2 de septiembre de 2010 09:55 AM
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La carne trae nuevos problemas

Desde que el gobierno de Kirchner, con Guillermo Moreno como ejecutor, comenzó con su política regulando el mercado de carne vacuna, prohibiendo exportaciones y fijando precios topes, la ganadería tradicional comenzó a desaparecer.

Los ganaderos decidieron liquidar stock, mandar a faena una cantidad de hembras mucho mayor que el normal, y esto ya era un vaticinio de que caería la producción de terneros. Sus campos, como los de los tambos, fueron destinados a soja.

Las hembras son como las “máquinas” de producción de carne: cuando se faenan mayor cantidad de hembras para consumo, sobre todo jóvenes, uno consigue un efecto inmediato de baja de precio por sobre oferta (como ocurrió entre 2005 y 2007), pero está generando una hipoteca a futuro.

Alguna vez vaticiné que con esta política debíamos prepararnos para comprar carne en la joyería, y parece que ese camino se va cumpliendo, agregándole una serie de factores adicionales de alta complejidad.

En estos días, se anunciaron los cierres de varios frigoríficos cuyos dueños no los pueden mantener abiertos para falta de hacienda para faenar. Mientras tanto, en el mercado hubo una fuerte suba de precios. ¿Qué pasó? Simplemente, que no ha sido un buen año de lluvias en las zonas de engorde de invernada y los animales no alcanzan el peso adecuado para llevarlos a faena. Además, la suplementación con granos hoy se hace imposible por el alto precio que tienen, especialmente el maíz.

Todo lleva a que tengamos cada vez menos oferta en los pocos campos ganaderos que no han sido “conquistados” por la soja. Un reciente estudio reveló que con el stock ganadero actual sólo se puede satisfacer una demanda de 50 kg por habitante por año, cuando la actual es de 75 kg. Esta diferencia sólo podría cubrirse de dos maneras: o con un fuerte aumento de precios que baje la demanda o autorizando la importación de ganado en pie (sobre todo desde Uruguay y Brasil). En este caso, podría haber mayor oferta pero no bajarían los precios, ya que la carne sigue aumentando en el mercado internacional.

El problema es que el gobierno no quiere que la carne aumente y tampoco autoriza la importación de ganado, lo que genera estos cuellos de botella. Esta semana, el frigorífico JBS Swift anunció el cierre de tres plantas por falta de animales para faenar, pero tampoco consigue venderlos. Nadie compra una planta frigorífica si sabe, con certeza, que no conseguirá ganado para procesar. Ya hay 10.000 trabajadores despedidos por cierres de frigoríficos en los últimos seis meses.

Moreno parece dispuesto a dar soluciones mágicas y ya le prometió los trabajadores de la carne que el Estado se hará cargo de gestionar los frigoríficos que cierren para mantener las fuentes de trabajo que, paradójicamente, no tendrán trabajo por escasez de oferta de animales. Si nos atenemos a los antecedentes, hay que preocuparse. Moreno hizo lo mismo con la papelera Massuh, a la cual intentó manejar, la chocó y le generó un endeudamiento que la llevó a la quiebra.

El problema está más arriba. Si se toman decisiones desacertadas para conseguir resultados voluntaristas, sólo se consigue caos, y en el tema de la carne, el gobierno lo ha generado con todo éxito.

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