25 de agosto de 2010 07:57 AM
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Ganaderia : Postzafra y crisis de ideas

LA ESCASEZ DE HACIENDA GENERA NERVIOSISMO Y PROPUESTAS DESACERTADAS

En este invierno se reeditaron algunos fenómenos que estaban bastante des-leídos, como una aguda escasez de haciendas gordas, y, simétricamente, una fuerte suba del precio de la carne en el mercado interno: tal parece que hubiera vuelto la clásica postzafra. Como el fenómeno atañe nada menos que a la carne, el producto esencial de la canasta alimentaria de la población, no es de extrañar que despertara nerviosismo en las esferas oficiales, por aquello de carne y circo para el pueblo, la versión rioplatense del sabio aforismo romano. Esta tensión que aqueja a los gobernantes, acuciados por la necesidad de contener el aumento de precios, parece tener más connotaciones tecnocráticas que demagógicas: sus temores provienen más de la pizarra electrónica que marca la inflación, que del pizarrón callejero de la carnicería, el que asusta a la vecina del barrio. De todos modos, aunque se efectuaron gestiones oficiales y oficiosas ante frigoríficos y carniceros, las autoridades evitaron incurrir en una intervención directa en el mercado; medidas que, curiosamente, vol-vían a recomendarse como soluciones. En efecto, la coyuntura despertó polvorientas propuestas, incluida la de retornar a una serie de regulaciones absolutamente incoherentes con la realidad actual de la actividad económica y productiva. Exportación y devaluación Algunas precisiones: la baja de la producción no es la única fuente del reciente aumento de los precios de la carne. En nuestro país la exportación absorbe la mayor parte de la producción: alrededor de dos tercios se exportan y un tercio se consume internamente. En el pico de mínima faena actual (unas 30 mil cabezas semanales), por lo menos la mitad de la carne producida se sigue exportando. Y los precios en el exterior crecieron sostenidamente a lo largo del año; a partir de mayo incluso subieron un escalón de 5% adicional y siguieron más o menos en ese nivel. Los precios promedio del trimestre mayo–julio son 12% superiores a los del primer cuatrimestre del año. Por añadidura, a partir de los primeros días de junio, hubo una corrección en la política cambiaria, que determinó una devaluación de nuestra moneda de 10% en junio (de punta a punta), aunque posteriormente se dio un ajuste a la baja del orden de 1,2% hacia fines de julio. Como la carne y el ganado se cotizan en dólares pero el público la paga en pesos, la devaluación le representa un aumento directo. Con todo, el traslado de los precios no fue lineal. La carne que los frigoríficos entregan a los carniceros en medias reses subió 10% en dólares y 20% en pesos entre principios de junio y fines de julio. Pero la carne al público subió menos. Según el INAC, que releva una canasta de nueve cortes* que constituyen el grueso del consumo popular, la carne al consumidor aumentó 7,1% por encima de los valores de mayo, que estaban prácticamente estancados desde hacía mucho tiempo. En este período los frigoríficos pusieron a la venta, a precios promocionales, varios cortes congelados que tenían en stock, por la baja demanda del exterior: asados (4 costillas sin pulpón), falda, pecetos, y algunas achuras como riñones y mondongo. Los carniceros también ajustaron sus márgenes en estos productos, en un porcentaje convenido. En lo que va de 2010 se consumió 4,6% más carne vacuna que el año pasado, continuando la tendencia de recuperación de los volúmenes históricos que caracterizan a nuestro país, los mayores del mundo, incluso superando este año a los de Argentina. En junio, el aumento sería de 6,6% respecto a igual mes de 2009. El año pasado, según los cálculos del INAC, los uruguayos consumimos 58,2 kg de carne vacuna por persona y este año, seguramente, superaremos los 60 kg. Se come mucho menos carne ovina, por el violento repunte de los precios, pero aumentó el consumo de cerdo –con la participación de nuevas empresas y la oferta de nuevos productos– y también de pollo, pero aún estamos lejos de lo que consumen nuestros dos vecinos. En 2009, cada habitante de este país consumió un promedio de 91 kilos de carne, considerando todas las especies (un nivel muy por encima de casi todo el resto de los humanos del planeta) y este año nos arrimamos a los 100 kilos por persona. El factor principal para explicar la constante suba del consumo es la mejora del ingreso de las familias; en mucho menor medida, se debe a avances en la presentación, diversificación y distribución de los productos. Este proceso se ha llevado a cabo con la cadena productiva de carne vacuna operando en el mercado del mundo, sin protecciones ni restricciones, sin subsidios ni compensaciones, y, en general, sin mayores interferencias externas a la propia actividad. No parece entonces haber demasiados problemas en este aspecto, como para ensayar rectificaciones de políticas que demostraron ser exitosas. Stock atrasador El otro reclamo, totalmente trasnochado, que surgió de la imaginación o la memoria de algún representante gremial de los carniceros, es el que propone volver a crear un stock regulador de carne vacuna, para evitar la escasez y suba de precios que acarrea la postzafra invernal. Es decir: algún ente oficial compra carne en el otoño, lo que sostendría el precio del ganado en un momento de sobreoferta, y guarda la carne en cámaras frigoríficas para cuando venga lo duro del invierno (como la hormiga del cuento), que se vendería al público a precios relativamente bajos. Error garrafal, que tendría sentido en otros tiempos, cuando el ganado se engordaba casi exclusivamente a campo natural. Pero, como lo puede atestiguar la largamente probada experiencia de la lechería, es posible producir –leche o carne– en todas las estaciones del año. Las praderas y los verdeos, la utilización de reservas forrajeras, la suplementación con granos, el encierro a corral –vale decir las tecnologías ampliamente difundidas de producción ganadera intensiva– permiten estabilizar en gran medida la oferta, incluso con mejoras en la calidad del producto. Pero son prácticas que no se implementan si no se van a pagar bien los ganados al momento de su extracción, si se van a achatar arbitrariamente los valores y no se van a cubrir los costos agregados por la producción en la estación fría. Esa propuesta, entonces, ataca directamente a la inversión de base que apunta a incrementar la producción. Frigorífico Nacional = fracaso total Más anacrónico todavía es el planteo político-sindical de recrear el Frigorífico Nacional, con el objetivo de "abaratar la carne para el pueblo, asegurar puestos de trabajo y contribuir a fortalecer el país productivo", o algo así. Todo muy bien, si no fuera por la historia y por la realidad. Un frigorífico estatal traería todo lo contrario de lo que se pretende, generando sobrecostos que -en el mejor de los casos- recaerían sobre toda la población, y, en el peor, sobre el sector productivo, ganadero e industrial, que tendría que solventar las ineficiencias que son intrínsecas a un modelo de estas características. Exportación en pie La caída de la oferta de ganado gordo provocó una disminución equivalente de la faena, de las horas trabajadas y, consecuentemente, de los ingresos de los asalariados. Varias plantas cerraron sus puertas y enviaron el personal al seguro de paro, hasta tanto se restablezca la disponibilidad de hacienda. Ante esta realidad, pudo escucharse, proveniente de fuentes sindicales de la industria frigorífica, la propuesta de prohibir la exportación de ganado en pie, para que no se escape la materia prima y así faenar internamente toda la producción. El Presidente de la República salió a contestar este planteo de volver al pasado, y lo hizo con precisión, advirtiendo que lo que hay que hacer es estimular a los ganaderos para que sigan produciendo, y no al revés. El país dejó atrás esta traba hace casi 20 años y sería un inmenso error resucitarla. La exportación en pie cumple un papel fundamental en el funcionamiento del mercado de haciendas y le brinda al productor una vía alternativa de colocación de su producto; un testigo inmejorable para cuando se tranca la comercialización o baja mucho el precio. Dentro de lo relativo, le otorga la seguridad de que no habrá de encontrar un tapón de demanda cuando salga a vender su producción, y es la única vía más o menos segura de sortear eventuales prácticas oligopólicas, sobre todo cuando la industria se ha ido concentrando: media docena de empresas representan dos tercios de la faena. Generalmente bastan unos pocos embarques para destrabar los nudos. La libertad de exportar ganado en pie es aceptada hasta por los frigoríficos, que en su momento fueron duros críticos de la medida, que terminó por imponerse como una práctica adecuada para el funcionamiento fluido de la actividad. Según la información proporcionada por el MGAP, la exportación de vacunos en pie en el ejercicio agrícola 2009–2010 llegó a 207 mil cabezas, alrededor de 1,8% del stock total. Es una cifra importante, pero no todas las categorías que se embarcaron fueron animales para faena, ya que están comprendidas las vaquillonas y terneras para leche, y las categorías jóvenes que van a engordarse en los mercados de destino. Aduanas informa de 57 mil toneladas exportadas en pie, lo que arroja un promedio de 275 kilos por cabeza, lo que advierte sobre las categorías que predominaron en los embarques. En resumen: no se resuelve nada trancando la exportación en pie y, en cambio, se pierde credibilidad respecto a las reglas que rigen la actividad. ¿Nos quedamos sin vacas? Voceros de la industria frigorífica se declararon alarmados por la alta faena de vientres que se dio en los últimos meses. Se teme que se afecte la producción futura, al estar achicándose la máquina de producir. Esta preocupación, legítima, no debería inducir a tomar medida alguna para restringir la extracción de vientres, por más preñados que estén. El productor vende la vaca, vacía o preñada, porque necesita el dinero o porque el negocio le sirve. Pero dada la escasez de ganado, finalmente, la vaca preñada hoy vale más que la vaca gorda, por lo que no la va a mandar a faena, sino que la va a retener. La extracción de vientres por encima del nivel de equilibrio ya pasó. Además, la cría tiene un amplio margen para incrementar su productividad. El procreo, considerando los terneros declarados sobre el número de vacas entoradas el año anterior, ronda 63% a lo largo de varios años. Debido a la seca, el año pasado anduvo por 50% (los terneros nacidos en la primavera de 2009, que se declaran ahora), pero el procreo de este año (a declarar en 2011) bordeará 70%, aunque de un número de vientres inferior. O sea que un factor climático determina una variación de unos 800 mil terneros, en más o en menos, entre un año y otro. Hay también elementos tecnológicos, que se manifiestan en notables diferencias en los resultados individuales entre productores, que pueden mitigar las crisis forrajeras y potenciar la producción en los años favorables. Pero la manera más eficaz de estimular a los productores reticentes a adoptar la tecnología disponible, que aumentará sus procreos promedio, es asegurar, en todo lo posible, el funcionamiento de un mercado cristalino a la hora de colocar su producción. Las unánimes previsiones de precios atractivos para la carne en el futuro y una transmisión equitativa a lo largo de la cadena constituyen el motor más sólido para impulsar el aumento de la producción. Además, debe tomarse en cuenta que hay un número considerable de vientres en edad de procrear, que, sin embargo, por variadas razones, no se entoran: son las "vaquillonas de + de 2 años sin entorar", que en la última declaración jurada, de junio de 2009, sumaron 590 mil cabezas. Es muy probable que, en oportunidad de la última temporada de servicio, dadas las mejores condiciones climático–forrajeras reinantes, se haya entorado un porcentaje mayor de vaquillonas. Se trata entonces de otro factor de productividad del rodeo, que tendrá impacto en el número de reemplazos venideros. En conclusión: es cierto que hay una serie de distorsiones en esta coyuntura, pero se deben a la tremenda sequía que vivió el país entre la primavera de 2008 y el otoño de 2009, que desarticuló el rodeo, la oferta y la producción, pero que, sin embargo, no provocó una fundición general de empresas del agro y de la industria, como ocurría habitualmente en esas instancias. Lo único que corresponde es persistir en la continuidad de las políticas, tener paciencia y mantener la calma, que la primavera no está lejos. l * Los cortes más consumidos son: paleta chata, asado de tira especial, aguja de primera, bola de lomo, nalga sin hueso, cuadrada, falda, cuadril con hueso y carne picada especial.

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