1 de abril de 2019 01:56 AM
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El 60% de las exportaciones argentinas son productos primarios, pero llevan tecnología de punta

La Argentina es líder mundial en exportaciones de aceite de soja, peras, maní y otros. Especialistas coinciden en que, a contramano de lo que está instalado, la falta de valor agregado posterior no es preocupante, por todo el desarrollo previo. Las oportunidades en carnes y vinos.

La Argentina es el mayor exportador de peras, de maní, de aceite de soja y de jugo de limón concentrado del mundo. El país ocupa la primera posición en la comercialización de cada uno de esos cuatro productos primarios que representan, apenas, 16,73% del total de las ventas, que el año pasado crecieron 5% en total respecto de 2017. Los ingresos por exportaciones argentinas sumaron u$s61.621 millones en 2018 y los cuatro agroalimentos en los que el país es líder de mercado facturaron apenas u$s10.309 millones.

Para los analistas, las estadísticas son alentadoras cuando analizan el nivel de valor agregado con los que hoy salen del país los principales bienes que la Argentina le vende al mundo. Según las cifras de la Agencia de Inversiones y Comercio Internacional, 57 de los 100 principales ítems que se envían al exterior son productos primarios provenientes del campo, de las economías regionales, de la minería y de la pesca. Pero los datos y las opiniones de los expertos derriban la idea arraigada de que el país no exporta valor agregado. Esta premisa aun hoy genera una grieta y desata debates ideológicos entre gobiernos de turno y opositores, entre integrantes de la Sociedad Rural (SRA) y de la Unión Industrial (UIA). Desde que asumió, Mauricio Macri declaró en reiteradas oportunidades: “La Argentina debe ser el supermercado del mundo”, y enseguida llegaron elogios y críticas de los referentes del comercio.

Especialistas consultados por TN.com.ar coinciden en que la producción concentrada de agroalimentos e insumos primarios es una de las características idiosincráticas de la balanza comercial argentina y no están de acuerdo con que haya que cambiar esa realidad. Además, los economistas agregan que sin una macroeconomía estable y ordenada es prácticamente imposible que el país escale posiciones en el ranking global de exportaciones en el mediano plazo. Hoy ocupa el puesto 45 de un ranking de 129 países elaborado por The Center for International Data.

Entre los diez productos principales que exporta la Argentina, solo dos son industriales: vehículos utilitarios de carga y biodiesel (derivado del aceite de soja). Ocupan los puestos cuarto y octavo, respectivamente. Las estadísticas oficiales indican que el valor FOB (es decir, en el puerto de embarque) de esos dos productos con valor agregado suma u$s4156 millones por ventas anuales. Los restantes ocho ítems del top-10 (harina, porotos y aceite de soja, maíz en grano, trigo, oro, langostinos y vinos) generan ingresos totales por u$s25.365 millones, casi US$ 1.000 millones menos por ítem si se divide la suma en ocho. Este simple ejercicio aritmético evidencia lo obvio: a mayor valor agregado, el precio de los bienes es más alto.

Para Marcelo Elizondo, analista y consultor de economía internacional, dice a TN.com.ar que no es casualidad que la Argentina sea primera en ventas de derivados del agro y de la minería. “Los productos primarios son parte de la identidad nacional. No estoy de acuerdo en analizar ese fenómeno con una mirada negativa. Los bienes primarios tienen cada vez más valor agregado. Los productores agropecuarios, por ejemplo, utilizan tecnología, ingeniería genética, biotecnología. Por eso la carne o los cereales de exportación ya no son lo que eran hace cinco o diez años. Es la calidad, además del volumen, lo que finalmente nos ubica en los primeros puestos globales”, analiza Elizondo.

Martín Surt, director de la consultora Invecq, coincide. “Exportar productos primarios no implica que no tengan valor agregado. Es un error muy arraigado en el debate político económico actual. La Argentina está mucho más avanzada en la aplicación tecnológica en el agro que, por ejemplo, en la industria automotriz. Hoy se usa ingeniería genética para mejorar siembra, producir semillas y desarrollar fertilizantes. El polo cerealero de Rosario, el más importante del mundo, le aporta más valor a los granos y a sus derivados que lo que la industria local a un auto, porque una planta de ese tipo ensambla autopartes importadas con componentes nacionales”, explica el economista.

El analista de Invecq advierte un dato poco alentador. La Argentina está caída del mapa en volumen de exportaciones. “Hoy se exporta la misma cantidad de toneladas que en 2005. Si el crecimiento del PBI sólo dependiera del comercio internacional, la economía doméstica estaría estancada desde hace 15 años”, explica Surt.

Las cifras del último monitor de exportaciones, elaborado por la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional en base a datos del INDEC, indican que las ventas al exterior de productos primarios crecieron 12,6% (u$s1553 millones) en enero. Sin embargo, las manufacturas agropecuarias aumentaron 6,5% (u$s1780 millones) y las industriales, 24,3% (u$s1151 millones) en el mismo período.

Pero la sequía registrada el año pasado arrojó resultados por debajo de los esperados por el Gobierno en materia comercial. Según datos oficiales, unos u$s23.000 millones ingresaron en 2018 en concepto de exportaciones manufacturadas de origen agropecuario, otros u$s20.000 millones por las ventas de bienes industriales, u$s14.000 millones más por transacciones de bienes primarios y u$s4000 millones adicionales por el envío de combustibles y energía. Ese total de u$s61.000 millones será superado este año. Los analistas consultados esperan que, en 2019, las exportaciones generen ingresos adicionales por u$s9000 millones y cierren en u$s70.000 millones. La cosecha récord por la normalización climática será el principal motor.

“La Argentina debe exportar todo lo que pueda porque tiene una necesidad imperiosa de generación de dólares. Debe exportar principalmente lo que el mundo le demanda, aquellos productos con mayor valor agregado y más competitivos. Eso no significa que haya que excluir de la lista a los bienes primarios. La actividad económica está condicionada para crecer”, agrega Surt.

Elizondo suma un factor al diagnóstico: “la volatilidad cambiaria”. Según su evaluación, para que la Argentina pueda aumentar el volumen de sus exportaciones, necesita tener ordenada su macroeconomía. “Con inestabilidad cambiaria nada funciona”, opina.

Para Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, la volatilidad macroeconómica atenta contra la “producción agregada” y la generación de valor en los bienes transables. “Agregarle valor a un productor requiere primero acumular capital (físico y humano). Y un escenario de inestabilidad afecta ese proceso”, dice el director de la consultora fundada por el ex ministro Roberto Lavagna.

Carne y vino

exportaciones

Los especialistas están convencidos de que la Argentina tiene la oportunidad de escalar posiciones en las ventas globales con dos productos autóctonos: la carne vacuna y los vinos de calidad.

“Mercados como Japón o países de Europa le pagan más a frigoríficos nacionales por un corte de cuota Hilton, que va directo al plato de un comensal en un restaurante en Tokyo, que por una lata de carne procesada (corned beef), que se vende a precios bajos en supermercados de Estados Unidos”, dice Surt. Para el analista, ese es un excelente ejemplo para evidenciar cómo un alimento primario, que tiene investigación y tecnología detrás, es bien recibido por los consumidores del mundo por su calidad.

Elizondo coincide y agrega que las exportaciones de cortes argentinos podrían estar entre los cinco primeros puestos en el ranking global. En la industria dicen que están cerca de esa meta. Durante 2018, las ventas externas aumentaron 78% comparado con 2017. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados, los despachos a mercados de América Latina, China, Japón, México, Estados Unidos y países de Medio Oriente y Asia superaron las 500.000 toneladas y generaron divisas por u$s2000 millones. Las estadísticas muestran un cambio en la balanza comercial de la carne argentina: 7 de cada 10 kilos ya los compra China.

Los vinos siguen ese camino. Las bodegas argentinas colocaron a la Argentina en el 10 puesto del podio mundial, pero los expertos pronostican un incremento de los despachos de vino de media y alta gama para este año. “Los productos son de muy buena calidad, pero en este caso falta volumen para ser competitivos”, dice Elizondo.

El éxito de este sector se explica por la cantidad de inversiones que se concretaron en bodegas de todo el país para mejorar la genética de la uva y en profesionalizar y hacer más eficientes los procesos de elaboración. “En la Argentina trabajan enólogos reconocidos mundialmente. Además, las bodegas locales utilizan mucha tecnología para alcanzar

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