30 de agosto de 2019 01:46 AM
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Sequía, altos costos y pumas, las dificultades que enfrentan los productores caprinos en Cuyo

En lo que va del año casi no llovió y el precio del balanceado aumentó al ritmo de la inflación y el dólar.

Mario Ricardo Ortiz nació en San Miguel, una localidad del secano lavallino, por lo que desde pequeño participó de las tareas de crianza de cabras. Cuando se casó, se fue a vivir a la villa cabecera y trabaja como empleado municipal. Pero sigue siendo productor caprino e integrante de la Asociación Ganadera Centro Cuyano de Lavalle (que presidió por años).

Sostiene que la sequía, que sufren desde hace más de seis meses -la última lluvia, a principios de año, fue escasa-, y los precios altos del alimento balanceado, les complica mantener los animales. Pero asegura que la demanda se ha sostenido y se ilusiona con la posibilidad de exportar en un futuro.

Ortíz integra la Asociación Ganadera Centro Cuyano de Lavalle, en Mendoza.

Ortíz integra la Asociación Ganadera Centro Cuyano de Lavalle, en Mendoza.

– Este año están complicados con la sequía, ¿cómo los ha afectado y cómo alimentan a los animales?

– Sí, hace bastante que no llueve. Está todo seco. Los animales cada vez se van poniendo más flacos y preparar un chivo para poderlo faenar te lleva tiempo y aparte hay que suplementar, o sea ayudarlo con forraje. Sino, no se puede llevar al peso que uno quisiera para comercializarlo. Y está todo caro. Subió el alimento balanceado, todo lo que es grano se fue a las nubes, y se hace difícil poder alimentar a los animales. Estamos en una situación complicada.

– ¿Cómo ha estado enfrentando esto?

– Tratamos siempre de sobrevivir con el ganado. Lo que pasa es que tenemos pérdidas. Han aumentado los pumas y los zorros, y no se autoriza la caza para mermar estos animales. Está bien, pero nos complica. Cada uno tiene que sostenerse con lo que tiene, tratar de sobrevivir y mirar para adelante.

– ¿Ha perdido animales este año o ha podido mantener el número?

– Uno trata de mantener el stock. Hay productores que tienen 200 cabras, como otros 60. Se ha mermado muchísimo. Ya hace años que venimos en pique para abajo y es lo que uno tiene.

– ¿Por qué se ha ido reduciendo la producción?

– Por malos años, sequía, epidemias también. Pero pasa por el tema de la sequía más que nada. Y los pumas.

– ¿Dónde comercializa su producción?

-Nosotros faenamos en el frigorífico municipal y después se venden en lugares céntricos, el Mercado Central, parrilladas. A quien necesita comprar uno por acá, se le vende también. En mi caso lo vendo yo para darle valor agregado y uno se defiende con el precio, porque con los caminos en mal estado y la suba del combustible, todo se encarece para traerlos y faenarlos en el frigorífico.

Hay gente que va y los compra en el campo, en unos 700 pesos el animal de 4 kilos, que la gente los saca porque se empiezan a poner grandes y no les alcanza la leche, y tienen que comercializarlos con menor peso (Después aclara que lo ideal es llegar a 10 o 15 kilos).

– Y quien puede ir al frigorífico y faenarlos, ¿qué precio consigue?

– Los que traen algunos chivos le hacen una diferencia. En mi caso, a quienes quieren vender les estoy pagando entre $ 800 y $ 900. Tal vez ahora, con estas subas, se puede negociar un poquito más.

– ¿El consumo de chivo se ha mantenido este último año o ha habido cambios?

– Las ventas han sido casi normales. A lo mejor, no tanto como años atrás, pero hay salida, aunque la situación económica del país nos perjudica a todos. Pero las fiestas que hay en Lavalle, en las que se consumen muchos chivos, como las fiestas de la Asunción y de Lagunas, son una oportunidad. La gente que tiene cabritos los trata de tener listos para esas fechas porque hacen una diferencia.

– Desde la asociación ganadera, ¿en qué están trabajando para acompañar la producción de cabras?

– Siempre la idea es arrimar más chivos al frigorífico para faenarlos y comercializarlos como debe ser. Cuando llega un animal, se le suma valor agregado y uno lo puede comercializar con un sello, en cualquier lugar. Le da más seguridad al consumidor que pase por un frigorífico, que comprarlo en el campo.

Fuente: Los Andes

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