11 de julio de 2019 02:46 AM
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Daniel Martínez brega por mayor competitividad en el campo, “donde bajar el precio de la energía hoy es posible”

Uruguay : Tres figuras pugnarán por la presidencia de la República en octubre. Esos nombres que surgieron de las elecciones internas de cada partido político estuvieron recientemente en la zona centro del país como partícipes invitados del Congreso de la Federación Rural.

Desde Paso de los Toros, todos y cada uno de los precandidatos asumieron compromisos y dejaron establecidos lineamientos que interactúan con el agro y sus protagonistas.
Daniel Martínez, del Frente Amplio. Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional. Ernesto Talvi, del Partido Colorado. Los tres respondieron preguntas de las gremiales y dejaron trazado un camino vinculado a las políticas de Estado en relación íntima con el agro.
En El Acontecer vamos a comenzar a repasar las principales decisiones que tomarían los ahora candidatos de los partidos tradicionales en relación con el sector agropecuario.
Martínez, Lacalle y Talvi se explayaron sobre el desajuste cambiario, competitividad, incorporación de tecnología, relaciones laborales, mercados, fijación de precios.
Uno a uno, conoceremos lo que le dijeron a los trabajadores y empresarios del campo uruguayo, a manera de brete que luego se les podrá abrir o cerrar cuando los uruguayos los sitúen —o no— en el gobierno.
En el inicio, Daniel Martínez.

ATRASO CAMBIARIO

El Ing. Daniel Martínez fue jerarca estatal en períodos de gobierno frenteamplista anteriores. También fue intendente del departamento de Montevideo, el más alejado del sector agropecuario por su condición de urbanidad en casi un 100 % de territorio.
“Entiendo el impacto que tiene la problemática cambiaria para el sector del agro, que históricamente ha sido el de más peso en la economía uruguaya”, comenzó diciendo ante los oídos de aquellos que le plantearon la interrogante del atraso cambiario.

“Desde mi punto de vista, el país tiene un sistema de régimen de libre flotación que está sujeto y que necesita tenerlo. Es un país que incide poco o nada en la economía mundial y poco o nada en la economía regional, y debe adaptarse a los vaivenes regionales. En el pasado hubo sistemas que buscaron imponer un comportamiento del dólar y que terminaron siendo nefastos. Ese tipo de modelos, que no es sustentable más que por cortos períodos, no sirve. Un sistema de libre flotación sobre todo está afectado por el entorno regional e internacional y es la forma que Uruguay tiene de sobrevivir sin hacer esfuerzos que no son mantenibles en el tiempo, y que la historia ha marcado el impacto negativo. Hay un problema en la formación de precios internos. Eso sí hay cuestiones a expresar. Tenemos en nuestras características como país y en el papel del Estado mucha más acción directa para actuar, pero no en el tema del dólar. El sistema de libre flotación debe seguir como está, y no hay forma de incidir en él so pena de generar un desbarajuste económico que lo hemos experimentado en el pasado”, expresó.

PRODUCTIVIDAD

Producir más y mejor. Así se puede resumir el pensamiento del socialista Martínez respecto al futuro del sector rural. Incorporación de tecnología, aggiornamiento.
“Hay otros problemas que sí son internos, que afectan la competitividad y en los cuales se puede incidir. En esto sí hay temas concretos, la productividad de todos los sectores tanto por el papel del Estado a la hora de mejorar aspectos propios, de lograr un nivel de excelencia y calidad en todo lo que incide en la formación de precios, y el sector agropecuario propiamente dicho tiene mucho para hacer. Tampoco ahí es parejo. Tenemos sectores que han alcanzado niveles de productividad más que importante; el sector arrocero es un ejemplo. Le queda una diferencia muy pequeña aún para mejorar y está más sujeto a temas de fijación de precios a nivel internacional y de mercados, donde hay que tratar de incidir en los combustibles, por ejemplo, donde se puede llegar a incidir realmente. Pero el resto, hay muchos de ellos que tienen un paso importante para dar y entender que cada vez más en el mundo la productividad y la tecnología son el factor de diferenciación. Uruguay ha avanzado mucho en otros sectores, el arroz, lácteo —con matices—, pero en todos siempre la excelencia y búsqueda de calidad, además de la inversión tecnológica, es el gran elemento que puede incidir. No ya por lo que puede hacer el Estado, que consideramos que hay deberes para hacer y mejorar su papel, sino en los propios actores”, sintetizó.

Como ejemplo, Martínez pautó a Holanda, uno de los territorios europeos de mayor densidad de población y, por ende, menor superficie.
“En parte no es comparable, pero en gran medida sí”, advirtió antes de su relato.
“Hace unos meses recibí un informe de un gerente del BID que relataba la experiencia de Holanda, con 42 mil km2
—más chico que Uruguay—, que tiene 17,5 millones de habitantes y que hace 15 años que tenía cierto nivel de exportación en alimentos, pero poco importante. Se pusieron la meta de ser un actor importante como exportador mundial de alimentos, y la primera meta fue la tecnología, no solamente en el goteo de riego, en el agroquímico, sino con la mitad de recursos producir el doble. En 15 años, Holanda se convirtió en el segundo país exportador global de alimentos, solamente en base a tecnología. Es el desafío de que cada vez la innovación pesa más en la competitividad de una nación. No se puede comparar linealmente, pero en Holanda el ciudadano promedio paga mucho más impuesto que en Uruguay y su mano de obra es más cara que en este país. Importa el concepto, cada vez más la tecnología y competitividad prima. Obviamente no debe hacer desparecido para poder llegar a la tecnología”, agregó.

ENERGÍAS PARA PRODUCIR

Los costos energéticos en Uruguay son altos. Nadie lo discute, y nadie lo discutió el Congreso de la Federación Rural. Coinciden allí propios y ajenos.
Al respecto de las políticas energéticas, no dejó de sorprender lo que Martínez piensa. Por ejemplo, que es posible bajar el precio de la energía.
“Sobre las políticas energéticas, destacar que Uruguay en 2005–2007 estuvo al borde del corte eléctrico por 20 años de no haber invertido en energía. Un plan estratégico logró cambiar la matriz energética del país a tal punto que no tenemos riesgo de corte eléctrico, sino que exportamos energía. Al país como nación implica gastar 500 millones de dólares menos por año en derivados de petróleo, e impactamos en ese volumen de ahorro, en la emanación de anhídrido carbónico a la atmósfera. Es claro que hay que buscar el gradualismo que nos permita ir impactando menos en las cuentas fiscales globales de la nación, ir haciendo que los precios de energía eléctrica como combustible reflejen los costos reales que han bajado por motivo de ese cambio estructural. Era impensable hace 15 años hablar de bajar el precio de la energía, hoy es posible”.

OBJETIVOS DEL FA

El representante del Frente Amplio buscará en octubre la continuidad del gobierno progresista, con un cuarto mandato nacional.
Entonces pautó objetivos, que enumera en tres grandes hitos. “Primero el impulso al desarrollo humano. Si me dicen qué nación de los últimos 50 años ha logrado nivel de desarrollo importante sin lograr a su vez una mejora en la equidad dentro del conjunto social de la nación, no la hay. Todos los países exitosos lograron mejorar la distribución de riqueza y oportunidades para todos, y que su éxito en la vida dependiera de poner garra, y que no dependiera de su condición social. Segundo el desarrollo productivo. Buscar un país inteligente, que tenga para cada sector productivo políticas diferentes y que logre la competitividad. Nunca hay una sola medida que sirva a todo el mundo. Se calcula que 2 de 3 niños que hoy nacen van a trabajar en tareas que hoy no existen, el mundo va a cambiar y debemos prepararnos como país a eso. A veces arrancarnos menos las muelas y trabajar más en los acuerdos, y ojalá nos juntemos todos para lograr acuerdos básicos. Y por último un Estado inteligente, eficaz, con conocimiento, ayudando en base a la transparencia, a la tecnología, buscando disminuir los costos internos que afectan a los sectores. Hay que romper las chacras dentro del Estado. La política tributaria, ante todo, fundamental es recuperar los niveles de inversión y empleo. Para eso varias cosas a hacer. Una es el gasto público, debe crecer menos que el crecimiento de la nación para achicar el déficit fiscal y mitigar el impacto en la economía nacional. La austeridad, no como shock, es un deber ético y moral de cualquier funcionario público, sea el presidente como el de menor grado. Gastar bien, sin excesos, y midiendo que lo gastado cumpla el objetivo buscado. Y sin dudas la transversalidad logrará ahorrar para no gastar en distintos ministerios en un mismo tema. Creemos en impuestos que puedan ser variables de acuerdo a la inversión en tecnología, premiar al buen productor esté donde esté, ayudarlo a competir, a que valga la pena invertir en lo que se nos viene como mundo. El Estado debe ser coherente, hacer el mismo esfuerzo por la excelencia y con la capacidad de lograr que se gaste lo menos posible y termine trasladado al bolsillo de los ciudadanos el menor esfuerzo posible.”

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