14 de mayo de 2019 00:46 AM
Imprimir

Distocia en búfalas: complicaciones obstétricas

CompartiremailFacebookTwitterDr. Daniel Mota Rojas. Neurofisiología del estrés, comportamiento y bienestar de los animales domésticos y silvestres. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Editor en Jefe del libro Bienestar animal, una visión global en Iberoamérica. México. Consejo editorial de la revista “Journal of Buffalo Science” Lifescience Global, Canadá. Prof. Dr. Fabio Napolitano. Experto y líder de investigación (120 artículos en […]

Dr. Daniel Mota Rojas. Neurofisiología del estrés, comportamiento y bienestar de los animales domésticos y silvestres. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Editor en Jefe del libro Bienestar animal, una visión global en Iberoamérica. México. Consejo editorial de la revista “Journal of Buffalo Science” Lifescience Global, Canadá.

Prof. Dr. Fabio Napolitano. Experto y líder de investigación (120 artículos en JCR del ISI) en temas de comportamiento, alimentación y bienestar de pequeños y grandes rumiantes con énfasis en búfalo de agua. Scuola di Scienze Agrarie, Forestali, Alimentari ed Ambientali, Università degli Studi della Basilicata, Potenza, Italy. Ha sido miembro del Comité Científico de revisores externos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y actualmente es Editor en Jefe de la revista “Journal of Buffalo Science” Lifescience Global, Canadá.

Dr. Julio Martínez Burnes. Especialista y líder de investigación en Patología, Ginecobstetricia y Perinatología animal. Coautor del libro “Perinatología y Ginecobstetricia Animal”. Profesor-Investigador en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Autónoma de Tamaulipas, Ciudad Victoria, Tamaulipas, México.

Prof. Dr. Giuseppe De Rosa. Experto y líder de investigación en temas de pequeños y grandes rumiantes con énfasis en búfalo de agua. Aporta a las ciencias del comportamiento y bienestar animal con más de 100 artículos científicos en el JCR del ISI. Dipartimento di Agraria, Università degli Studi di Napoli Federico II, Portici, Naples, Italy. 

Dra. Ada Braghieri. Investigadora experta en temas de comportamiento y bienestar del búfalo de agua en Italia con más de 80 artículos científicos en el JCR del ISI.  Scuola di Scienze Agrarie, Forestali, Alimentari ed Ambientali, Università degli Studi della Basilicata, 85100 Potenza, Italy.

Dr. Miguel González Lozano. Profesor investigador en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Ciudad de México, México. Coautor del libro Perinatología y Ginecobstetricia Animal.

Prof. Dr. Agustín Orihuela Trujillo. Profesor-Investigador en la Facultad de Ciencias Agropecuarias, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos, México. Líder Latinoamericano en el área de Comportamiento y Bienestar Animal, con más de 130 artículos científicos consignados en el JCR del ISI.

 

Introducción

Los búfalos (Bubalus bubalis) representan una especie importante en todo el mundo para la producción de carne y lácteos y constituyen un recurso importante en la economía doméstica en algunas regiones. En cuanto a los sistemas productivos de búfalos predominan los extensivos, sin embargo, los sistemas intensivos también están creciendo en otros países con prospectivas importantes como industria atrayente y rentable.

Los búfalos de agua (Bubalus bubalis) son grandes rumiantes que juegan un rol  importante en las vidas de millones de seres humanos como fuente de leche, carne, energía de tiro y transporte en varios países en desarrollo de Asia, incluida la India. La resistencia a las enfermedades, la capacidad de adaptarse a diversas condiciones climáticas, la mayor digestibilidad de los pastos de baja calidad, el crecimiento más rápido y el aumento de peso corporal en los búfalos muestra su versatilidad y capacidad para contribuir positivamente a la producción ganadera sostenible (Naveena y Kiran, 2014; Guerrero-Legarreta, 2018).

Un descenso en la eficiencia productiva y reproductiva en búfalos de agua (Bubalus bubalis), representa un factor de riesgo para los ganaderos, veterinarios y zootecnistas dedicados a la producción bufalina. La búsqueda de estrategias para modificar o mejorar los métodos de manejo, producción y reproducción es un desafío.

El proceso de parto en ganado doméstico del género Bos y Bubalus incluye tres fases, la fase preparto con el inicio del parto, el parto o la expulsión de terneros y culmina con la tercera fase: la expulsión de las membranas fetales. El parto representa para la madre y su cría (becerro) un período crucial (Schuenemann et al., 2011), marcado por una serie de alteraciones hormonales, de comportamiento y físicas. La identificación e interpretación de los signos clínicos que predicen el inicio del parto es clave, ya que algunas búfalas pueden experimentar distocia (Streyl et al., 2011). Las predicciones precisas de la aparición del parto son, por lo tanto, críticas para el bienestar de la búfalas y de los becerros, ya que puede garantizar la oportuna intervención obstétrica. Existe escasa información sobre la inducción del parto en búfalos, por lo que los ganaderos dependen principalmente de su experiencia clínica y de algunos informes sobre los métodos utilizados para inducir el parto en el ganado doméstico lechero del género Bos, asumiendo que son igualmente aplicables a los búfalos (Rabidas et al., 2015). Los problemas reproductivos en el parto de búfalos son de relevancia. La frecuencia de la distocia puede ser alta en algunos rebaños de búfalos y puede causar una mortalidad significativa en los recién nacidos, por lo tanto, es necesario analizar el repertorio conductual de primerizas y multíparas en la etapa perinatal, considerar los factores predisponentes e identificar las señales necesarias de cuando el parto eutócico se torna distócico (Murty et al., 1999; Nanda et al., 2003; Amin et al., 2011).

¿Qué tan relevante es la distocia en búfalas?; Khan et al. (2009), analizaron la incidencia de partos anormales en búfalos en diversos informes y encontraron que oscilaba entre el 5.6-12.6% en búfalas Murrah, el 8.94% en Jaffarabadi y entre el 4.6 y el 5.4% en el búfalo Surti. Las razones de una incidencia tan baja en el búfalo podrían deberse a diferencias anatómicas entre el ganado doméstico del género Bos  y el búfalo (Purohit et al., 2012). Los búfalos tienen una pelvis más amplia, un área mayor del íleon, una quinta vértebra sacra libre y fácilmente separable  (Kodagali, 2003), canales vaginales de pequeño tamaño fácilmente dilatables y labios vulvares alargados y muy separados (Agarwal y Tomer, 1998). Estas diferencias anatómicas significan que la primera y la segunda etapa del parto en la búfala se pueden completar fácilmente en 20 a 70 min (Mody et al., 2002; Purohit et al., 2012).

El objetivo del presente escrito es dar a conocer las principales complicaciones debido a factores maternos durante la distocia en búfalas. En el documento se abordan los temas relacionados con torsión uterina, cesárea, prolapsos vaginales y uterinos; así como la retención de membranas placentarias con la intención de dar a conocer los alcances e información en ginecobstetricia de la búfala de agua (Figura 1).

PROBLEMAS REPRODUCTIVOS DURANTE EL PARTO

Debido a que el proceso del parto es doloroso para las búfalas y vacas, éstas se vuelven notablemente inquietas justo antes del parto. Quizás este estado de considerable incomodidad es lo que las lleva a permanecer erguidas antes del parto (Huzzey et al. 2005). Además, inmediatamente después del parto, deben iniciar el contacto físico con el ternero para identificarlo y alimentarlo. Por estas razones, normalmente permanecen en pie durante la fase inicial postparto para facilitar la succión adecuada, aunque esto conlleva molestias. A continuación iniciaremos describiendo el proceso de distocia y algunos factores que la favorecen.

DISTOCIA

Las observaciones conductuales son clave para identificar el momento oportuno de cuando un parto normal se torna distócico.  Debido a que la distocia ocurre con frecuencia en los hatos de búfalas y causa una alta mortalidad entre los recién nacidos, es necesario analizar los rasgos de comportamiento de parturientas primíparas y multíparas en la fase uno del parto, ya que esto nos permitirá discernir las variaciones que pueden indicar posibles nacimientos distócicos. Las búfalas que experimentaban distocia estan inquietas, a menudo patean el suelo, observan la región abdominal y encorvan la espalda (Derar y Abdel-Rahman, et al., 2012).

Meijering  (1984), argumentó que en distocias en bovinos cuando el feto no puede ser expulsado puede causar acidosis severa debido a la deficiencia de oxígeno y un bajo pH sanguíneo, efectos que pueden deteriorar el rendimiento de los órganos vitales del neonato y ocasionar daños neuronales, reducir la vitalidad general y disminuir las tasas de supervivencia. En el estudio de Bayram et al. (2015) realizado en vacas lecheras Holstein, encontraron que el índice de mortinatos aumentó con el peso del becerro al nacer; un resultado que puede explicarse por la desproporción feto-pélvica, es decir entre el tamaño de la pelvis de la madre y del producto (Lombard et al., 2007).

Estudios realizados en búfalas primíparas (novillas) y multíparas con evidencia de distocia revelan que no sólo tenían pulso y frecuencia respiratoria anormalmente altas en la primera etapa del parto en comparación con las búfalas con partos normales (eutócicos), también presentaban niveles de cortisol significativamente elevados (Derar y Abdel-Rahman, et al., 2012); biomarcadores que indican estrés agudo (segundos o minutos) y crónico (horas) causados por distocia. Continuando con el proceso fisiopatológico y documentado por otros autores se produce una secreción significativa de ACTH, que estimuló a la corteza suprarrenal para aumentar la producción de glucocorticoides, incluido el cortisol (McDonald, 1969; Burchfield et al., 1980; Stephens, 1980; Kindahl et al., 2002). Analizar estos problemas es clave porque la alta frecuencia de distocia en búfalos causa una alta mortalidad entre los recién nacidos (Mohammad y Abdel Rahman, 2013).

Respecto a la presencia de bacterias en el útero durante el periodo periparto, se ha demostrado que la incidencia de anaerobios obligados combinados con Actinomyces pyogenes alcanzó su nivel máximo en búfalas con distocia (Jadon et al., 2005). Asi mismo, los nacimientos anormales, donde se incrementa la manipulación obstétrica regularmente séptica, pueden llevar a los microorganismos patógenos a colonizar la vagina y el útero, lo que podría causar vaginitis y metritis puerperal. Como se mencionó anteriormente, la distocia es común en los búfalos, especialmente cuando se presenta torsión uterina (Singh y Nanda, 1996), lo que predispone a infecciones posparto en el útero (Jadon et al., 2005; Singh et al., 1997).

TORSIÓN UTERINA

Una causa severa y particularmente común de distocia reportada en bovinos domésticos del género Bos (Noakes et al., 2009) y búfalos (Bubalus) (Murty et al., 1999; Nanda et al., 2003; Amin et al., 2011) es la torsión uterina, que pone en peligro la supervivencia tanto del feto como de la madre. Esta afección ocurre al final de la gestación cuando el útero grávido puede girar a lo largo de su eje longitudinal, lo que causa una compresión vascular grave en el útero [Roberts, 1986; Noakes et al., 2009; Frazer y Perkins 1996; Aubry et al., 2008]. Frazer et al. (1996) proponen que esta afección puede ser causada por fetos machos de tamaño especialmente grande (Baker, 1988; Noakes et al. 2009). Una segunda posible explicación para la incidencia de torsión uterina es una baja cantidad de líquido amniótico para las dimensiones del feto y el útero (Schonfelder y Sobiraj, 2005)(Figura 2).

Otros indicadores concomitantes a los signos clínicos de la torsión uterina en los búfalos pueden ser la anemia normocrómica normocítica y la leucocitosis, con neutrofilia y monocitosis como hallazgos asociados comunes (Amer y Hashem, 2008). En el análisis bioquímico del plasma sanguíneo se encontraron también alteraciones sustanciales en los niveles de LDH, nitrógeno ureico en sangre, albúmina,  creatinina y glucosa (Purohit et al., 2013).

Las tasas de mortalidad fetal y materna en vacas (bovino doméstico del género Bos) y búfalas (Bubalus bubalis) que sufren torsión uterina, varían ampliamente debido a dos factores especialmente importantes; el grado y la duración de la torsión, los cuales pueden ser determinantes en el destino de la madre y la cría (Frazer y Perkins 1996; Amin et al., 2011; Amer et al., 2008). Si la torsión no se resuelve oportunamente, es probable que se produzca un infarto hemorrágico debido a la creciente intensidad de la oclusión o compresión arterial (Noakes et al., 2009; Shadinger et al., 2008). El útero de las búfalas tiene rasgos específicos que podrían predisponerlo a girarse o doblarse al final de la gestación. La primera es que los fetos de búfalo tienden a ser más pesados ​​que los terneros lecheros del género Bos; el segundo, es la baja relación entre el líquido amniótico respecto del  tamaño fetal (Amer et al., 2008). En estas condiciones, los movimientos bruscos del feto pueden favorecer que el útero se doble o se enrolle. Para complicar más las cosas, la torsión puede ocurrir justo antes del término de la preñez y puede ser difícil de diagnosticar debido a la ausencia de sígnos clínicos definitivos. Esto significa que podría transcurrir mucho tiempo antes de que la afección se diagnostique con precisión. Finalmente, existe evidencia de que esta condición puede afectar adversamente las funciones hepáticas y renales de la madre (Ali et al., 2011).

 

CESÁREA

La cesárea es la extirpación quirúrgica del feto. Esta técnica se usa a menudo en emergencias, cuando se presentan distocias, se han agotado todas las posibilidades y no ha sido posible extraer al feto. El dilema entre optar por la fetotomía frente a la cesárea gira en torno a las bajas tasas de supervivencia de las madres y los efectos sobre su fertilidad futura (Singh et al., 2013). Curiosamente, mientras que las cesáreas se han realizado durante siglos en muchos lugares, la literatura científica contiene solo descripciones deficientes de la técnica.

Es común que la cesárea se utilice en casos de torsión uterina no resueltos. Una segunda afección que puede llevar a tomar la decisión de practicar una cesárea involucra fetos de gran tamaño o malformados que causan un parto vaginal difícil debido a la desproporción feto-pélvica. Aquí, no hay más remedio que realizar una cesárea. Anomalías tales como la hidrocefalia, la ascitis y la anasarca son la tercera causa más frecuente para recurrir a la cirugía.

Los estudios de Roberts [1986], que trataron la torsión rodando a la vaca con una tabla, y Frazer y Perkins [1995] que eligieron realizar cesáreas, documentaron sus resultados y las tasas de supervivencia de vacas y terneros. En el primero, la madre se colocó en posición lateral reclinada en la dirección de la torsión en una pendiente ligeramente inclinada amortiguada con paja. Se colocó un tablón de tamaño y forma adecuados en su flanco, y una persona que pesaba unos 75 kg se colocó sobre el tablón mientras la vaca avanzaba lentamente en la dirección de la torsión. Algunas veces fue necesario repetir esto para resolver completamente la torsión (Ali et al., 2011). En los casos que requirieron cesáreas, se aplicó analgesia local con lidocaína al 2% (Norbrook Laboratories) mientras la vaca estaba parada. La dosis de 10 mg / kg se administró por infiltración lineal en su flanco izquierdo antes de proceder a la cirugía. La etapa de gestación es un factor importante al elegir el mejor método para corregir la torsión, ya que la rotación fue más efectiva en casos de gestación a término completo y en algunos otros de preñez tardía. Las cesáreas se planearon en 19 casos, pero cuatro de las vacas murieron antes de que pudieran ser tratadas. En ambos estudios, las condiciones de la madre y el feto se registraron cuidadosamente después de completar los procedimientos respectivos (Hussein, 2013).

PROLAPSO RECTAL Y VAGINAL

Otro problema reproductivo importante en los búfalos es el prolapso vaginal previo al parto (Azawi, 2010), que puede involucrar factores etiológicos atribuibles a una alimentación inadecuada (Ahmed et al., 2005), trastornos hormonales (Galhotra et al., 1991), factores de manejo estacional (Akhtar et al., 2010), y / o predisposición genética (Nanda y Sharma, 1982). Los niveles altos de estrógenos y la secreción de relaxina pueden distender y relajar excesivamente los ligamentos pélvicos y las estructuras de tejidos blandos cercanos (Wolfe, 2009). Así también niveles bajos de progesterona (Zicarelli, 2000) en búfalas se han encontrado asociados a prolapso vaginal(Figura 3). Es importante denotar que algunos informes citan prevalencias extremadamente altas (43%) de prolapsos en búfalos (Samad et al., 1987). Algunos investigadores sospechan que los partos forzados pueden ser un factor etiológico adicional involucrado (Noakes et al., 2001). En dichos estudios, los suplementos de calcio y fósforo se aplicaron una vez por infusión intravenosa lenta (450 ml de Mifex, Novartis®) porque los autores supusieron que la hipocalcemia podría ser en parte responsable del prolapso o también la cistitis (Kumar et al., 2015).


RETENCIÓN DE MEMBRANAS FETALES

En las vacas lecheras domésticas del género Bos, la frecuencia media de retención placentaria varía de 4 a 18% (Han y Kim, 2005), aunque otros estudios reportan cifras muy por encima de los límites normales (hasta 33.33%). Peters y Poole (1991) y Kask et al. (2000) encontraron índices aumentados de retención placentaria en vacas lecheras cuando se indujo el parto con prostaglandina F2 alfa. La alta incidencia de esta condición puede atribuirse a la falta de tono, a la involución lenta o el daño al útero debido al estrés mecánico ejercido durante los partos difíciles (Klerx y Smolders, 1997)(Figura 4). Así como en otros informes (Erb et al., 1985), la distocia se relacionó con la aparición de retención placentaria, quizás debido a gestaciones cortas que pueden no permitir que la placenta madure adecuadamente. Si bien, los periodos de gestación más cortos se han relacionado con frecuencias más altas de este trastorno, el sexo del feto no ha mostrado ninguna relación con la retención placentaria. Finalmente, la alta tasa de mortalidad de terneros en estas condiciones puede ocurrir porque la placenta se separa prematuramente, combinada con una mayor frecuencia de inercia uterina o cese de las contracciones uterinas lo que ocasiona que se eleve la predisposición a manipulación obstétrica séptica (Rabidas et al., 2015).

Un estudio en vacas negras japonesas (Japanese Black cows) reportó índices de concepción más bajos en casos de distocia y mortinatos en comparación con las madres que tenían partos normales (Sasaki et al., 2014). Una reducción de la tasa de fertilidad se puede asociar con muerte fetal  (Bicalho et al., 2008; Maizon et al., 2004; Hearnshaw et al., 1984), tasas más altas de retención placentaria, metritis [Bicalho et al., 2007], o partos asistidos, lo que puede acarrear intervalos entre partos más largos y mayor número de días abiertos (Sasaki et al., 2014).

Conclusiones

La eficiencia productiva y principalmente reproductiva de las especies de búfalos es un desafío para los propietarios de granjas y los profesionales, por lo que se requiere un conocimiento profundo de los problemas reproductivos en el parto. Los diferentes estudios revisados indican la alta frecuencia de distocia en hatos de búfalos y una causa importante de mortalidad neonatal.

Los orígenes de la distocia incluyen la torsión uterina y el prolapso vaginal prepartum. La retención placentaria también es frecuente, y la incidencia de infección uterina clínica o subclínica es mayor en búfalos que en los bovinos domésticos y no debe ser descartada ya que afecta la tasa de fertilidad.  Las muertes fetales en búfalos representan también un problema importante asociado con varios factores y con importantes pérdidas económicas,  no solo por la mortalidad de terneros sino también por la productividad de las búfalas, lo que reduce la rentabilidad de las explotaciones.

La comprensión de la fisiología, el comportamiento y los signos de nacimiento pueden favorecer los nacimientos eutócicos y reducir y acotar las distocias. En el presente artículo no se ha comentado sobre los efectos adversos de las iatrogenias, la falta de información regularmente permite que se incremente el error humano que es otro factor que favorece las distocias. Algunos ejemplos comunes son: la repetición obstétrica séptica, uso de cuerdas sépticas para jalar al feto, uso y abuso de aceleradores del parto; pero sobre todo la falta de experiencia para identificar el momento oportuno de la intervención obstétrica.

Si deseas seguir actualizándote en temas relacionados con el Búfalo, te invitamos a que consultes la revista Journal of Buffalo Science (Figura 5) en la siguiente liga: 

http://www.lifescienceglobal.com/journals/journal-of-buffalo-science

Fuente:

Publicidad