19 de marzo de 2019 02:49 AM
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Mejora el escenario para toda la cadena ganadera

La suba de precios ayudó a la recomposición de la renta ganadera y a mejorar las perspectivas, especialmente de la cría, en otro año sin financiación. Para el engorde a corral hay una relación maíz-carne más favorable; en tanto la exportación se ve aliviada por otra devaluación.

En la previa a la Navidad, el mercado comenzó a percibir que se venía un faltante importante de ganado liviano, que es con el que se abastece al mercado doméstico y en especial a los grandes centros urbanos. La suba desde fines de diciembre es del 40/45% dependiendo de la categoría. Claramente la vaca, que tuvo una suba muy marcada en los últimos años, fue la que menos aumentó en el período señalado, pero los novillos y en particular la hacienda de consumo definido liviana sí vieron trepar sus cotizaciones tras un tiempo largo de retraso.
Según los datos que publica Senasa, no hubo una caída en la oferta de la hacienda total enviada a los frigoríficos. Los volúmenes de faena acumulados en el primer bimestre son similares a los del año pasado, aunque sí cayeron las ventas de hacienda liviana y aumentaron las remisiones de vacas, lo que incrementó la participación de las hembras en el total. En el primer bimestre del año la faena de vacas, vaquillonas y terneras representó el 48% del total, cuando en todo el año pasado fue del 45%.
Pese a que se supera este año el límite entre el equilibrio y la liquidación, no se estaría en ese proceso ya que los nacimientos de la zafra pasada de terneras superan a la matanza de hembras. Además, el panorama tiende a cambiar, los consignatarios ya dan cuenta de un mayor interés por los vientres pese a que no estamos en época comercial para esa categoría. Por eso en muchos remates sus valores aumentaron.
Por otro lado, teniendo en cuenta que el año pasado se vendió mucha vaca, pasados los tactos habría más interés por la reposición, que se vería alentada por la buena oferta forrajera con la que se entra al otoño y las mayores facilidades que tendrían los criadores para retener terneras debido a la baja en el peso de faena y al aumento en la disponibilidad de maíz, si finalmente se concreta la buena cosecha que todos anuncian.
La menor oferta de ganado de feedlot se sintió en estos meses y también se refleja en las estadísticas públicas y privadas. Según datos de Senasa que publica la consultora Agroideas, en los últimos meses los feedlots tenían cerca de 170 mil cabezas menos que en igual período del año pasado. Pero el dato también se refleja en los números de la Cámara de Feedlot, que computa lo que informan sus socios y según la cual la capacidad instalada al inicio de marzo estaba ocupada solo en 50% contra el 66% de marzo de 2018.
La baja es notable y eso se refleja en los precios, que reaccionan otra vez a la restricción de la oferta pero que no son el reflejo de una demanda fortalicida, que es lo que en definitiva, junto con una exportación sostenida, ayudaría al crecimiento sectorial. Mientras las subas sigan dependiendo de las restricciones en la oferta a causa del clima o de una menor producción por las pérdidas en tal o cual eslabón de la cadena, el crecimiento de la producción de carne será menor o al menos no sostenible ni sustentable.
La menor oferta de ganado se reflejó en el consumo promedio de carne vacuna. Según Agroindustria, en enero fue de 55 kilos y se explica por el sostenimiento de las exportaciones, que aumentaron en forma interanual significativamente. Es decir, en el arranque del año se produjo lo mismo que en enero 2018 pero se exportó más. A ese dato se agrega el que recientemente publicó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, que señala: “El consumo per cápita de carne vacuna equivalió a 55,4 kilos al año (considerando el promedio móvil de los últimos 12 meses) y resultó 4,5% menor al de febrero de 2018. En tanto, cuando se considera el promedio del primer bimestre de 2019, el consumo aparente per cápita equivale a 50,8 kilos por año y se ubicó 9,9% por debajo del nivel alcanzado en el primer bimestre de 2018”.
En definitiva, hay menos carne para el consumo local, que sigue prefiriendo el producto y que cuando se encuentra con una merma en su disponibilidad reacciona convalidando mejores precios. Según el IPCVA, el aumento de la carne en la góndola en febrero fue de 16% respecto de enero, pero en la comparación interanual los incrementos llegan al 80%, muy por encima de la inflación, aunque también hay que señalar que la mayor parte de esa suba se dio en los meses pasados, ya que en los últimos años hubo un retraso notable de los valores de la hacienda y de la carne vacuna.
La menor oferta de gordo impulsó los precios de la hacienda, lo que también benefició a la invernada y en menor medida a la hacienda de cría. Según los analistas Federico Santángelo y Fernando Gil, de la consultora Agroideas, la suba recompone la renta en diferentes eslabones de la cadena ganadera. “Esta suba de precios permitirá tener rentas más equitativas y sostenibles a lo largo de la cadena, a diferencia de lo ocurrido el año pasado”, dijeron, para agregar que “con estos niveles de precios mejora el negocio del criador, si bien la suba del ternero de invernada no fue similar a lo ocurrido con los valores del gordo”.
De todos modos hubo una suba notable en las cotizaciones de esos animales en plena zafra y, según consignatarios del sector, a diferencia de lo que sucedió históricamente, este año está todo dado para que mejoren los precios de los terneros. Habitualmente en la zafra las cotizaciones disminuyen por la mayor oferta, pero este año la baja en el peso de faena, la mayor oferta de maíz (que a su vez tiene cotizaciones bajas en el mercado internacional y las perspectivas no son de suba) y de pasturas por las lluvias incentivarán la retención de los criadores de al menos una parte de la producción de terneras. Eso ya se nota en los precios: según los datos promedio del Rosgan entre fines del año pasado y los primeros remates que se dieron este año, hubo un incremento promedio del 30%.
El informe de Agroideas también destaca la mejor ecuación para los feedlots. Para Santángelo y Gil, el engorde a corral comienza a “sacar la cabeza del agua” tras un segundo semestre con importantes pérdidas. Claramente la relación maíz-carne mejoró. Hoy con un kilo de ternero en torno a los $65/70 y con un maíz entre 5.500 y 6.000 en el disponible, se compran entre 11 y 12 kilos del cereal. Al respecto, un comercializador de ganado nos decía recientemente que no entendía porqué no salían a comprar con más fuerza. Claramente los nuevos precios del gordo, que empatan a la invernada (cuando esta  siempre fue más cara que el valor de lo que va a la faena), y los bajos precios del maíz, cuya tendencia no es alcista teniendo en consideración la perspectiva mundial y la alta cosecha que se espera en nuestro país, deberían impulsar esa tendencia. Pero por otro lado no se puede desconocer que en 2018 tuvieron pérdidas significativas y que además hay que estimar en el negocio, particularmente para los que invierten y llevan hacienda a la hotelería, la tasa de interés o el costo de oportunidad del dinero, lo que no alienta inversiones productivas .
Finalmente en Agroideas también hablan de la mejora en la renta de la industria y especialmente se refieren al sector de la exportación que en 2018 hizo una diferencia importante gracias a la devaluación de la moneda local, que bajó los costos de la materia prima, beneficio que tuvo traslado parcial al valor del ganado.
Con relación a la exportación, el documento dice que “si bien podría parecer que a la exportación se le complicaría el negocio, el grueso de los envíos está destinado hacia China y es hacia dónde se dirigió la gran suba del precio de la vaca del año pasado. Si bien los valores de la Cuota Hilton son menores a los de un año atrás, la suba de precios en el mercado interno favorece la integración de la media res entre el consumo y la exportación”. No se puede dejar de señalar la mejora cambiaria de los últimos días, que dejó al dólar por encima de los $40.
En definitiva, según este análisis, todos los eslabones ganan con el nuevo escenario de precios. Habrá que ir evaluando en tanto se sucedan las semanas y se vayan reacomodando las diferentes variables del negocio cómo queda la renta ganadera. Todo hace prever que al menos por varios meses habrá poco ganado para el consumo interno, pero eso podría modificarse en el segundo semestre.
Para la invernada las perspectivas son muchos mejores a la de los últimos años y en principio por la falta de oferta todo hace pensar que habría buenos precios a lo largo del año, aunque mucho dependerá de lo que demanden los feedlots, cuyo peso en el negocio de todos modos quedó relativizado con el cambio en el peso de faena y el auge de la recría, que también influye, y cada vez más, en la comercialización de los terneros.

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