20 de abril de 2019 03:50 AM
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Una cosecha con motivos para celebrar

CompartiremailFacebookTwitterBasta con que alguien mencione los muy buenos rendimientos que se están obteniendo en la campaña de granos gruesos para que otro lo llame a silencio. Son dos actitudes que reflejan diferentes formas de adaptarse a la cambiante realidad argentina. Y quizás los dos tengan razón. El que festeja le muestra a la sociedad lo […]

Basta con que alguien mencione los muy buenos rendimientos que se están obteniendo en la campaña de granos gruesos para que otro lo llame a silencio. Son dos actitudes que reflejan diferentes formas de adaptarse a la cambiante realidad argentina. Y quizás los dos tengan razón.

El que festeja le muestra a la sociedad lo que el campo es capaz de hacer. En un contexto en el que gran parte de las variables de la economía van en sentido contrario de una situación normal, la agricultura exhibe su nivel de recuperación. Tras una campaña en la que hubo una merma respecto de lo esperado de 30 millones toneladas, entre soja y maíz, ahora se espera un volumen superior en 37 millones de toneladas respecto del ciclo 2017/18.

Hay un sentido de desquite. Así como la sequía fue el año pasado uno de los motivos por los cuales el PBI cayó 2,5%, en 2019 el desplome de la economía tras la crisis financiera será menor como consecuencia de la recuperación agrícola.

Estos números comienzan a tener repercusión sobre la actividad económica de los pueblos directamente vinculados con la actividad agroindustrial. Según informó un artículo de Alejandro Rollán en La Voz del Interior, las empresas de maquinaria agrícola de Córdoba volvieron a dar horas extra a sus trabajadores como consecuencia de la mayor demanda de sembradoras, tolvas y otros equipos. Si las tasas de interés fueran razonables, seguramente las fábricas no darían abasto. Otro ejemplo de la recuperación es el movimiento de camiones arribados a los puertos y las fábricas.

En 2018 se redujo un 16% el ingreso de mercadería a los puertos respecto de 2017, según informó recientemente la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) también como consecuencia de la sequía. Este año, con un volumen calculado en 56 millones de toneladas para la soja y 48 millones de toneladas para el maíz, de acuerdo con cálculos de la BCR, se están superando los promedios históricos de transporte. Los expendedores de combustible no reaccionaron a su debido tiempo y en algunas zonas se están reportando faltantes de gasoil.

El que cree que es mejor no festejar apela aquella frase que dice que “no hay contar los pollitos antes de que nazcan”. En 2016 y 2017 dos fortísimas lluvias caídas en abril en diferentes regiones arruinaron los rindes esperados. Cuando escuchan que algún funcionario o economista sin contacto con el campo se vanaglorian de una inminente cosecha récord lo viven como un mal augurio. El otro argumento al que apelan es que cuando se dice que “al campo le va bien” la respuesta de la clase política, muchas veces sin distinción de ideología, es aumentar los impuestos.

Esta administración lo hizo cuando decidió suspender la rebaja a los derechos de exportación a la soja en cinco puntos porcentuales por año que había prometido en la campaña electoral de 2015. Ahora no solo suspendió la reducción para la soja sino que reimplantó las retenciones a los cereales.

El Gobierno argumenta que esta vez el campo no fue discriminado, también pagan retenciones la industria y los servicios. Promete, además, que serán temporales, solo estarán vigentes hasta 2020. Y tampoco hará cambios en los diferenciales de tres y cuatro pesos, tanto para quienes los pedían desde el complejo oleaginoso como productos de las economías regionales como el maní. Esta semana, como alivio, anunció una devolución para pymes.

La temporalidad de la promesa de 2020 es relativa: a fin de año se celebran las elecciones presidenciales y según los resultados de las recientes encuestas electorales una de las opciones que tiene chances de llegar a la Presidencia es claramente partidaria de fijar derechos de exportación elevados.

Como sea, una muy buena cosecha es motivo para celebrar, sin dejar de mencionar la inestabilidad macroeconómica. En todo caso debería servir también para recordar cuánto más se podría hacer con estabilidad económica y política y más todavía si se superaran todas las limitantes estructurales que impiden expresar a los cultivos el máximo de su potencial. Incluso, apuntar a solucionar problemas históricos en temas como semillas, cuidado del suelo, fertilización o infraestructura, entre otros, que merecen la atención.

Por: Cristian Mira
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