28 de agosto de 2010 08:37 AM
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Ganado y carne, en crisis

La reducción del stock vacuno en 8,5 millones de animales es clara señal de la grave crisis que atraviesa la ganadería

Información estadística del servicio sanitario nacional, Senasa, da cuenta de la gran declinación del inventario ganadero vacuno que ha venido siendo anunciada tanto por las entidades del agro como por los expertos en la materia. En efecto, entre marzo de 2008, cuando disponíamos de un plantel de 57,5 millones de vacunos, y el mismo mes del año actual, con 48,9 millones, existe una declinación de 8,6 millones, lo cual representa una pérdida del 15 por ciento del total. Una declinación formidable, ahora reconocida, a diferencia de lo sucedido en los dos últimos años, que consistió en ocultar esta penosa realidad en ciernes. Es más: la composición del inventario revela que la población de vacas bajó de 23,7 millones a 20,5, una pérdida de 3,2 millones: un 13,5 por ciento. La ganadería vacuna tiene un comportamiento cíclico, que varía según las características de cada país. En el nuestro, los ciclos, que consisten en fases de expansión y declinación, han tenido una duración de seis a siete años, aunque su regularidad suele ser afectada por grandes sequías, acontecimientos económicos o sanitarios de gran envergadura. En el caso actual, la fase de liquidación de existencias con precios bajos, determinados por los controles oficiales y por la sequía, comenzó en 2006 y finalizó a principios del año actual, cuando la oferta de ganado se contrajo abruptamente con precios aumentados en un 60 por ciento. En condiciones normales, este cambio de precios del ganado debería promover una retención de vientres y animales jóvenes destinados a recomponer el stock, pero existen dudas tanto sobre la iniciación de este proceso como sobre su intensidad con motivo de la desconfianza generalizada acerca de la política oficial. En este escenario, con una oferta de ganado reducida en un 15 por ciento, tanto el consumo interno como la exportación han disminuido abruptamente. El consumo interno de 67 kilos por habitante y por año habría bajado a 53 kilos, mientras que la exportación se está reduciendo en un 45 por ciento respecto del registro del año pasado. Sobre este tema, la cartera de Agricultura funda pronósticos menos pesimistas sobre la base de que no habrá restricciones a las exportaciones, los famosos ROE, pero nadie garantiza que se haya desistido del desacople del consumo interno con la exportación, basado en privilegiar la mesa de los argentinos, fundamento de la política oficial en la materia. Los hechos han demostrado contundentemente que el mentado desacople, lejos de privilegiar el consumo de los argentinos, ha sido responsable de la crisis ganadera y causa del aumento de los precios. La experiencia reciente y otras anteriores han demostrado que la orientación aplicada a ganados, carnes y otros varios sectores, basada en todo tipo de prohibiciones, restricciones, retenciones, presiones, denuestos y degradantes calificativos, solo conducen a restar energías productivas tanto a este sector como a cualquier otro. Habiendo sido el secretario de Comercio Guillermo Moreno el ejecutor de tan erosivo programa ganadero y teniendo en cuenta su persistencia en el error, dramáticamente reiterado en estos días, cabe hacer votos para que las manifestaciones del Ministerio de Agricultura en el sentido de que, de ahora en más, no habrá restricciones a las exportaciones se extiendan a otros ámbitos y se hagan realidad.

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