento (inconclusos), con la creación de un Ministerio de Agricultura (uno de los pedidos reiterados, sobre todo desde la Sociedad Rural) y con un gremialismo rural fortalecido tras haber conseguido que una decena de dirigentes propios accedieran a una banca en el Congreso nacional.

Pero ese 2009, concluyó con más de un herido: la sequía atroz dejó en rojo los números de centenares de productores que no tuvieron las espaldas financieras suficientes para “aguantar hasta que llueva”. Los quebrantos estuvieron a la orden del día y la liquidación de hacienda (que el año pasado permitió la carne barata y este año provocó escasez de ganado y suba al consumidor) a precio de remate se movió a niveles impensados.

El clima más benévolo que acompañó al ciclo 2009/2010 desde el arranque (en la pasada primavera) y que permitió las supercosechas de soja y maíz que nutre la caja fiscal gracias a las retenciones, pareció trasladarse también a la relación entre sector agropecuario y Gobierno.

Aunque definida como distante y fría por los principales líderes rurales, hoy la relación con el Poder Ejecutivo no pasa por la confrontación. En buena parte, porque las mejores condiciones climáticas, los relativos buenos precios internacionales de los granos y de la hacienda de carne (aun a partir de un achicamiento del stock bovino casi sin precedentes) y leche, devolvieron a cada actor rural a sus habituales tareas tranqueras adentro.

Y en ese clima más distendido –con varios de los principales interpretes de la batalla de 2008 fuera del escenario central y con otros tantos pensando más en las elecciones de 2011 (y el eventual recambio presidencial) que en intentar un nuevo diálogo con el Gobierno– cada una de las entidades gremiales del agro parece más focalizada en su propio juego que en levantar las banderas de unidad que representó con la mesa de enlace nacional.

Es que las diferencias históricas que separan a las cuatro gremiales del campo, y que son la razón por la que se movieron en soledad desde principios del siglo XX hasta el conflicto por las retenciones móviles, volvieron a aflorar. Y lo hicieron en torno a temáticas que tienen que ver, justamente, con el modelo productivo que cada una persigue. Los puntos de divergencias se aglutinan en torno a grandes problemáticas como: devaluación del peso; esquema de retenciones (rechazo directo o propuesta de segmentación de esas alícuotas según escala productiva); intervención “virtuosa” del Estado en los mercados agropecuarios o libre mercado; el fin de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) o su reconversión.

Y así, aún cuando la mesa de enlace sigue con sus reuniones habituales de presidentes y cuadros técnicos, la postura unificada dejó lugar al resurgimiento de dos posturas más que evidentes: de un lado, los que representan a los productores más chicos (FAA y Coninagro) y más proclives al intervencionismo ‘virtuoso’ del Estado; por el otro, los referentes históricos de los medianos y grandes productores, y defensores del libre mercado (CRA y SRA).

Eso en medio de los acercamientos que el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, hace (con claro aval presidencial) con pequeños y medianos productores, con la entrega de fondos para que los trigueros del sur bonaerense puedan volver a sembrar el cereal tras cuatro años de cruenta sequía; con sus visitas a las distintas provincias; con sus encuentros, en Buenos Aires y Entre Ríos, con el federado y líder de los autoconvocados, Alfredo De Ángeli; con sus charlas telefónicas sin intermediarios con los cuatro líderes rurales.

Así, el campo llega a esta nueva edición de la Exposición Rural con muchas asignaturas por cumplir; con menos exposición mediática que en julio de 2008, y con varios galardones más en la arena política. Llega con sus reclamos intactos y sin el horizonte de previsibilidad que reclaman para que la Argentina vuelva a ser el granero del mundo, antes de que lo logre Brasil, como auguró el martes el presidente Lula Da .

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