24 de julio de 2019 16:41 PM
Imprimir

Los formadores de precios de la carne

CompartiremailFacebookTwitterComo bien sabemos, la Barrera Sanitaria establecida al sur del río Colorado condiciona el estándar de las carnes rojas y, consecuentemente, los precios de las misma, convirtiendo su venta en los valores más elevados del país. Pero todo a su medida y en su justo término. Ocurre que en las carnicerías de los supermercados bonaerenses, […]

Como bien sabemos, la Barrera Sanitaria establecida al sur del río Colorado condiciona el estándar de las carnes rojas y, consecuentemente, los precios de las misma, convirtiendo su venta en los valores más elevados del país.

Pero todo a su medida y en su justo término. Ocurre que en las carnicerías de los supermercados bonaerenses, pertenecientes a una reconocida Cooperativa de Bahía Blanca, ofrecen el corte de asado común con hueso a solo $ 167 por kilogramo, mientras que en los locales de la misma firma pero en territorio rionegrino lo comercializan a $ 299 por kilogramo como oferta. Lo señalado establece un 79% de diferencia entre el precio de la provincia de Buenos Aires y Río Negro en la misma empresa. Pero si al mismo valor del corte en la provincia de Buenos Aires lo comparamos con los exhibidos en las carnicerías de los barrios de Río Negro, podemos afirmar que la diferencia resulta aún mayor, encontrando la venta del asado con hueso a $ 366 por kilo, acusando una abultada diferencia del 119% con respeto a los referidos precios bonaerenses.

Entonces esta dinámica desproporcionada que los precios de la carne imponen a los consumidores rionegrinos nos indica que debemos adaptarnos a otro esquema de precios. Se constata que al sur del río Colorado el producto mantiene un estándar de calidad superior al del resto del país, y debido a esta situación su precio resulta mayor.

Lo señalado se entiende pero respetando un límite determinado, ya que al existir una diferencia de más del 100% el hecho resulta sumamente reprobable. El valor del flete en frío para las carnes rojas no supera el 10% del valor original del producto, cuestión que en este caso se encuentra excedido.

Paralelamente a ello, ocurre otro fenómeno donde en el centro y norte del país existe mayor cantidad de frigoríficos que en la región patagónica, lo cual provoca ese fenómeno económico conocido como monopolio, entablando una relación directa entre la cantidad de reses patagónicas disponibles para faena y el elevado precio de abastecimiento del producto en gancho al carnicero.

Cuántos más frigoríficos existan, mayor será la competencia promovida; en cambio en los lugares con pocos o tan solo un frigorífico se genera un único precio de venta que siempre resulta inalcanzable al bolsillo de la gente.

Además, si estos frigoríficos patagónicos se encuentran exportando sus cortes finos al exterior (valor dólar), les conviene profundizar dicha comercialización, antes que proceder a su venta en el mercado interno a valor en pesos argentinos.

Para concluir, el tema resulta opinable y se considera que el Estado debería fijar precios uniformes, fijos y accesibles de venta, solamente en cuatro cortes denominados populares: aguja, carne picada, falda y puchero; dejando librados para la ley de la oferta y la demanda -sin límites de precio- los cortes finos como matambre, asado, pulpas, cuadril, etc.

En esta división propuesta, quienes deseen consumir carne de primera calidad deberán pagarla como corresponde y quien no disponga de recursos económicos suficientes podrá acudir a los referidos cortes populares, aptos para cualquier tipo de menú.

*Docente, exconcejal por el PJ. Expresidente de la Asociación de Defensa del Consumidor de Viedma.

Fuente:

Publicidad