28 de agosto de 2010 07:52 AM
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La proteína, ese tesoro tan preciado

El objetivo fundamental en forrajes conservados no es producir el mayor volumen de pasto posible, sino el máximo nivel nutricional por hectárea.

"La enorme competencia por la tierra productiva nos lleva a elevar la calidad del forraje ofrecido. Antes hablábamos de cuánto rendía una pastura. Pero ya no nos debe interesar sólo eso: ahora debemos pensar en cuántas toneladas de proteína podemos obtener por hectárea". Así lo indicó Pablo Cattani, asesor privado especializado en producción y suministro de forrajes conservados, durante una charla ofrecida en la sede central del Movimiento CREA a asesores de lechería. "El objetivo fundamental en forrajes conservados no es producir el mayor volumen de pasto posible, sino el máximo nivel de proteína por hectárea para poder balancear la dieta. La idea es obtener proteína, energía y fibra de la manera más eficiente posible con el menor costo. Y si lo puedo hacer en mi establecimiento, mucho mejor, para tener el pleno control del costo y de la calidad", aseguró el especialista. A continuación, un resumen de los aspectos principales de la charla. Humedad La henificación es un método de conservación del forraje a partir de una rápida evaporación del agua contenida en los tejidos de la planta. Esta humedad debe estar siempre por debajo del 20% para estabilizarse alrededor del 15% durante el almacenaje. Con frecuencia, se escucha a personas que dicen: "Yo trabajo con el 24% y dejo el rollo más flojo; de esa manera se orea y no pierdo tanta hoja". Esto es un error por diversos motivos: uno de ellos es que por "no querer perder hojas", parte de la proteína se transforma en nitrógeno no proteico; cuando se ofrece algo así a los animales, se reduce el nivel de proteína de la leche. Si no ayudamos a la naturaleza, se generan problemas: tenemos que hacer todos los esfuerzos por reducir rápidamente el nivel de humedad del forraje conservado; de lo contrario, se pierde una gran cantidad de proteína y se degrada la digestibilidad de la fibra. En ese sentido, es importante entrenar al personal para que determine la humedad de manera correcta y así sepa cuándo tiene que hacer rollo y cuando no. No hay que dejar nada librado al azar. Del mismo modo, es necesario contar con los instrumentos adecuados para efectuar las mediciones. Densidad Una elevada densidad de plantas por hectárea es el factor que más reduce el costo del heno. Así se aprovecha la capacidad de trabajo y se acelera la amortización de los equipos. Somos culturalmente avaros al momento de presupuestar la siembra de alfalfa, cuando en realidad debería ocurrir lo contrario. De nada sirve usar una máquina que cuesta 30.000 dólares si se van a cosechar pocas plantas por metro cuadrado. Según el potrero, no se debería sembrar menos de 15 a 20 kilos de semilla de alfalfa por hectárea. El pastoreo de una alfalfa durante el primero y segundo año suele generar una gran pérdida de plantas. Por eso, es preferible dedicarlas al corte; de allí en adelante, se puede pastorear. Por lo general, una alfalfa dura cuatro años. Entonces, durante el primero se la protege para incrementar su vida útil. Este es un aspecto central, que si se descuida, puede provocar el incremento de costo del forraje conservado. También hay que ser conscientes de que hay cortes malos. Los de primavera no suelen ser los mejores, especialmente el primero. Es fundamental tener claro que si no se dispone de materia prima, se está en problemas. Muchas veces se hacen cortes de limpieza y se dice: "Mirá los rollos de heno o de alfalfa que tengo" y la verdad es que no contienen alfalfa. Recaudos El momento óptimo de confección de rollos depende de cada cultivo; no es común a todas las especies. Si se pretende lograr mayor calidad de heno, se debe cosechar el pasto en un estadio fenológico anticipado, mientras que si el objetivo es obtener cantidad, el corte puede realizarse en un estado de madurez más avanzado. A medida que transcurre el tiempo de supervivencia de la pastura en el lote, especialmente luego de la floración, el porcentaje de tallos aumenta, con la consiguiente disminución de la digestibilidad, mientras que el porcentaje de hojas se reduce, con la caída de nutrientes y del nivel proteico que ello implica. A partir del corte, la pérdida de nutrientes del forraje es inevitable y debe ser reducida a su mínima expresión para asegurar el éxito en la obtención de calidad en el heno confeccionado. Se debe trabajar con cuchillas bien afiladas, que seccionen únicamente la cantidad de forraje que se pueda recolectar en óptimas condiciones en una jornada de trabajo. El truco es saber que a medida que avanzan las fases reproductivas, se cosecha más cantidad que calidad de pasto; la digestibilidad cae de manera abrupta y se empieza a producir una restricción del consumo. La diferencia entre obtener un recurso adecuado o no reside en el momento de corte y en el tiempo de secado; si ese tiempo es corto, se va a lograr más proteína con menor contenido relativo de fibra. ¿Cuál es la diferencia entre lograr un forraje conservado con el 27% o el 14% de proteína? La respuesta es mucho dinero, por lo que tendremos que salir a comprar cuando nos quedemos sin una fuente de proteína para integrar a la dieta.

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