9 de septiembre de 2019 00:20 AM
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INTENSIFICACIÓN DE LA PRODUCCIÓN ANIMAL: ¿Bienestar animal o calidad del producto?

CompartiremailFacebookTwitterDebemos entender y aprender que los estándares de bienestar animal, no deben ser los mismos para las mascotas, que para los animales de laboratorio, para los de los zoológicos y menos aún para los animales de abasto o consumo. Así también es fundamental que asimilemos que no todos los procesos de estrés que experimenta un […]

Debemos entender y aprender que los estándares de bienestar animal, no deben ser los mismos para las mascotas, que para los animales de laboratorio, para los de los zoológicos y menos aún para los animales de abasto o consumo. Así también es fundamental que asimilemos que no todos los procesos de estrés que experimenta un animal son dañinos, el estrés puede ayudarlos a huir de un depredador o a establecer mecanismos fisiológicos de compensación como la fiebre o la inflamación para combatir una enfermedad. Por otro lado tampoco es posible dejar en libertad a todas las especies productoras de alimentos (carne, leche o huevo). Los veterinarios debemos tratar de dejar a un lado los juicios morales y tomar decisiones con base a argumentos científicos probados, pasemos de ser proteccionistas a ser bienestaristas. Frecuentemente se asume la lógica de que los sistemas de producción extensivos o al aire libre son buenos desde el punto de vista de bienestar, no obstante estos sistemas al aire libre, también tienen problemas que atentan contra el bienestar animal; principalmente relacionados con la nutrición, suplemento de agua, falta de sombra, enfermedades parasitarias, condiciones climáticas extremas, cojeras, depredadores o falta de supervisión entre muchas otras (Mota-Rojas y col, 2016).  La intensificación de la producción pecuaria se ha convertido en un asunto de gran interés debido a que todo el proceso gira en torno a los animales (Fraser, 2006). Si bien a muchos nos puede parecer increíble que por tantos años los animales no fueran considerados seres “sintientes”, hoy no sólo está claro sino que hay una creciente preocupación de los humanos por el bienestar de los animales en general y en particular de aquellos que nos proporcionan alimentos (Gallo, 2016). En este sentido, se sostiene que la reducción del estrés e incremento del nivel de bienestar durante la producción de los animales, tiene la doble ventaja de aumentar tanto la productividad y asegurar la calidad del producto final (Voisinet y col., 1997). Sin embargo, los tres constituyentes que se conjugan en los sistemas de producción -animal, medio ambiente y hombre- están a su vez determinados por un factor económico (Fraser, 2006), ya que  los animales de granja se crían bajo criterios de utilidad y rentabilidad (Mota-Rojas y col., 2016).

 

Sin embargo, cuando dichos criterios son aplicados en su máxima expresión, conducen al desarrollo de determinados tipos de sistemas en los que los animales son sometidos a tal intensidad y exigencia durante los procesos productivos, que originan desajustes fisiológicos y de comportamiento (Broom y Corke, 2002). Asimismo, se sabe que estos cambios en la producción animal influyen decisivamente en su bienestar (Appleby, 1997). Por muchos años los productores y los científicos han trabajado para desarrollar sistemas de manejo que permitan mejorar el desempeño de los animales a través, entre otros, de maximizar la ganancia diaria de peso, la utilización del alimento, producción de leche, carne, huevo y otros parámetros de productividad (Fraser, 2006; Mota-Rojas y col., 2016).

A pesar de ello, en la actualidad, el tema de garantizar el bienestar de los animales destinados al consumo humano (aves de corral, bovinos, cerdos, gallinas de postura, entre otros), durante el proceso de producción ha tomado gran importancia, debido principalmente a evitar el sufrimiento y la sobreexplotación.

Por lo que se ha hecho hincapié en mejorar las condiciones de algunos aspectos generales relacionados por ejemplo con el ambiente físico en el cual viven y modificar los diferentes sistemas de producción o de alojamiento en los que se producen los animales destinados al abasto (Grandin, 2003). En general, se asume que los sistemas de producción extensivos son buenos desde el punto de vista del bienestar, debido a que permiten la libertad de elección y movimientos, donde los animales sólo entran en contacto con los humanos eventualmente para realizar manejos zootécnicos de tipo preventivo o bien el tratamiento de alguna enfermedad (Marchant y col., 2000). En cambio, los sistemas intensivos o de confinamiento se cree que son malos porque la libertad de elección y movimientos están restringidos, sin embargo, catalogar a un sistema por el simple hecho de evaluar la facilidad o restricción de movimientos no es suficiente argumento para determinar el grado de bienestar que gozan los animales; ya que en ambos sistemas de producción, un número importante de factores del ambiente estarán desafiando a los animales y comprometiendo su bienestar, produciendo respuestas de estrés que  en la mayoría de las ocasiones,  afecta de manera negativa a los animales (Veissier col., 2008). Así, una producción eficiente y un buen nivel de bienestar, ciertamente pueden ser paralelos Y SIN IMPORTAR SI EL SISTEMA ES ABIERTO O CONFINADO, sin embargo,  algunas prácticas propias de los sistemas modernos de producción animal resultan en niveles pobres de bienestar. Lo anterior puede ser explicado debido a que se ha buscado la eficiencia sin considerar en la misma proporción el funcionamiento biológico de los animales (Broom y Corke, 2002; Mota-Rojas y col., 2016).

Los consumidores perciben un problema en el trato de los animales y exigen cada vez más antecedentes sobre lo que se entiende como calidad ética de los productos: Las condiciones bajo las cuales se han criado, manejado y sacrificado los animales. Cada vez son más los consumidores que se preguntan si es ético ingerir alimentos para cuya producción se restringen las necesidades de los animales hasta tal punto que resulta claro a cualquier persona percibir que ellos sufren (Gallo, 2016). En el caso de las reses de abasto ¿será aceptable que sean manejadas, transportadas y sacrificadas de forma despreocupada sólo porque de todas formas están destinadas a morir? Entonces surge una pregunta: ¿Podremos producir alimentos de origen animal de una forma más ética, tendiendo a respetar las libertades de los animales? (Gallo, 2016).

¿ALTA PRODUCCIÓN ES NECESARIAMENTE SINÓNIMO DE BIENESTAR ANIMAL?

Progresivamente se ha dicho que un animal sano crece más rápido, gana más kilos de carne o leche o sale más rápido al mercado, es decir; se asocia el incremento de la productividad animal con el buen bienestar. Sin embargo algunos ejemplos que pueden poner en entredicho esta premisa son la alta incidencia de lesiones hemorrágicas en nódulos linfáticos de cerdos magros asociados a enfermedades sistémicas agudas o la alta incidencia de lesiones pulmonares con cuadros agudos y crónicos con evidencia de neumonía activa o regenerativa. Cerdos con ritmo de crecimiento rápido con excelentes masas musculares que mueren súbitamente y con un diagnóstico de gastritis severa (Mota-Rojas et al., 2016).

En el mismo sentido de si un animal productivo está en bienestar, no necesariamente. Pollos de engorda de crecimiento rápido con masas musculares prominentes pero con problemas de patas; vacas lecheras altas productoras con problemas de infección uterina bacteriana piógena o con problemas asociados a la inflamación de la ubre (Sepúlveda y Bustamante, 2016 [Cap. 4 Libro Bienestar animal]). Por estas evidencias señaladas debemos de ser cuidadosos cuando asociamos la alta productividad al buen bienestar.

Para mayor discusión sobre el tema consulte los capítulos 4. “Bienestar de la vaca lechera”, Capítulo 13, “Bienestar animal y productividad”, y el capítulo 15, “Evaluación científica del Bienestar animal” del Libro Bienestar animal. Eds. Mota, Velarde, Huertas y Cajiao. Tercera edición. Elsevier.

BIENESTAR EN SISTEMAS INTENSIVOS Y EXTENSIVOS

En cualquier sistema productivo puede existir un fracaso del organismo de adaptación al ambiente, generando una situación de estrés, el cual es considerado como un efecto ambiental que sobrepasa los sistemas de control del individuo. La respuesta de estrés involucra tanto componentes fisiológicos como de comportamiento e inmunológicos, teniendo una base cognitiva muy fuerte (Sapolsky y col., 2000). La relación entre bienestar y estrés es evidente: siempre que hay estrés, el bienestar se encuentra comprometido (Veissier y col., 2008). Actualmente, las organizaciones internacionales tienen por objetivo lograr que la implementación de nuevas tecnologías pueda mejorar el bienestar sin producir mermas en la producción. Las buenas prácticas de bienestar animal deberían incluir: prevención y tratamiento de enfermedades y lesiones; prevención y alivio del dolor, evitar situaciones de estrés y otros estados negativos; suministro de alimentación y condiciones de vida adecuadas a las necesidades y naturaleza de los animales así como capacitación y entrenamiento de las personas que intervienen en el manejo de los animales (Quiroga, 1994).

Se define como sistema intensivo a aquel en donde se produce materia prima en cantidad, en el menor periodo de tiempo posible y en superficies reducidas. En el caso particular de los bovinos, algunos ejemplos serían la recría de terneros o la finalización en corrales con dietas altas en granos (Sapolsky y col., 2000). La adaptación de un individuo al ambiente es el resultado de la interacción de su bagaje genético, el aprendizaje y dentro de éste, su experiencia previa. Tomando como ejemplo a los bovinos, rumiantes gregarios y presa de carnívoros, que originalmente vivían en praderas, es de esperar que por su bagaje genético, en una pradera vivan en condiciones de bienestar óptimo. Sin embargo, no siempre tendrán suficiente cantidad de comida y/o agua disponible en diferentes épocas del año, o podrían ser atacados por carnívoros predadores o aves carroñeras, o muy posiblemente se encuentren parasitados, lo que afectará negativamente su bienestar (Krawczel y col., 2012).

En cambio un bovino estabulado tendrá agua y comida disponible, refugio y protección, pero no siempre su bienestar será pleno, puesto que deberá enfrentarse con otras situaciones potencialmente negativas tales como el hacinamiento. Pese a que no siempre ocurre, es opinión generalizada que los sistemas de producción extensivos son siempre buenos porque permiten mantener a los animales lo más cerca posible al estado natural, con libertad de movimientos y manejo mínimo, y también se afirma que los sistemas intensivos o confinados son siempre malos porque están restringidas las libertades de elección, movimientos y expresión de comportamientos normales (Parahnos, 2000). Sin embargo, dentro de los sistemas de producción, algunos comportamientos pueden indicar problemas de bienestar animal. Esto incluye disminución de la ingesta de alimento, aumento de la frecuencia respiratoria o jadeo y manifestación de comportamientos repetitivos, agresividad, depresión u otras conductas anómalas. E incluso las tasas de morbilidad, como las de enfermedad, cojera y frecuencia de lesiones por encima de los umbrales reconocidos pueden ser indicadores directos o indirectos del estado de bienestar animal en un hato, rebaño, piara o parvada. Asimismo, las tasas de mortalidad, al igual que las tasas de morbilidad, pueden ser indicadores directos o indirectos del estado de bienestar animal (Krawczel y col., 2012). Dependiendo del sistema de producción se pueden obtener estimaciones de las tasas de mortalidad, analizando las causas de muerte, así como el patrón y la distribución espacio-temporal de la mortalidad. Las tasas de mortalidad se pueden notificar diaria, mensual, anualmente o con respecto a las actividades principales de cría dentro del ciclo de producción (Veissier y col., 2008). En los sistemas extensivos, la movilización de reservas en el organismo del animal, ha permitido utilizar los recursos naturales cuando están disponibles, es decir, acumular reservas en primavera y otoño, y movilizarlas en invierno y verano. Este sistema es barato, pero supone una pérdida de eficiencia productiva (reproductiva en el caso de la mayor parte de las producciones en extensivo), que hace que se haya ido aumentando progresivamente la alimentación suplementaria. Así, las características naturales correspondientes al área de la dehesa son responsables en gran medida del desarrollo de su sistema de producción (Kephart y Mills, 2005; King y col., 2006). Los factores climáticos y la edafología, sobre todo, propias de estas zonas, limitan la utilización agraria, pues no permiten el mantenimiento de cultivos de manera rentable; la producción diversificada basada fundamentalmente en la ganadería extensiva es una forma óptima de rentabilizar un potencial ecológico bastante restringido (Apple y col., 2005).


Conclusiones

El bienestar de los animales en las unidades de producción, es indudablemente un aspecto que debe considerarse, principalmente con el objetivo de minimizar el sufrimiento innecesario y mejorar el estado sanitario de los animales. Para ello es importante, mejorar los métodos de manejo en los diferentes sistemas de producción sin importar cual sea (intensivos Vs. extensivos) y sobre todos los alternativos, que validen el bienestar animal, así como la calidad final del producto; pues es claro apreciar la importancia que tiene el bienestar dentro de la productividad de los animales.

Con criterio y argumentos científicos establezcamos un justo medio de cuál es el mejor sistema de producción, por un lado donde evitemos la crueldad y el dolor en los animales sin lugar a dudas y por el otro proponiendo sistemas alternativos con estrategias basadas en el comportamiento de la especie, que nos permitan incrementar la productividad. Aprendamos a identificar los puntos críticos que nos permitan capacitar y corregir de inmediato las acciones erróneas y rutinarias de nuestro personal en pro del bienestar de los animales y de las ganancias o utilidades de los ganaderos. Hagamos del bienestar animal una herramienta que lejos de considerarla una amenaza, sea una oportunidad de negocio para los empresarios involucrados en toda la cadena de producción de la proteína animal (leche, carne y huevo). Es nuestra responsabilidad como veterinarios y ganaderos (Mota-Rojas y col, 2016).

 

Dr. Daniel Mota Rojas. Neurofisiología del estrés, comportamiento y bienestar de los animales domésticos y silvestres. Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), México. Academia Mexicana de Ciencias. Editor del Libro Bienestar Animal. Editorial Elsevier. España. dmota100@yahoo.com.mx

Prof. Dra. Isabel Guerrero-Legarreta. Maestría en Ciencias con especialidad en Alimentos, por la Universidad de Reading Inglaterra y Doctora en Ciencias con especialidad en carne y productos cárnicos, por la Universidad de Guelph, Canadá. Experta en calidad de carne y bioquímica del músculo. Editora del libro Ciencia y Tecnologías de Carnes de la Editorial Limusa. Departamento de Biotecnología. Profesora distinguida de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. México.

Dra. Rosy Gabriela Cruz Monterrosa. Doctora en Ciencias -Bioquímica del músculo. Universidad Autónoma Metropolitana. (Campus Lerma). Investigación en bienestar animal y ciencia de la carne. (UAM). México.

Dra. Patricia Mora Medina. Departamento de Ciencias Pecuarias. Bienestar animal, inocuidad y calidad alimentaria. FESC. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). México.

Fuente:

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