29 de abril de 2019 14:26 PM
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Cerdos for export

La fiebre porcina que azota a China, y que ha diezmado su producción en niveles históricos, abrió una puerta en el mercado global de carnes que el país parece no estar dispuesto a desaprovechar.

Al menos esta vez el Gobierno ha demostrado tener timing para aprovechar una oportunidad que asoma jugosa. En la semana en la que el dólar volvió a demostrar que está vivo y es un animal peligroso, en el momento en que el riesgo país nos indica que el mundo está lejos de mirarnos con cariño, en la Casa Rosada le pusieron un pleno al sector productivo.

Cuesta creerlo en esta Argentina de tasas por las nubes que hace que tomar financiamiento para desarrollar proyectos sea algo así como una quimera. Sin embargo, la fiebre porcina que azota a China, y que ha diezmado su producción en niveles históricos, abrió una puerta en el mercado global de carnes que el país parece no estar dispuesto a desaprovechar.

Por eso es que el secretario de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, hizo las valijas y se marchó a Pekín, ignorado por los medios que gastaron todo el cargador en su afán por describir el sismo financiero que padeció el país en los últimos días.

Tal es el impacto de la denominada fiebre porcina africana que la mortandad de animales no ha provocado una hendija en aquel lejano mercado, sino que abrió la puerta de par en par para que los productores de todo el mundo se anoten como proveedores del Gigante.

La fiebre africana, para la cual no existe tratamiento ni vacuna, se ha expandido en cada provincia china y atravesado la frontera, afectando también a Camboya, Mongolia y Vietnam. Según el banco alemán Rabobank, China producirá alrededor de 200 millones de cerdos menos debido a esta enfermedad en 2019. Una baja sensible con respecto a los 700 millones de cabezas faenados el año pasado.

Según explican los especialistas, el primer impacto ya se sintió y tiene que ver con el alza del precio, lo cual no hizo más que azuzar la inflación china. El Gobierno ha implementado una serie de medidas, entre ellas nuevas exigencias en materia de higiene, garantías y la restricción en el transporte de chanchos.

Según explicó Christine McCraken, analista del Rabobank, el Gobierno no estaría en condiciones de controlar todo el mercado y por estas horas los productores continuarían comercializando animales infectados, lo cual facilitaría la expansión de la enfermedad hacia todos los rincones del país.

En medio de este caos porcino es que llegó Etchevehere a China, buscando hacer pie en ese mercado y volver realidad el pacto comercial firmado cuando Xi Jinping visitó la Argentina. Un acuerdo, como buena parte de los rubricados entonces, que cuesta hacer realidad.

La primera pregunta que surge ante este panorama es si la Argentina está en condiciones de abastecer aunque más no sea una mínima parte de la demanda china. Si puede tomar una pequeña porción de esa torta por la cual todos se dan codazos, entre ellos Estados Unidos y Brasil, productores de reconocidos kilates.

Según los datos brindados por el consultor agropecuario Marcelo Posada en su habitual columna publicada en el suplemento de Economía de La Prensa, “el consumo aparente de carne de cerdo creció en el último año casi un 10%, alcanzando los 14 kg/habitante/año”. Y agrega: “Los indicadores sectoriales muestran que la producción porcina atraviesa una fase expansiva, creciendo año a año el número de animales faenados, el volumen producido y el precio pagado al productor”.

La porcina ha sido hasta ahora una actividad dedicada por completo al consumo interno. “Surgió en la Argentina como una producción secundaria, complemento de la agricultura cerealera; de hecho, su asentamiento territorial histórico coincide con la zona maicera tradicional (la llamada zona núcleo, que comprende parte de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba)”, sostiene Posada.

En la Argentina habría alrededor de 4.000 establecimientos productores de porcinos. El 72% posee menos de 50 madres y envían a faena el 8% del total que se sacrifica anualmente; los establecimientos que poseen entre 51 y 100 madres son el 10% del total y remiten el 6% de toda la faena nacional; y las unidades que poseen más de 100 madres en producción son el 18% del total y explican el 73% de la faena.

El experto es contundente: “A nivel externo, Argentina es solo el 0,4% de la producción mundial y el 0,1% del comercio internacional de cerdo; es decir, no tiene peso específico alguno. Plantear una orientación exportadora para incrementar esa participación requiere que como paso previo se mejoren notablemente los estándares productivos, los cuales, como se mencionó, son notablemente inferiores a los de países vecinos como Chile o Brasil que, actualmente, exportan 15 (Chile) y 70 (Brasil) veces más que Argentina”.

Las cifras nos condenan, pero el tesón parece ser irreductible. Del otro lado de la línea, en Córdoba, atiende su celular Lisandro Culasso, presidente de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP). Su entusiasmo es difícil de ocultar. Cree, como el resto de los productores, que pese a todo algo se le podrá vender a China.

“La Secretaría nos ha prometido el acuerdo con China. Ya fallaron tres veces, pero ahora hay muchas posibilidades a partir de la crisis del sector porcino en ese país. Cada vez estamos más cerca”, le explica a La Prensa el dirigente y productor agropecuario.

Según resalta, todos los protocolos están acordados y “sólo faltan algunos detalles técnicos. Tenemos todas las expectativas”. Tan es así que en diez días estará viajando, junto a otros representantes de ArgenPork, el consorcio exportador argentino, a la SIAL de Shanghai, la feria internacional de alimentos más grande del mundo.

Ya estuvieron en las ediciones de París y Moscú, y desde el 12 de mayo montarán el stand en China para ganar aunque más no sea un pequeño espacio en ese codiciado nicho comercial. Otra vez surge la pregunta: ¿Hay escala de producción para venderle a los chinos?

“La mitad del cerdo del mundo lo produce China y lo consume. Nadie está preparado realmente para abastecer semejante mercado, pero en la Argentina tenemos mucho potencial. China te compra todo lo que tenés en stock”, dice Culasso.

Y agrega: “Argentina tiene todas las condiciones para producir cerdo barato. Brasil es la competencia principal en la región. Chile también exporta, y aunque produce más caro ha logrado asegurarse mercados importantes como Corea y Japón”.

Aunque parezca increíble, hasta junio del 2017 Argentina no había exportado nunca carne de cerdo. De hecho, el país tiene 130 mercados abiertos en el mundo para la carne vacuna y tan sólo 13 para los porcinos. Lo que viene es ir tanteando el mercado. “Primero se comienzan enviando cortes grandes, como puede ser una media res. Luego se evoluciona hacia otros cortes industriales con la idea de agregar valor a medida que se va conociendo y abriendo el mercado”.

“China va a tener una necesidad enorme de carne porcina y ahí debemos estar nosotros. La demanda china hará que falte carne en todo el mundo, y eso tirará los precios hacia arriba. Entramos en ese juego”, culmina Culasso. Luego saluda y corta la comunicación. Está apurado, se va para China.

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