16 de julio de 2019 18:19 PM
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El uso de drones para abonar o sulfatar revoluciona el agro

España : Una empresa de Lalín realizó las primeras experiencias en Rebordechá

Durante las pasadas jornadas, A Limia contempló por primera vez el uso de drones para realizar labores en una finca de Rebordechá, un pueblo de Xinzo. Es una de las utilidades pioneras de este tipo de aparatos, cuyo uso se va extendiendo poco a poco en diferentes áreas de sectores económicos, de seguridad y también, ahora, en el ámbito agrario.

El servicio del dron para repartir bioestimulante (protector contra plagas) se realizó en una finca de guisantes de dos hectáreas. El trabajo de esparcimiento del producto se realizó a lo largo de una hora y media. El agricultor que contrató los servicios de una empresa especializada de Lalín -Aerocámaras Lalín- es un joven labrador antelano, Amador Saburido Dapousa. El agricultor quedó muy contento con el resultado. «Es una iniciativa pionera en esta comarca y yo, por mi parte, pienso volver a usarla en otras fincas que tengo durante las próximas semanas».

La utilización de estas aeronaves supone varias ventajas trascendentes. De un lado, se ahorra en combustible y maquinaria. La labor se realiza de una manera muy rápida y efectiva. De hecho, si no lo desea, el propietario de la finca ni tiene que estar presente en el momento de la distribución, ya que el elemento esencial del trabajo es el técnico especializado en el manejo de la aeronave.

Ronda los 80 euros

El coste del trabajo del dron ronda los 80 euros por cada hectárea por donde se esparce el fertilizante o protector que se elija para el cultivo (patatas, cereal, etc). «La distribución del producto se realiza de forma muy rápida y queda bien repartido entre las plantas», aseguró Saburido.

El uso de las nuevas tecnologías -como estos drones o como procesos informáticos- en el agro antelano es una de las asignaturas pendientes de la principal zona agrícola antelana. La modernización de la maquinaria ha sido importante en los pasados años, pero la planificación y racionalización de los cultivos aún es mejorable en muchos casos, según los técnicos. La agricultura antelana se está viendo marcada sobre todo desde hace un lustro, por una progresiva reducción del número de patateros. Muchos de los profesionales de pueblos como Paredes, Rebordechá o San Pedro, en Xinzo, o en aldeas de Sandiás, se están jubilando.

Se trata de una generación que, en su mayoría, empezó a trabajar la tierra a finales de los años 70 o en los 80. La mayoría de ellos se dedicaron al negocio de la patata o el cereal tras retornar de la emigración. Ese descenso ha favorecido una concentración de la producción en menos patateros y en iniciativas novedosas acometidas fundamentalmente por jóvenes labradores como el uso de drones.

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