19 de octubre de 2019 03:27 AM
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¿Se podrá frenar esto?

CompartiremailFacebookTwitterCuando se trata de la agroindustria argentina, cualquier pronóstico se queda corto. A pesar de los enormes esfuerzos y experimentos, nada pudo detener sus avances. Ni siquiera los de la era K, cuando absurdamente fueron por toda la lana y salieron bien trasquilados. Se quedaron sin dólares, con el campo hecho jirones. Los salvó el […]

Cuando se trata de la agroindustria argentina, cualquier pronóstico se queda corto. A pesar de los enormes esfuerzos y experimentos, nada pudo detener sus avances. Ni siquiera los de la era K, cuando absurdamente fueron por toda la lana y salieron bien trasquilados. Se quedaron sin dólares, con el campo hecho jirones. Los salvó el gong.

Sólo hubo que sacar el pie de la puerta giratoria para retomar el ritmo de la Segunda Revolución de las Pampas. La eliminación del cepo y la unificación cambiaria, más la eliminación de las retenciones y las restricciones a la exportación de cereales, se expresaron de inmediato en un salto de la producción agrícola. Pero también un potente proceso de agregación de valor, en particular con la transformación de granos y harinas vegetales en proteínas animales. Para mercado interno y para exportación.

En abril pasado, la Fundación Producir Conservando presentó uno de sus clásicos y bien fundados análisis de perspectivas. Proyectaba una producción agrícola de 160 millones de toneladas para el 2025/26. Se hablaba de 46 millones de toneladas de maíz y 18 de trigo.

La vida te da sorpresas: unos días después, el MinAgro anunciaba una cosecha récord de 47 millones de toneladas de maíz y casi 20 de trigo para esta campaña. Es cierto, el clima acompañó como nunca. Pero la realidad es que estaban dadas las condiciones objetivas para este enorme progreso. Fundamentalmente, el stock de tecnología, y por supuesto la enorme resiliencia del sector. Recordemos que el año anterior la sequía había hecho estragos y los productores tuvieron que arreglarse con lo puesto para encarar la campaña.

Me encanta cuando los pronósticos fallan por defecto. Y me encanta también cuando se cumplen las metas más ambiciosas. En el mismo ámbito de la Fundación Producir Conservando, en abril del 2016 el Consorcio ABC (que reúne a los principales exportadores de carne vacuna) presentó un documento en el que mostraba el estancamiento del sector. Se habían trabado las exportaciones, con la ilusión de mantener una alta oferta interna de carne vacuna. Los embarques no pudieron perforar el techo de los mil millones de dólares, perdiendo posiciones relativas frente a la competencia.

La idea de la carne barata operó como un freno de mano para la producción de sustitutos. Los altos derechos de exportación para los granos (que pretendían ser un estímulo para su conversión en pollos, cerdos y otras proteínas) se toparon con la competencia “desleal” de la abundancia de carne vacuna, con la oferta exacerbada por la liquidación de stocks y la imposibilidad de exportar.

Hubo desinversión. Las principales operadoras mundiales fueron vendiendo los frigoríficos que habían adquirido unos años antes, bajo la visión (acertada) de que venía un boom en la demanda de carnes.

En ese trabajo del 2016, el Consorcio ABC aseguraba que si cambiaba el contexto interno, podrían exportar por 3.000 millones de dólares para el 2020. Otra sorpresa: el 2019 va a terminar con embarques por 4.000 millones de dólares, un 30% más. Ahora sí mueve la aguja de la macro.

Nadie imaginaba en aquel momento lo que iba a ser la explosión de la demanda china. Ni mucho menos, la irrupción de la Fiebre Porcina Africana en el país asiático. Volvieron las inversiones. Marfrig recompró Quickfood, productora del Paty. Quieren consolidarse como los mayores proveedores de hamburguesas del mundo. Ya lo son, con una pata muy fuerte en los Estados Unidos, donde el 70% de la carne se consume como hamburguesas. Todos los frigoríficos presentes en Anuga, la gran feria mundial de alimentos de Colonia (Alemania) volvieron asombrados con la fortaleza de la demanda.

Inversión, empleo, valor agregado. Porque la carne es maíz y soja en cuatro patas. ¿Se podrá frenar esto?

Fuente: Clarin

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