15 de julio de 2019 00:41 AM
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La historia del girasol, un cultivo sagrado que llegó al país por las persecuciones de los zares rusos

En México, antes de Colón, fue una planta importante para las civilizaciones que adoraban al sol. A la Argentina, lo trajeron las comunidades judías y encontró un ambiente ideal para su desarrollo.

Por Fernando Vilella

La historia del girasol es muy peculiar y atravesada por diversas cuestiones religiosas que modelaron su inserción en la dieta mundial. Es originario de la zona sur del Mississippi de los Estados Unidos y del centro-norte de México donde se lo doméstica tempranamente, en parte por la peculiaridad de su inflorescencia (lo que llamamos flor es un conjunto de flores en un gran receptáculo que generan cada una un grano) de seguir el curso del sol en una etapa temprana de su desarrollo.

Estas comunidades mexicanas adoraban al sol y eso generaba su atención y cuidado. Estudios arqueológicos ubican el cultivo en Arizona y Nuevo México hacia el 3.000 A.C.; algunos de ellos sugieren que el girasol se pudo haber cultivado antes que el maíz. Sin embargo, en su lugar de origen hoy no es la más cultivada.

Los españoles la llevan a Europa como ornamental por sus llamativas flores, en esa época eran múltiples cabezas y no una sola por tallo. Y de allí pasa donde esta su mayor área de cultivo las actuales Rusia y Ucrania. Esta expansión fue también por razones religiosas ya que la iglesia ortodoxa en la cuaresma prohibía el consumo de distinto tipo de alimentos entre los cuales le llegado de América no estaba. Eso promovió su consumo también fuera de esas festividades que se impulsan por la tecnología de extracción de aceite lograda a mediados del siglo XIX. Además del aceite se consumía como grano tostado y muchas veces salado.

A raíz de las sangrientas persecuciones religiosas de los zares rusos a las comunidades judías, se calcula que, como consecuencia del pogromo, cerca de dos millones de judíos rusos emigraron hacia los Estados Unidos y Argentina en el periodo comprendido entre 1880 y 1920.

Por ello en Argentina, el barón Hirsch establece colonias dónde estas familias logran asentarse en la zona Carlos Casares y Entre Ríos. Ellos traen en su equipaje las semillas que estaban acostumbrados a consumir como pipas y su aceite. Aquí el cultivo encuentra un ambiente favorable para su expansión. Es así como durante años los principales productores fueron la Unión Soviética y Argentina, ahora con la división de ella lo son Ucrania, Rusia y UE, que junto a Argentina son los principales productores mundiales.

Que haya prosperado en Argentina no es casual ya que según la clasificación agroclimática de Köppen comparte con la zona de origen, sur de EE.UU. y la zona de China donde es originaria la soja la caracterización Cfa, así que no llama la atención que la soja originaria de esa zona china es mejorada en esa zona cfa de Estados Unidos y haya tenido tanto impacto también en la Argentina

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