11 de septiembre de 2019 23:19 PM
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La historia de Chilo Castaño: Producía fruta en el sur de Mendoza y debido a la crisis terminó armando un feedlot

CompartiremailFacebookTwitterMendoza es conocida como la tierra del sol y del buen vino porque allí se hacen los mejores varietales. Nadie lo duda. Pero también es una provincia que alberga ganadería. Históricamente ha sido una ganadería de secano, pero ahora también -debido a la crisis de la fruticultura- han aparecido muchos emprendimientos en fincas que son […]

Mendoza es conocida como la tierra del sol y del buen vino porque allí se hacen los mejores varietales. Nadie lo duda. Pero también es una provincia que alberga ganadería. Históricamente ha sido una ganadería de secano, pero ahora también -debido a la crisis de la fruticultura- han aparecido muchos emprendimientos en fincas que son regadas. Hay bastantes de este tipo en Bowen, en el departamento General Alvear, en donde se extiende un oasis de 30.000 hectáreas regadas por las aguas del río Atuel.

En lo que a establecimientos de feedlot respecta, hasta diciembre de 2017 no había reglamentación oficial en la provincia. Ese año, a la Ley 8.461 se sumó un decreto que creó un registro de engordadores, mediante el cual los productores mendocinos ahora pueden realizar esa actividad de modo formal. Antes deben presentar estudios de impacto ambiental que se someten a una audiencia pública para obtener la autorización definitiva.

Antes de esto, el problema de los feedlots en Bowen venía de larga data. En 2010 se había generado un revuelo importante cuando empezó a funcionar un feedlot bajo la firma Quimey Malal S.A. que generó discusiones entre vecinos, concejales y hasta dentro del departamento ejecutivo. El conflicto se inició por las quejas de los habitantes de ese lugar, cercano al casco urbano de Bowen, que decían no soportar los olores que emanaban del sistema. Finalmente los concejales sacaron una resolución para reglamentar su actividad. Pero ese feed lot cerró y ahora la justicia pide que el municipio pague tres millones de pesos de indemnización a la empresa.

Sin embargo, hay otros corrales de engorde que siguen en pie y que planifican su expansión. Es el caso de Prodimsa, un feedlot que funciona en Bowen desde hace 7 años, y cuyos dueños provienen de la fruticultura. “Somos productores, distribuidores y empacadores frutihortícolas en la zona central del país desde la década del ’60. Empezamos con la compra de este predio en Bowen, hicimos horticultura y fruticultura en Real del Padre, zona de San Rafael, en donde compramos una finca hacia 2007 con el propósito de hacer fardos y rollos para ser vendidos utilizando la logística de la otra empresa, pero los números no eran muy alentadores. Entonces empezamos a producir fibra y alfalfas para hacer una recría hasta terminar con engorde a corral”, relató a Bichos de Campo José Luis “Chilo” Castaño, el titular de Prodimsa.

El frutihorticultor, ahora convertido también en ganadero, confesó que no le ha ido bien en el negocio de la fruticultura. “Las tormentas fueron y son muy bravas, lo que hace que en época estival, con la producción a pleno, una pedrada no te deje nada. Por eso pensamos en hacer algo distinto. Porque si bien podían dañarnos esas tormentas, buscamos que esas alfalfas pudieran convertirse en kilos de carne”, expresó.

Mirá el reportaje completo a José Luis “Chilo” Castaño:

Castaño describió que “la actividad frutícola se hizo muy difícil, y más acentuado aún por la poca cantidad de agua de riego que nos ofrece el Nihuil a raíz de las pocas nevadas. De hecho, si miramos un poco alrededor de lo que es esta finca y emprendimiento, ya hay muchas personas que si no se dedican directo a la ganadería, se están dedicando a producir para quienes necesitamos fibra o un ternero recriado para meter en el engorde o pre engorde”.

La ganadería no está libre de adversidades. El 6 de enero de 2018 se le quemaron unas 6.000 hectáreas, a causa de un rayo que cayó unos días antes en Corral del Orca, a unos 60 kilómetros hacia el este. El viento llevó el fuego hasta Bowen, y en ese momento el daño total en la zona fue de 300.000 hectáreas. “Ahí tuvimos que emigrar con la vaca de cría hacia La Pampa. En ese momento perdimos de 80 a 100 cabezas entre terneros, vacas y toros. Lo que se salvó, lo salvó Pancho, mi socio y hermano de la vida”, describió el productor.

Cuando se reglamentó la actividad de engorde recién en 2017, el feedlot de Prodimsa haca rato que estaba en funcionamiento. “Cuando comenzamos con este establecimiento de engorde fue una locura, una utopía, pero eramos más jovenes, desobedientes y arriesgados. Por eso, cuando empezamos, lo hicimos como engorde a corral pero no bajo de denominación de feedlot, porque todavía no estaba determinada la ordenanza en la provincia”, contó Chilo.

Otro de los problemas a los que se enfrentó este productor es el de la ubicación de los corrales de engorde. “No está bien determinado tampoco qué es zona urbana y qué es zona rural. Un emprendimiento de esta magnitud necesita tener buenos accesos, buena electricidad. Por ende no puede estar cerca de zonas urbanas, pero tampoco tan lejos”.

La habilitación formal de Prodimsa se logró recién en febrero de este año. “Tuvimos que hacer todas las estructuras necesarias para que nos habilitaran, lo que incluyó hacer las cortinas de árboles y hacer la decantación de los líquidos”, agregó Castaño.

Castaño confesó que de la producción de fruta queda “muy poco”. Y explico: “El papá que dio origen a este feedlot está viejito. Entre la carne y la verdura, la fruta pasó a ser un postre en la Argentina, y no todos comen postre, por eso la empresa se vino a menos a comparación de años que han sido de bonanzas. Pero no todos los años son iguales. Hay años en que se puede ganar poco y otros en que se puede empatar”.

Actualmente Prodimsa trabaja en 350 hectáreas bajo riego, aunque solo producen sobre la mitad, ya que no les alcanza el agua para regar todo. Sobre esa superficie tienen entre 1.600 y 1.700 cabezas en engorde, otras 800 cabezas en recría, y un total de 1.000 vientres. “Los vientres están en La Pampa y si nos quedamos sin pasto, les damos la lechuga que no se come. Los suplementamos con la frutihorticultura. Son bichos de campo”, remató Castaño entre risas.

Sin embargo, aclaró que “el negocio daría bien si las tasas de interés bajaran un poco”.

“Esto no es un negocio en donde se ganan volúmenes grandes de dinero. Es un negocio en el cual la diferencia se hace cuando tenés un macro negocio o mayor cantidad de cabezas. Hoy está difícil, hay que mantenerse, y en definitiva, estamos como está la frutihorticultura. El precio del gordo en Liniers no se corresponde con la realidad. Por eso los argentinos están supeditados a comer hasta donde le alcanza, y aquel asadito de más que tenían ya no está”, añadió el productor.

“Al igual que no come el postre que es la fruta, también hay muchas veces en que al consumidor le duele a la hora de pagar un kilo de carne”, resumió.

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