5 de septiembre de 2010 20:20 PM
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Los frigoríficos brasileños ya bailan tango

Acostumbrado a comunicar sólo buenas noticias, el gigante JBS se vio en figurillas los últimos tiempos para informar qué le pasa en Argentina. Sebastián Reynoso, de 40 años y larga carrera en la industria frigorífica, tuvo que informar a su jefe en San Pablo que había llegado la hora del ajuste.

Con ocho fábricas en el país, Joesley Mendonca Batista, CEO mundial del coloso, ordenó que cerraran tres, en lo que es un desafío que sorprende a un grupo con una trayectoria que lo convirtió en el número uno del planeta en el procesamiento de carnes bovinas. Con una facturación de US$ 30.000 millones es, además, la tercera empresa de Brasil.Las plantas que bajaron la persiana y JBS está tratando de vender, se ubican en las bonaerenses Pontevedra y Berazategui y en San José, Entre Ríos.JBS desembarcó en el país en 2005 con la compra de Swift en una operación financiada por generosos créditos del BNDS brasileño, a tasas mucho más bajas que las internacionales.Pero las cosas cambiaron desde entonces y no solo porque la soja corrió a la ganadería hacia las provincias del norte. Los argentinos nos comimos una buena parte del rodeo vacuno y hoy hay poca hacienda que se paga a valores récord. El círculo se completa con una fuerte caída del consumo interno que se desbarrancó de 71 kilos per cápita a 56 en 12 meses. También se desplomaron las exportaciones que no lograron reponerse tras la crisis financiera de 2008. Los consumidores sufren: el kilo de cuadril en el mostrador está a la par de EE.UU. o Francia.Miguel Schiaritti, de la cámara sectorial, le echa la culpa al secretario de Comercio, Guillermo Moreno que estranguló exportaciones y deprimió la cotización de la hacienda, con los efectos conocidos. Por cierto, no es la primera crisis que daña a esta industria.Entre tanto, todos los días quedan en la calle grupos de 5 o de a 10 obreros. El sindicato denuncia 3.000 despidos. Y cerca de 7.000 trabajadores, cobran, cuando el ministerio de Trabajo no se atrasa, la llamada garantía horaria. Es de alrededor de 1.400 pesos mensuales, menos de la mitad del sueldo

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