26 de octubre de 2019 12:21 PM
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El agro, en un punto de inflexión en su relación con el ambiente en EE.UU.

Los “farmers” comienzan a explorar formas de producir que respeten los ciclos de la vida, con menor impacto ambiental. Una tendencia decisiva.

La cuarta revolución industrial, que es la informatización completa de la manufactura y los servicios, tiene una dimensión biológica esencial; y ésta es su diferencia cualitativa, absolutamente crucial, respecto a las tres revoluciones industriales anteriores, que estuvieron centradas excluyentemente en la materia inerme y física, mientras que la actual se compone ante todo de seres vivos que la convierten en “ciencias de la vida”.

Por eso, la productividad agrícola en la fase de la cuarta revolución industrial, es sinónimo hoy de conocimiento biotecnológico centrado en la “ingeniería genética” que le otorga a su reproducción un carácter sustentable que respeta el ciclo de la vida y sigue su lógica.

Esta es una diferencia esencial de la nueva revolución industrial, que ha unido su destino a la multiplicación de bienes diferenciados de elevados precios que se venden en nichos de alcance global.

Las tres primeras revoluciones industriales reducían la productividad agrícola al aumento de los rendimientos y a la baja de costos, y centraban la producción en el desarrollo de commodities indiferenciados, sobre todo maíz y soja.

La producción agrícola norteamericana creció 3,4% anual entre 1977 y 2000; y la productividad –alza de los rendimientos sin mayores insumos por unidad de producto- aumentó 1,9% por año, en tanto que la “…productividad de todos los factores” (PTF) -sinónimo de innovación- ascendió a 1,38% anual en la etapa 1948/2015. La PTF en EE.UU. ha aumentado 152% sobre los niveles de 1948 y la producción ha crecido más de 170% en este periodo.

La producción de agroalimentos en EE.UU. se puede caracterizar en los siguientes términos: la población se ha duplicado en los últimos 60 años (313 millones de habitantes en 2017); y lo mismo ha ocurrido con la producción agrícola, sólo que con 25% menos de tierras sembradas y una disminución de 78% en la fuerza de trabajo.

El agro estadounidense se ha convertido en una actividad capital-intensiva altamente innovadora, sólo comparable por su intensidad con la manufactura más avanzada, que es la punta de lanza de la nueva revolución industrial.

El resultado es que el costo del capital ha aumentado más de 90% en los últimos 20 años, con una tendencia inexorable a la concentración y consolidación, así como a la especialización en gran escala en pocos productos, sobre todo maíz y soja.

Sólo 30% de las unidades productivas estadounidenses tienen más de 2.000 hectáreas en explotación, pero responden por 70% de la producción o más, una tendencia a la consolidación que se intensifica al ritmo de aumento del costo del capital.

A medida que se profundiza el carácter industrial -capital-intensivo- del agro norteamericano, se multiplican también en forma más que proporcional los costos ambientales.

Son más de 4.000 millones de toneladas de tierra y 130.000 millones de toneladas de agua las que pierde por año la superficie labrada de EE.UU., lo que implica un valor de U$S 27.000 millones anuales.

La agricultura consume entre un 80% y un 90% de los recursos hídricos; y ha agotado totalmente más de 30% de los reservorios hídricos del Medio Oeste, una tendencia hondamente negativa que se completa al aumentar la alta polución de los grandes ríos que lo atraviesan, en primer lugar el Mississippi, que es su columna vertebral.

El agro norteamericano utilizó 1,6 millones de libras de pesticidas en 2016, casi el doble que la Unión Europea (827 millones) y Brasil (831 millones); y superado sólo por la República Popular, que consumió 3.900 millones de libras en igual periodo, pero China tiene una población de 1.440 millones de habitantes y produce 650 millones de toneladas de granos por año.

Lo notable es que más de 30% de los pesticidas utilizados en EE.UU. están prohibidos en la Unión Europea; y a pesar de eso su consumo es cada vez mayor.

La regla es que el capitalismo se propone sólo los problemas que puede resolver; y ahora, con la cuarta revolución industrial de sesgo esencialmente biológico, que en vez de destruir –“explotar”- la naturaleza, la reproduce respetando el “ciclo de la vida”, está en condiciones de superar su mecanismo capital intensivo y superespecializado en productos indiferenciados (commodities) que producen irreversible y crecientemente daños ecológicos de magnitud.

El agro estadounidense, el primero del mundo y el de mayor productividad, se aproxima un punto de inflexión en relación al medio ambiente, y su fase capital-intensiva de “explotación” de la naturaleza queda atrás.

Fuente: Clarin

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