23 de julio de 2010 21:18 PM
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Facultades delegadas versus retenciones   (Susana Merlo)

Aunque el tema es árido, para muchos, la finalización en agosto del lapso por el cual el Poder Legislativo le "cedió" al Ejecutivo la potestad de, entre otras cosas, decidir en materia de gravámenes al comercio exterior, más conocido como "facultades ...

Aunque el tema es árido, para muchos, la finalización en agosto del lapso por el cual el Poder Legislativo le “cedió” al Ejecutivo la potestad de, entre otras cosas, decidir en materia de gravámenes al comercio exterior, más conocido como “facultades delegadas”, representará, ni más ni menos, que el final de las retenciones, o impuestos a la exportación que reinstalara Eduardo Duhalde durante la crisis de 2002.
Semejante afirmación conlleva, mínimamente, un exceso de optimismo y mucho de voluntarismo, en primer lugar, porque no está claro aún que los legisladores de ambas Cámaras (diputados y senadores) vayan a aprobar, finalmente, la recuperación de la potestad legislativa de determinar en este tipo de asuntos fiscales lo que, a su vez, significa que deberían asumir la máxima responsabilidad en esta materia.
A esta altura, además, resulta obvio que la Administración Kirchner va a accionar con todas sus fuerzas para lograr una nueva prórroga, ya que perder esta potestad le significaría, por sobre cualquier otra cosa, tener que “negociar” a partir de aquí con legisladores y provincias, algo que no está acostumbrada a hacer.
Casi no es imaginable suponer que Néstor Carlos Kirchner o Cristina Fernández vayan a aceptar sin resistencia que el Congreso les saque la potestad directa sobre más de U$S 7.000 millones anuales de retenciones a los productos del campo, o sobre varios cientos de miles más de otras exportaciones también gravadas, sin mencionar los impuestos a las importaciones, entre otras herramientas que, hasta hoy, están bajo su dominio y determinación directa.
Pero además, ¿quién le aseguró a los optimistas que la no renovación de las facultades delegadas al Poder Ejecutivo significa que los legisladores van a terminar inmediatamente con estos gravámenes que afectan  a la producción y a las inversiones?. ¿No puede suceder, más vale, que una vez recuperado este poder, en lugar de eliminar impuestos, se erijan en “señores” de los mismos, o vayan a imponer arbitrariamente sus tasas, determinando una presión impositiva más intolerable aún que la actual?.
Una encuesta informal sobre este tema, entre los legisladores nacionales, causaría sorpresas (desagradables) a más de uno, y no sólo por las caprichosas distribuciones que podrían proponer.
Es cierto que, hoy por hoy, las declaraciones de varios de ellos, todos enrolados en la oposición, hablan de “eliminación” y “rebajas” en el caso de la soja. Sin embargo, a poco de ahondar algo en el asunto surge que el objetivo responde más a recortar parte de los ingresos que hoy discrecionalmente usa el Ejecutivo, que a una decisión tranquila y profundamente pensada en bien de la producción y del país. Dicho de otra forma, para varios, sería más una forma de recortar el poder económico de los Kirchner, que una medida de imperiosa necesidad de corrección económica.
Más aún, la “no” eliminación, por ley, de la potestad de fijar impuestos a la exportación, como si hizo Uruguay, responde a que, en el fondo, a muchos de los actuales legisladores les atrae especialmente la idea de poder manejar los precios y, mucho más, la de contar con una herramienta feroz y simple, que tampoco se puede evadir. Son muchos los que no están dispuestos a prescindir de ella, aún entre los “agrolegisladores”…
Lo mismo se podría decir de otras restricciones al comercio exterior, igual o hasta más dañinas que las propias retenciones, tal el caso de las restricciones cuantitativas (cupos, permisos, registros, ROEs, etc.) que en algunos casos, pueden llegar a ser equivalentes a una retención del 100%, al imposibilitar directamente una operación de venta al exterior.
Todavía, en la superficie, no parece ser demasiado el movimiento alrededor de estos temas (tal vez hay sectores interesados en que pase desapercibido…), y tampoco se ve que, en el caso del campo,  las organizaciones se estén preparando para un trabajo minucioso, y arduo, en la materia.
Sin embargo, sería bueno que, además de la cautela y de cierta moderación en el optimismo, haya un buen sistema de “alerta” parlamentario para tratar de evitar que la mayoría legislativa se quede a medio camino, pero más especialmente que, a último momento, desde algún sector del oficialismo se “vuelva a sacar un conejo de la galera”, y todo, finalmente, siga tal cual ahora…

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