30 de noviembre de 2009 19:34 PM
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Chile  –    Sylvia von Appen   >>>   Una innovadora en ganadería

Esta veterinaria fue la primera en traer un ecógrafo para trabajar en reproducción bovina; trabajó en la adaptación al país de varias nuevas razas de vacunos, incluido el wagyú. Administra y asesora varios campos, incluso uno en Argentina con 15 mil animales. Todo en un área donde, aún hoy, los hombres son mayoría.

La conversación fue rápida.-Venía a ver la posibilidad de trabajar con usted, fue la propuesta de Sylvia, con poco más de 23 años. Tenía puesta sus esperanzas en el ganadero que tenía al frente. La respuesta llegó rápido.-Creo que mejor vaya a la peluquería….
El desconcierto la inundó. No sabía si era por la inmensa mata de pelo crespo que la corona o que la enviaba a buscar un trabajo que nada tenía que ver con sus habilidades.
Pero Sylvia von Appen no se amilanó. Quizá todavía sin el desplante del que hace gala hoy, dio las gracias y siguió con su búsqueda. No estaba, ni está en ella, dejar de enfrentar desafíos. Mal que mal, había entrado a estudiar en contra de los deseos de su padre, el empresario naviero Sven von Appen, quien a mediados de los 80 no veía la razón para que sus hijas entraran a la universidad."Fue una rebelión fuerte. Yo quería estudiar, aunque no tenía muy claro qué. Pintaba y por eso pensaba en arte. También me atraían sicología, ciencias y veterinaria, porque me gustaban los animales. Lo que sí sabía era que a la universidad entraba", dice con una continua sonrisa que le achica los ojos azules.Entró a Veterinaria de la Universidad de Chile. Un mundo donde no había, precisamente, muchas mujeres (sólo 10 entraron ese año). Y se convirtió en especialista en animales mayores, uno donde hasta hoy -incluso en otros países donde la especialidad está más difundida- las mujeres escasean. No sólo ha sido una mujer en un mundo de hombres, sino que le ha aportado innovación, incorporando nuevas tecnologías para bovinos de carne y leche en los campos que administra, tanto en el sur de Chile, como en Argentina, donde maneja uno con "sólo" 15 mil animales.Destila energía, en los gestos, en el tono, en las palabras. La misma que mientras cursaba veterinaria le permitía repartir sus días entre los estudios, las clases de aeróbica que dictaba, la venta de queso y las ayudantías. Los fines de semana, su pasión por aprender, la hacía ofrecerse para ayudar a los profesores y así hacía práctica en caballos y vacas."Quería tener mi propia plata, la independencia que me daba ganarme mis pesos", dice como explicación a tanto esfuerzo.
 
Cinco años después, en 1987 y con un promedio 6,8, salió titulada. Para conseguirlo hizo una tesis en leucosis bovina reproducida en conejos, primera vez que se hacia en el mundo. Significó poner en una bodega en el campo las jaulas de casi 200 conejos y experimentó hasta que reprodujo la enfermedad.Un paso por la Universidad de Hanover, en Alemania, y por Nueva Zelandia la pusieron a la vanguardia de la veterinaria de animales mayores. Con todo el legajo de conocimientos regresó entonces a Chile. Y ahí fue cuando la mandaron a la peluquería.Pero no fue a la peluquería, sino al sur, aunque su primer trabajo no fue con vacas."Me lo consiguió Agustín (el nombre de su marido es permanente en su conversación) en producción de ciervos en el campo de Eugenio Ebel", cuenta hoy.El primer ecógrafoPero lo suyo eran las vacas y los caballos. Por eso, no dudó cuando tuvo la posibilidad de entrar a trabajar en producción de carne en el fundo Molco, que los Avayú -dueños entre otros de Indumotora- tienen en Choshuenco. Al año administraba el campo. Tenía 24 años."Era un ex complejo maderero que había que reconvertir en un plantel productivo. Tuve que cerrar un aserradero de 70 personas. Enfrentar eso es algo que nadie enseña. Había que dar la cara, intentar reubicar a la gente".Son cerca de mil animales que hoy tienen un rendimiento de 500 kilos por hectárea. Muchos de los que trabajan fueron los que antes estaban en el aserradero."La tecnología en esto es básica, pero también lo es la gente que esté capacitada para usarla. Entonces se preparó a esos ex trabajadores forestales. Hubo que enseñarles a identificar terneros desde el nacimiento, cómo se marca, cómo se elige la madre, la parte reproductiva, la parte de alimentación. Los resultados muestran que se puede", cuenta.Como consultora pronto tuvo otros clientes. En Cooprinsem estuvo a cargo del programa de transferencia de embriones de Temuco hasta Punta Arenas.En esa época, la inseminación y posterior comprobación de la preñez se hacía al tacto. El ecógrafo era usado en caballos, pero en vacas, se consideraba poco rentable. Sylvia con su marido importaron el primer aparato para ser utilizado en bovinos, al menos en lo que se refería a reproducción."Era para nosotros una inversión no menor. En esa época hacíamos números para llegar a fin de mes. Pero sentimos que el ecógrafo haría más eficiente el trabajo. No sólo mejoraba el nivel de preñez, sino que disminuía la cantidad de días que se tenía a la vaca abierta. Significaba un ahorro de 25 días en la detección, y eso significa un montón de leche y de plata perdida para cualquier ganadero. Era una tecnología que estaba dando vueltas en el mundo, pero que en Chile, a pesar de los beneficios y de que no cobrábamos por su uso, no enganchaba. Recién hace cinco o seis años empezó a usarse en forma más masiva", comenta.Lo instalaban en el campo con un convertidor de voltaje para la batería y una lona para conseguir la oscuridad para ver la pantalla.El salto en eficiencia fue importante. De palpar 500 a 800 vacas a mano al día, pasaron a 1.600. "Claro que Agustín modificó el aparato para volverlo más eficiente y menos invasivo". Y la reproducción mejoró: de menos de 30% de preñez en embriones congelados pasaron a entre 55 y un 75%.Fue el primer paso en lo que considera los cuatro pilares para que la ganadería tenga éxito: reproducción, alimentación, genética y medicina preventiva.Trabajaría luego con Mario Meyer, donde multiplicó los Limousine que el dueño de Mulpulmo ya tenía.
A poco de partir, le causó gran sorpresa al encargado encontrarse en los galpones con Sylvia antes de las 5 am.- ¡Para qué está aquí tan temprano!- Tengo que ver la alimentación, dijo ella.- ¡Si le vamos a dar las raciones!, fue la respuesta.- ¡Es que no basta con darles raciones bonitas!, argumentó la veterinaria."No entendían que había que hacer lectura de comederos, ver cuánto consumió el animal y ahí establecer la ración", rememora.La reproducción y el manejo de genética fue lo que aplicó tanto en el trabajo de razas instaladas en el país, como la hereford, y los angus rojo y negro, los que trabajó en el fundo California de Osorno, de Ricardo Hevia; pero también con otras nuevas en esa época como piedmontes y simental.También estuvo en la introducción del wagyú, la raza de alta demanda por parte de los nipones. La idea nació de Fernando Hartwig, que luego se unió a otros empresarios, quien trajo los primeros embriones. Atrás, como veterinaria, estaba Sylvia."Hubo que seleccionar los animales, reproducirlos. Después había que engordarlos. Hubo que preparar las primeras raciones. Las recetas estaban en japonés. Conseguimos un traductor y las preparamos con cebada. Se hizo en Molco. Teníamos que ver cómo andaban en el sur. Todo hubo que hacerlo muy en silencio, porque cuando se está trabajando en algo tan nuevo como eso, se copia muy rápidamente", cuenta Sylvia.Germán Stolzenbach, gerente general de Cooprinsem, reconoce el aporte. "Ella tuvo un rol muy importante en la transferencia embrionaria para la introducción de razas de carne en el país. Es una profesional que siempre se mantiene a la vanguardia, que está permanentemente incorporando tecnología e innovación al sector en los predios que administra. Cuando partió había muy pocas mujeres en clínica mayor".No sólo tecnologíaNo le gusta la ciudad. Quizá porque es una especie de transmisor energético que requiere del espacio abierto y del verde del sur, para bajar su voltaje. Parece que no puede parar. Ni sentada hablando sobre su carrera, ni cuando su hija Agustina, hoy de 8 años, tenía sólo meses. Entonces la ponía en una mochila y partía a caballo a recorrer los campos.Con más de 20 años trabajando directamente en los campos y con animales, Sylvia tiene un conocimiento profundo del sector. Reconoce que en los últimos años ha evolucionado, pero es tajante: "Aún falta mucho", dice. Especialmente en temas de manejo, alimentación y genética, agrega."Hay mucho por hacer. Hay que trabajar muy fuerte en la selección genética. Enfocarse sobre las madres y no sólo en el semen", enfatiza.
No se olvida la tecnología. Es que desde que partió la hizo parte de lo que hacía."No es llegar y copiar la tecnología. Hay que adecuarla. Pero, además hay que tener constancia de hacer las cosas. Porque mucho se prueba y se deja en el camino. La mitad de los proyectos fracasa, porque cuando hay una crisis, la tecnología es lo primero que se corta, cuando mantenerla significa mejoras y ahorro".Con la misma pasión que pone para enfrentar lo nuevo, evalúa y critica. Es lo que hace con el tema en boga del bienestar animal, el que mira con una visión más holística que sólo lo que manda el mercado. "Esto del bienestar animal es básico. Pero no porque lo esté pidiendo Europa o el mercado. Con los animales es igual como se hace para que un niño no se enferme, hay que alimentarlo y no maltratarlo. Con esto el animal va a estar sano y va a producir, sino no produce. Tampoco se trata de hacer caso en todo lo que exigen desde fuera. Porque se piden muchas cosas ilógicas. Por ejemplo, desde Europa hay países que exigen buenas prácticas para los países que les exportan, pero ellos tienen a sus animales encadenados para que engorden".Aplicarlo parece fácil, cuando se dice. Pero, en el campo el veterinario dispone, y son los encargados los que aplican. Por ello, la capacitación de todos los involucrados se transforma en una herramienta de éxito."Lo que he conseguido no es sólo por mi trabajo. Atrás mío está la gente de cada campo que pone el hombro todos los días y que hace las cosas bien, que aun cuando pueden no haber pasado por una universidad están dispuestos a aprender. Eso hay que incentivarlo, apoyarlo. Parte importante del crecimiento de una empresa va acompañado por el que su gente también pueda hacerlo y así entender qué hace y por qué lo hace".Juan Henríquez, encargado del fundo Paillahuinte, en Panguipulli, uno de los que Sylvia administra, trabajaba en el departamento de educación de Panguipulli cuando se cambió al fundo, a fines de 1986. "Trabajar con ella me permitió ir aprendiendo, ir capacitándome y especializarme en el tema de producción animal", cuenta.Al final del día, cuando la energía ya reduce en parte su voltaje, resume cómo debe enfrentarse el día a día. "No hay para qué complicarse más la vida. Hay que hacer bien las cosas esenciales, hacerlas muy bien, pero manteniendo lo simple. Hacerlas con responsabilidad. No se pueden hacer  al lote. No se puede guardar el conocimiento, hay que traspasarlo".Un aporte profesional
Ricardo Hevia, empresario y dueño del fundo California "Es una persona muy profesional, responsable y de muchos conocimientos. Es una profesional muy valiosa, y por cierto es un gran aporte para la ganadería nacional".Una estudiante con muchas ganas  Cornelia Kichner, veterinaria. "Hizo práctica conmigo. Fue una alumna con sólidos conocimientos y muchas ganas de aprender. Destacó su gran espíritu deportivo, fuerza para superar metas auto impuestas y enorme esfuerzo por ser una mujer en terreno de clínica mayor, poco frecuente en el país". Conceptos básicos En alimentación, su opción es por la pradera. "Se debe trabajar bien, con manejo de la pradera, rotación diaria del animal y cálculo de cuánto consume".Prevenir y no curar. "Es esencial trabajar la medicina preventiva. No sólo ahorra costos, sino que permite una mejor expresión de las condiciones del animal".Genética: "Es necesario invertir, pero sabiendo que es a largo plazo".También con los caballosLos caballos la apasionan. Por eso, además de utilizarlos para movilizarse dentro del campo, también ha puesto parte de su pasión en desarrollos tecnológicos. No sólo masificó el uso del semen congelado en la inseminación, sino que junto con Andreas Krausse fue pionera en el desarrollo de tecnología de traslado del semen fresco desde el sur, para cubrir yeguas de salto. Incluso trabajó con caballos chilenos.Quiénes influyeron Francisco Fuschloher, veterinario. "Cuando en primer año tenía dudas de seguir y pensaba en dedicarme a pintar, me dijo la veterinaria tiene una edad, el arte puede ser toda la vida. Me marcó y me hizo seguir en esto".Profesores como Iván Palavicino, Nelson Barría, el doctor Pinochet, Sergio Carvajal y Rubén Maldonado. "Eran verdaderos mentores. Los profesores reconocían que teníamos ganas de aprender y nos permitían acompañarlos. Nos dieron la oportunidad".

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