18 de marzo de 2019 13:55 PM
Imprimir

Los solares que se convirtieron en un símbolo de la producción

En 1901 comenzó a funcionar oficialmente el Mercado de Hacienda

La historia del Mercado de Liniers comenzó en el año 1884, cuando los desbordes del Riachuelo llevaron a las autoridades a planear el traslado de los antiguos mercados a una zona más alejada.

El Intendente Seeber -señala la reseña del Mercado de Liniers en su página web- designa como lugar físico a los solares cercanos a la estación Liniers, siguiendo el cauce del arroyo Cildañez.
El terreno había pertenecido a Bernardo Terrero, próspero comerciante de mediados del siglo XIX, y a Joaquín Rivadavia (1810-1887), hijo del primer presidente argentino y nieto del Marqués del Pino, Virrey de estas tierras.

El acceso a los nuevos mercados se podía realizar por el camino a Cañuelas o por la calle San Fernando, que recibirá en 1913 el nombre de Charles Tellier, en honor al inventor del sistema de enfriamiento de la carne, y que hoy se denomina Lisandro de la Torre, en homenaje al senador santafecino que tuvo activísima participación en el debate de las carnes a mediados de los años treinta.

La piedra fundamental de los mercados se colocó el 14 de abril de 1889, siendo la única construcción una casilla de madera propiedad de José Michelini (1864-1950), quien había instalado una fonda y almacén ese mismo día en la hoy calle Lisandro de la Torre 2421. Pronto el rematador Publio Massini puso en venta los lotes, logrando un gran éxito. A fines de 1889 ya había veintidós manzanas vendidas.

En 1890 se aprobó el inicio de las obras siendo designada la firma “Boerr y Cía.” como constructora de las nuevas instalaciones, que debía empezar la obra el 20 de diciembre de ese año. Sin embargo, varios inconvenientes llevaron a la prórroga de los plazos.

A la vuelta de su viaje a Europa Seeber se encontró con todo proyectado, pero se opuso en razón a la experiencia obtenida en el viejo continente. Al año siguiente el Consejo Deliberante firmó un convenio con Juan Boerr, que luego anuló dando inicio a un litigio que se resolvió con el empresario aceptó ceder los terrenos ya escriturados.

Se inició la construcción sobre ocho hectáreas delimitadas por las calles Areco, San Fernando, Merlo y Camino de los Ombúes, añadiéndose poco después otras doce hectáreas que estaban comprendidas por las calles Campana, de los Ombúes y Merlo. A continuación se formó una sociedad anónima encargada de la construcción y posterior administración de los Nuevos Mercados Públicos de la Capital.

En 1894 Emilio Bunge asume la intendencia y da un gran impulso al proyecto. Tres años más tarde se inaugura en la recova recién terminada una escuela y se vislumbra la terminación de la torre principal.

En 1895 se loteó el predio y se abrieron las calles Murguiondo y Camino ancho, quedando establecidos los límites del futuro Mercado de Liniers entre las avenidas Murguiondo, Campana – desde 1926 del Trabajo y actualmente Eva Perón -, San Fernando – desde 1913 Tellier y luego Lisandro de la Torre, desde 1985 – y Directorio.

El Camino ancho, en tanto, se llamó desde 1901 Avenida Nueva Chicago, recibiendo en 1949 su actual denominación: Avenida de los Corrales, acceso. En 1898 el tranvía llega hasta el lugar. Ese mismo año se instala una estación ferroviaria dentro del mercado, propiedad de la empresa Tranways Eléctricos de Buenos Aires.

La típica recova, donde hoy funciona el Museo de los Corrales Viejos, fue refaccionada en 1899. El barrio que empieza a surgir alrededor del mercado, presto a terminarse, se conoce con el nombre de Nueva Chicago, debido a que los especialistas consideran que las nuevas instalaciones no tiene nada que envidiarle a las más modernas construcciones norteamericanas.

El 21 de marzo de 1900 se faena el primer animal. El 1ø de mayo de 1901 comenzó a funcionar oficialmente el lugar. Las reses se faenaban en una gran playa empedrada, llegando la sangre de los animales al arroyo Cildañez, apodado desde entonces “arroyo de la sangre”.

Bajo las arcadas del edificio principal se instalaron la administración, un puesto policial – que desde 1906 será la Subcomisaría de los Mataderos, dependiente de la seccional 26, y un año más tarde Comisaría 38 – una estación sanitaria y una escuela. Además, la calle ancha que nace en las recovas toma el nombre de Nueva Chicago.

Al cumplir su primer lustro de vida el Mercado y Matadero funcionaba ya como un reloj.
En 1915 la Municipalidad obliga a faenar en cuatro partes las reses destinadas al consumo interno. Siete años más tarde el español Malaquías Escandón (1894-1988) abre dentro del Mercado la famosa “Fonda de Malaquías”, que contaba entre sus clientes al Dr. Lisandro de la Torre, siempre preocupado por la actividad del mercado, a Edmundo Kelly, administrador progresista del Mercado hasta su muerte, a Juan Lalor y a otros numerosos consignatarios que tomaban como punto de reunión el lugar y donde se desarrollaba la actividad informal del Mercado.

Fuente:

Publicidad