5 de agosto de 2019 10:12 AM
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El boom de las low cost y el caso de los cosecheros que ahora viajan en avión

La semana pasada, el debate sobre la apertura aerocomercial se metió en la campaña. Alberto Fernández y el Gobierno se cruzaron con promesas y estadísticas. Ya representan 20% del mercado
Entre diciembre y marzo es la época de cosecha de frambuesas en el sur argentino. Cada temporada, trabajadores golondrinas de todo el país migran hacia el lugar en busca de trabajo. El micro de larga distancia es, tradicionalmente, el medio utilizado por los cosecheros para trasladarse, pero algo está cambiando. El caso de un productor patagónico es una muestra de esta nueva realidad.

Hasta hace dos años, las personas que contrataba desde Jujuy (gente especializada en estas tareas) debían hacer una travesía de más de 36 horas de ida y otro tanto de vuelta, en algunas de las compañías de ómnibus que cubre el trayecto. En muchos casos con combinaciones y transbordos que alargaban el viaje. Desde el año pasado, como consecuencia de la proliferación de las líneas aéreas de low cost, comenzaron a hacerlo en avión.

“En pocas horas están en destino y el pasaje nos cuesta mucho menos”, explicó a este diario el hombre en cuestión. Los números mandan: un pasaje directo desde la capital de la provincia norteña hasta Bariloche cuesta, como mínimo, unos $5.000. Sólo ida. El total, con regreso incluido, no baja de $10.000. En tanto, por una compañía de vuelos baratos como Flybondi, el costo baja a menos de $3.000 por trayecto. Es decir, por unos $5.000 se puede ir y volver de Jujuy a Bariloche. Flybondi es un ejemplo por tratarse de una línea esencialmente low cost, pero se pueden conseguir con anticipación precios parecidos con Aerolíneas Argentinas o Latam. No hay vuelos directos entre estos dos destinos, por lo que hay que pasar por Buenos Aires, por Aeroparque o por el aeropuerto de El Palomar. En este caso, el tramo Jujuy-Buenos Aires demanda poco más de 2 horas y su conexión a Bariloche agrega 2 horas y 20 minutos más. El viaje en sí se realiza en menos de cinco horas, más el tiempo que puede llevar la espera para la conexión.

La semana pasada, el debate de las low cost se metió en la campaña política. El candidato presidencial, Alberto Fernández, se reunió con los gremios aeronáuticos y dejó una promesa flotando en el aire: “Todos los cielos abiertos van a ser para Aerolíneas Argentina”. Un claro mensaje contra la política de apertura que llevó a cabo el Gobierno en los últimos cuatro años. Desde el Ministerio de Transporte que comanda Guillermo Dietrich no tardaron en contestar. En julio, según datos de esa dependencia, se alcanzó un récord histórico de personas que viajaron en avión en un solo mes, con más de 1,5 millones de pasajeros. No sólo eso. Lo compararon con julio de 2015, último año de la gestión kirchnerista, para mostrar que el tráfico de pasajeros creció 61%. Sin duda, este aumento se debe en gran parte al impacto de las low cost como Flybondi, Norwegian o JetSmart y, de alguna forma, Andes y Avianca. Por un lado, por los precios bajos que ofrecen, pero también por la guerra de precios que llevaron a competir a Aerolíneas Argentina y a Latam. Desde su aparición, el año pasado, las empresas de bajo costo no paran de crecer y ya representan el 20% de las operaciones. Sin embargo, hasta hoy, la compañía de bandera no se ve afectada. Aerolíneas Argentinas aumentó 4% la cantidad de pasajeros transportada desde julio del año pasado y en un contexto de crisis económica en el que lo mayoría de los sectores están en retroceso. En lo que va del año viajaron 5,7 millones de pasajeros, una cifra récord también.

Estos datos muestran que, con tarifas competitivas, hay mercado para todos. El costo más barato de un viaje en avión que en micro y la mejor conectividad está volcando la demanda hacia este sector. A esto se suma la cantidad de pasajeros primerizos que, ante un precio accesible, eligen volar. Según datos de Flybondi -la empresa que lidera el segmento low cost– en los últimos 12 meses, unas 250.000 personas viajaron por primera vez en avión.

El fuerte de la demanda está concentrado en el mercado turístico, algo que se evidenció en estas vacaciones de invierno con un alto nivel de ocupación hotelera que en destinos como Bariloche o Cataratas estuvo al máximo. Sin embargo, las líneas de bajo costo están provocando una transformación en los viajes por trabajo o negocios que mejora la calidad laboral. El caso de los cosecheros es una muestra que, además, revela datos de color este cambio. “Algunas de las personas contratadas pidieron no hacer la conexión directa para quedarse un par de noches en Buenos Aires para conocer la Capital” comentó el productor de frambuesas.

Las compañías aéreas, aunque no tienen discriminados los viajes por trabajo o placer, van acumulando historias de este tipo. Empresas que hacen viajar a sus empleados en avión en lugar del micro para ahorrar costos y tiempo o historias mínimas como la de Osvaldo: “Vivo en Capital y tengo una casa en San Martín de los Andes. Cada vez que la tenía que pintar arreglaba con alguien del lugar. Me pasaban un presupuesto, pero no los podía controlar hasta que decidí mandar en una low cost un pintor de mi confianza. Con el ahorro que hice de materiales, gasté menos aun incluyendo el precio del pasaje”.

O historias más importantes como la del taekwondista Ariel Ibarra, campeón mundial en tres oportunidades. Es oriundo de Corrientes y cambió sus largos viajes en micro por los vuelos en Flybondi cuando viaja a Buenos Aires a perfeccionar su entrenamiento.

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