26 de julio de 2010 09:59 AM
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Brasil aplica un sistema diferente al de Moreno

El sistema de compra de alimentos a la agricultura familiar -mediante un modelo de precios mínimos garantizados- y la política de suministros a franjas de consumidores de menores recursos que lleva adelante la Compañía Nacional de Abastecimiento brasileña (Conab) despertarían la envidia de Guillermo Moreno.

Aunque el polémico secretario de Comercio Interior no estuvo en la comitiva, fue una referencia obligada en la visita que concretó hace pocos días a la sede de la Conab el ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, junto con directivos de las Bolsas de Comercio de Rosario y de Cereales de Buenos Aires y de Córdoba.

Juan Carlos Martínez, titular de esta última entidad, señaló a La Voz del Interior que el sistema de la Conab "merece ser estudiado", si se entiende que en la Argentina "bajo el concepto de seguridad alimentaria se aplicaron esquemas de subsidios cruzados que no han dado los resultados esperados".

El programa lleva 20 años y se profundizó a partir del gobierno de Lula. Con un presupuesto de 5.500 millones de reales (unos 3.000 millones de dólares) la Conab brasileña adquiere una canasta de 42 productos (entre ellos maíz, poroto, harina, arroz, café, leche en polvo). Ese stock de intervención ronda el 10 por ciento de la producción; asegura un precio al productor (PGPM, política de garantía de precios mínimos) y distribuye alimentos a los sectores más necesitados.

-¿La Argentina podría copiar algo de lo que hace la Compañía Nacional de Abastecimiento?

-Está claro que aquí también están estos objetivos en la agenda y creo que no nos debemos negar a estudiar cómo funciona en otros países. De la descripción que hacen, funciona bien. De la explicación que nos dieron, surgen algunos interrogantes. Es un organismo que puede comprar sin licitaciones públicas, fijar precios mínimos, participa como demandante en el mercado y esto requiere organizaciones complejas, dispersas a lo largo y ancho del país, y requiere de mucho control.

Los productores tienen que estar calificados en una lista y lo hacen a través de asociaciones o cooperativas de las cuales son parte. También la Conab constituye stocks de intervención (compras públicas). Hoy tienen ocho millones de toneladas en existencias. Y si bien es un organismo que depende del Ministerio de Agricultura, tiene autarquía financiera.

-¿Qué otros beneficios tiene el sistema para los proveedores?

-Dentro del PGPM hay un programa de financiamiento que me pareció superador. El productor tiene la posibilidad de generar una opción de venta en la Conab; contra esa opción obtiene un certificado, y hay un sistema de financiamiento en el que se puede descontar ese certificado a una tasa del seis por ciento anual, que está atado a un seguro agrícola (resguarda la devolución del crédito).

-¿Cómo juega la política de seguridad alimentaria?

-Esta política, muy en boga hoy en la Argentina, está a cargo de la Conab, pero lo hace con una mirada distinta. Consideran que la seguridad alimentaria es un factor crítico sólo para una franja limitada de la sociedad. Y en función de esto compran los volúmenes mínimos que se requieren para poder asistir a esa porción. Todo lo que se compra a partir de este esquema se destina a planes sociales. Es un concepto interesante; no está direccionado, como lo hemos hecho aquí, a quien compra y quien vende.

Un productor brasileño tiene la opción de venderle a la Conab o al sistema comercial.

-¿Todos los productores pueden venderle al sistema?

-Todos los productores pueden estar en el programa de precios garantizados, pero por un volumen determinado, igual para todos. Es decir, el pequeño productor tendrá un porcentaje mayor, en términos relativos, que un gran productor.

La Conab dispone de 96 puntos de almacenamiento de productos, y cuando le faltan, acude a contratar servicios de almacenaje a terceros. Las opciones que le brinda a los productores están coordinadas a través de las Bolsas, y el Estado puede ser reemplazado en su condición de lanzador.

-¿En su política de seguridad alimentaria, Brasil no limita sus exportaciones?

-En Brasil la asistencia a los consumidores es mucho más directa y enfocada en los actores necesitados de la ayuda oficial. La gama de productos, además, es bastante amplia.

En segundo lugar, hacen un regulador indirecto del mercado; al ser un demandante sobre el 10 por ciento de los stocks y para un espectro de 42 productos, no es un volumen tan grande. Pero orienta en la formación de un precio a las economías familiares y a los productores pequeños a quienes les asegura una rentabilidad.

El sistema hay que estudiarlo, me parece que vale la pena. No hay que comprarlo a libro cerrado, pero hay que tener la apertura mental como para estudiar qué podemos hacer.

Bajo el concepto de seguridad alimentaria, nosotros hemos creado esquemas de subsidios cruzados que, en mi observación, no han dado los resultados esperados. En materia de trigo se ha subsidiado mucho más de lo que se ha recaudado por retenciones pero, finalmente, no llegó en términos efectivos al precio del pan.

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