18 de marzo de 2019 12:02 PM
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Máximo Kirchner se puso a estudiar sobre campo y ahora promete cuidar a los pequeños productores

CompartiremailFacebookTwitterSábado al mediodía. Cañuelas, los pagos de Alberto Samid y de Gustavo Arrieta, el intendente de ese partido. Máximo Kirchner, hijo y principal operador político de Cristina Kirchner, habla en un acto de claro tinte electoral en el que augura un triunfo del peronismo en la presidencial del 27 de octubre. Les recomienda a sus […]

Sábado al mediodía. Cañuelas, los pagos de Alberto Samid y de Gustavo Arrieta, el intendente de ese partido. Máximo Kirchner, hijo y principal operador político de Cristina Kirchner, habla en un acto de claro tinte electoral en el que augura un triunfo del peronismo en la presidencial del 27 de octubre. Les recomienda a sus partidarios que “no tiren la toalla” porque el gobierno de Mauricio Macri “se va” a fin de año.

Un discurso previsible hasta que luego de diez minutos de críticas a la gestión actual, Máximo hace referencia al sector agropecuario. Ahí apareció una novedad: en busca de dividir el voto del sector rural, que desde 2015 aparece muy pegado a Cambiemos, el kircherismo comenzó a marcar diferencias entre los grandes grupos agrícolas y los pequeños y medianos productores que han perdido con esta crisis económica.

Créase o no, un Máximo enflaquecido (y mucho más parecido a Néstor, su padre) hasta hizo una autocrítica explícita de cómo se habían equivocado en sus días de gobierno al meter a todos los productores en la misma bolsa, como si todos en el campo fueran semejantes.

Para separar la paja del trigo, Máximo se apoyó en declaraciones recientes de Gustavo Grobocopatel, de grupo Los Grobo, quien había manifestado un apoyo crítico del agro al gobierno de Macri. “El sector está pagando muchísimo dinero en impuestos, probablemente mucho más que lo que se pagaba en la época de Cristina, y la sensación es que tiene en el Presidente un interlocutor interesado, válido, que respeta al sector y de alguna manera lo conoce”, aseguró el empresario a radio La Red.“Estamos mal pero contentos”, resumió Grobo.

Luego de citar esas declaraciones, el hijo mayor de los Kirchner enfatizó que, en caso de volver al gobierno, “nunca más tenemos que volver a confundir al pequeño y mediano productor de la Argentina con las grandes terratenientes y las cerealeras”, enfatizó Máximo Kirchner, asumiendo que en el pasado esa confusión era frecuente.

E insistió: “Es algo que tenemos que tener muy claro. Cuando vemos como (desde este gobierno) han tratado a los productores de cerdos, como tratan a los tambos y los funden, y como hay grandes empresas en el sector lácteo que los hacen firmar contratos de exclusividad con ellas, haciéndoles achicar su producción y cobrando menos hasta el límite de fundirlos”.

La gran novedad, entonces, es que necesitados electoralmente de los votos de las zonas rurales, Máximo y Cristina se han puesto a estudiar un poco sobre agro y finalmente comprendieron que “el campo” que tanto combatieron desde 2008 a 2015 está integrado por un conjunto de intereses y actividades no siempre parecidas.

En tan sesudo análisis, ahora descubrieron que -por ejemplo- hay actividades que no la están pasando bien con la devaluación, como la porcina y la tambera. A Máximo seguro se le olvidó mencionar a muchas economías regionales. Ya tendrá tiempo. Seguramente el kichnerismo enfatice sobre este punto en la campaña de los próximos meses.

No es la primera vez que quienes gobernaron el país entre 2003 y 2015 intentan un acercamiento a ciertos sectores “castigados” del sector agropecuario. En la campaña electoral que la convirtió en senadora, la propia Cristina visitó un establecimiento lechero para conocer de primera mano los padecimientos de esa actividad. Pasaron pocos minutos hasta que todos descubrimos que había una pequeña trampa: el tambo pertenecía a la familia del intendente de esa zona.

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