5 de agosto de 2019 12:46 PM
Imprimir

Así se obtienen las hormigas culonas

CONtexto ganadero habló con el señor Luis Gómez, oriundo de San Gil, que se dedica al negocio de distribuir y vender hormigas culonas en varias partes del país, incluyendo Bogotá. El empresario contó cómo es el proceso de recolección y preparación de este plato santandereano.

Tal como está consignado en el relato de Juan Carlos Gutiérrez, periodista de Vanguardia Liberal, los indígenas guanes, que vivieron entre los siglos VII y XVI, aprendieron a reconocer la época en que salían estos insectos para atraparlos y quemarlos vivos al fuego.

 

Desde hace más de 500 años, los habitantes de municipios de Guane, San Gil, Curití, Villanueva y Barichara conservan la tradición de cazar hormigas y de prepararlas para consumirlas u ofrecerlas a conocedores y curiosos.

 

Para recolectarlas, hay que saber qué día van a salir. Cuando empieza a llover en abril y mayo, hay que poner cuidado. En la noche, vuelan unos animalitos que llamamos comején y ahí uno se da cuenta que de pronto al día siguiente salen las hormigas”, contó Gómez.

 

Los cazadores se colocan sus botas pantaneras y madrugan a las 4 de la mañana para apostarse cerca de los hormigueros esperando que salgan los insectos. Si empiezan a salir los machos, cuyo tamaño es más pequeño, es un indicio de que las hembras brotarán.

 

Sin embargo, los recolectores deben esperar hasta que salga el sol, y desde las 9 am hasta la 1 pm proceden a recogerlas en bolsas, jarras, ollas o costales, evitando la picada de las hormigas macho.

 

Los soldados protegen a las hormigas, porque tienen muchos enemigos, como los pájaros, las gallinas, y el mismo hombre. Ellas salen volando con el macho, que nosotros llamamos ‘padrón’, y hacen el contacto en el aire. Si nadie las agarra, se entierran bajo el piso, se vuelven reinas y forman el hormiguero”, añadió.

 

Preparación

 

Gómez compra las hormigas a estos recolectores y se encarga de cocinarlas para luego venderlas. Él calienta alrededor de 5 a 6 libras en agua con sal durante 2 horas, luego las escurre y las tuesta en una paila grande a fuego lento entre 50 minutos y 1 hora.

 

Explicó que de 2 libras de insectos vivos, obtiene una libra de hormigas listas para comer, pero no prepara todo lo que compra. En cambio, las mete en el congelador, para tener producto disponible todo el año.

 

En la pasada temporada, adquirió 1.500 libras, que después de cocinadas, resultan entre 750 y 770 libras. Estas las vende en San Gil y en Bucaramanga, pero también tiene distribución en Bogotá. En la capital santandereana, aprovecha la curiosidad de nacionales y extranjeros que se acercan a comprar el manjar, unos por el gusto y otros por sus propiedades nutricionales.

 

La hormiga tiene mucha proteína y vitaminas, hay otros que dicen que son afrodisíacas. Yo vi que era un negocio útil para ganarme la vida, nadie en mi familia lo había hecho antes y buscando oportunidades de trabajo, vi que podía venderlas”, remató Gómez.

Fuente:

Publicidad