3 de julio de 2019 11:24 AM
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Qué es la cuota Hilton y cómo se distribuye

CompartiremailFacebookTwitterDurante los últimos años la producción de carne bovina estuvo fuertemente orientada al consumo interno, debido a que las políticas aplicadas desincentivaron la exportación. Ello favoreció el desarrollo de modelos de invernada a corral, en la cual en pos del agregado de valor del grano en origen el productor maicero subsidiaba al ganadero. Como vemos […]

Durante los últimos años la producción de carne bovina estuvo fuertemente orientada al consumo interno, debido a que las políticas aplicadas desincentivaron la exportación. Ello favoreció el desarrollo de modelos de invernada a corral, en la cual en pos del agregado de valor del grano en origen el productor maicero subsidiaba al ganadero. Como vemos no había una idea de competitividad y productividad, sino de “beneficiar” a unos sobre otros; pero quizás lo más grave fue desaprovechar el potencial productivo del campo argentino.

Actualmente, con una mirada más holística, ya no solo se piensa en el mercado doméstico, sino que también en exportar. La disyuntiva del mercado interno versus mercado externo es una falacia, ya que aumentando la producción, como efectivamente se está logrando, se puede abastecer a ambos mercados. Obviamente para ello se necesita rentabilidad, y no a costa del productor maicero, reglas de juego claras y un trabajo serio a mediano plazo.

Si finalmente se consolida la nueva mirada del negocio de la carne, dándoles un papel preponderante a ambos mercados (el doméstico y el de exportación), deberemos reconvertir nuestros sistemas actuales de producción. Muy probablemente la generación de novillos gordos en un esquema cien por ciento a corral va a ser difícil de sostener, debido, entre otras cosas, al alto costo de producción de ese tipo de animal pesado que necesita la industria de la exportación. Por lo tanto se deberá virar hacia un sistema mixto, con una recría eficiente a pradera, para luego sí darle una terminación a corral. Esto permitirá apilar las ventajas de ambos sistemas, logrando ser eficiente en la ganancia de los kilos baratos, cuando el animal es pequeño y responde a dieta proteica, para luego darle velocidad de engorde y una gordura más pareja al animal pesado que responde a dietas energéticas. Esto permite acortar el tiempo de espera para vender los animales al frigorífico y generar un flujo de fondo más importante.

Ahora bien, a la hora de analizar las raciones, debemos evitar la implementación de dietas hiperenergéticas, es decir con elevadísimo contenido de maíz, casi llegando a niveles de acidosis ruminal subclínica, lo cual si bien puede llegar a enmascarar algunos probables errores que tengamos, encarece sobremanera el alimento ofrecido, y nos obliga a la utilización de núcleos con contenido, entre otras cosas de monensina, la cual no sería necesaria si los niveles de energía y fibra se combinaran de manera diferente. Si bien este último concepto es polémico, vale aclarar que el uso de antibióticos (monensina) en las raciones de animales ya es una barrera para arancelaria en algunos mercados.

Un indicador claro de que estamos dando demasiado maíz es cuando los animales tienen heces “hediondas” o que recuerdan al olor a cerdo. Ello se debe a que atraviesa el rumen demasiado maíz sin digerir, producto entre otras cosas de los altos niveles de aporte en la ración, y como no lo llega a digerir en el intestino, ingresa al ciego donde fermenta. En este lugar el bovino no puede absorber la energía que se encuentre en el alimento digerido, siendo así excretado.

Básicamente una dieta para encierre a corral debe contar de una fuente energética (comúnmente maíz), una fuente proteica (algún tipo de expeler, como por ejemplo de soja o girasol, o de lo contrario un concentrado proteico) y finalmente una fuente de fibra.

Es en este último componente de la dieta del cual hablaremos más acabadamente en otra edición, en donde a nuestro criterio está la clave para tener raciones baratas, de alta respuesta animal (ganancia diaria de peso vivo) y que nos permitan balancear una dieta de alta digestibilidad, que evite el uso de núcleos y antibióticos. De hecho ya se ha llevado a cabo experiencias, logrando desempeños productivos muy importantes, con aumentos diarios de peso vivo del orden de 1,300 kilogramos/día al inicio del encierre, para finalizar con aumentos de 1 a 1,100 kilogramos/día, abaratando mucho la dieta y simplificando las cuestiones operativas.

En resumen, vemos en el negocio de la carne una excelente oportunidad, sobre todo para provincias fuertemente ganaderas como La Pampa, sin embargo para producir de manera sustentable, y ganando dinero en un mundo cada vez más competitivo, debemos ser ultra eficientes, ya no solo desde de lo productivo, sino que debemos preocuparnos por la parte comercial y financiera de la empresa agropecuaria.

Mariano Fava
Ingeniero agrónomo (MP: 607 CIALP) – Posgrado en Agronegocios y Alimentos

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