7 de mayo de 2019 14:00 PM
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La inteligencia artificial y su aporte al vino

La inteligencia artificial también llega a los parrales para apoyar la tarea del hombre.

Hoy no se concibe producir sin el uso de datos, de estadísticas, sin internet, sin la computadora. Todo se hace veloz o lento, preciso o impreciso. Todo depende de cómo usamos esos datos. Cómo, cuándo y por qué es la clave para cumplir objetivos. Y la inteligencia artificial es clave.

El término inteligencia artificial representa un conjunto de disciplinas de software, lógica, informática y filosofía que están destinadas a hacer que las PC realicen funciones que se pensaba que eran exclusivamente humanas, como percibir el significado en el lenguaje escrito o hablado, aprender, reconocer expresiones faciales, etc.

Desde el punto de vista económico, resulta muy atractivo que las máquinas puedan realizar tareas para las que se solía requerir la intervención humana. Una solución de inteligencia artificial eficaz puede ‘pensar‘ más rápido y procesar más información que cualquier cerebro humano.

La inteligencia artificial también presenta el potencial de ampliar las capacidades humanas a lugares donde las personas tienen dificultades para llegar, por ejemplo, al espacio exterior o ubicaciones remotas en la Tierra donde podrían resultar útiles habilidades humanas como los conocimientos médicos.

Lo explica muy bien John Kennedy, un editor y premiado periodista tecnológico que publica en Siliconrepublic.com, un galardonado sitio web de noticias sobre tecnología irlandesa. Allí afirma Kennedy que las herramientas inteligentes para el clima, las supercomputadoras y los sensores podrían darnos vinos más baratos y de mejor sabor.

Kennedy explica en un artículo recientemente publicado que un proyecto de investigación dirigido por Irlanda apunta a aprovechar el poder de las supercomputadoras para ayudar a los viñedos de todo el mundo a mejorar la calidad y el rendimiento de la uva.

El proyecto Climate Smart Predictive Models, liderado por el Grupo de Software y Sistemas de Telecomunicaciones (TSSG ) del Instituto de Tecnología de Waterford, es solo uno de los nueve estudios de casos de la vida real que se monitorean en las industrias de cultivos, pesca y ganadería en 14 países.Los sensores se colocan en viñedos en España, y los datos que producen se envían a una supercomputadora que rastrea el impacto del cambio climático y activa alertas de alerta temprana para las heladas y otros eventos climáticos potencialmente devastadores para las vides.

‘Este es un gran ejemplo del uso de las TIC para la agricultura inteligente, y en particular el uso de supercomputadoras para procesar grandes cantidades de datos que pueden ayudar a mejorar las prácticas agrícolas futuras‘, dijo el Dr. Sasitharan Balasubramaniam, director de investigación de TSSG.

El proyecto forma parte del programa Cybele, financiado con fondos comunitarios por 14 millones de euros, que reúne a agricultores, consultores y expertos en tecnología trabajando de la mano durante tres años para reducir el desperdicio de alimentos, mejorar el bienestar animal y aumentar la calidad y el rendimiento en la producción de alimentos en toda la Unión Europea.

Cybele está examinando cinco estudios de casos basados en cultivos, así como cuatro en ganado, dos de los cuales involucran peces y los otros dos en la cría de cerdos. Otras líneas del proyecto analizan la producción óptima de soja rica en proteínas, reduciendo la contaminación potencial del exceso de alimento para peces y aumentando el bienestar animal en la cría de cerdos.

‘Un tercio de los alimentos producidos en todo el mundo se pierde o se desperdicia todos los días‘, explicó el Dr. Steven Davy de TSSG. ‘Esto tiene un impacto económico y ambiental masivo”.

‘La agricultura es un negocio de gran volumen a menudo plagado de baja eficiencia operativa. Uno de los principales obstáculos es que muchos agricultores no están muy centrados en la tecnología. Ahora estamos dando a los asesores agrícolas las herramientas para cerrar la brecha entre la tecnología y los agricultores.

‘Rutinariamente confiamos en supercomputadoras de miles de millones de euros para la secuenciación del ADN, la predicción del tiempo y más. Procesan en segundos los datos que recopilaremos en los proyectos de cultivos y ganado, utilizando satélites, drones, sensores y más. Analizar los hallazgos tradicionalmente podría llevar semanas.

‘Nuestro objetivo final bajo el proyecto Cybele, financiado por Horizon 2020, es producir tecnología que revolucionará la agricultura, reducirá la escasez y aumentará el suministro de alimentos, aumentará significativamente el bienestar animal y traerá beneficios socioeconómicos y ambientales‘, agregó Davy.

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