10 de septiembre de 2010 08:12 AM
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Chile: 10 ejemplos de éxito agroexportador

Chile. El sector agrícola es uno de los más dinámicos de la economía chilena. En este contexto, el sector del aceite de oliva promete ser el nuevo niño prodigio del agro chileno. Estiman que de aquí a cinco años las hectáreas subirán a 33.000.

Los años del cerdoQue en Chile florezca la industria del cerdo es extraño. El país no cuenta con un gran mercado interno, tampoco tiene una gran producción de granos. Sin embargo, las exportaciones ya suman US$ 368 millones al año y están enfocadas en los mercados más exigentes y que pagan más caro.Tanto o más notable, es que los chilenos se están convirtiendo en adictos a los porcinos. El año pasado consumieron 18,7 kilos de cerdo per capita. Para tener un punto de comparación, un connacional promedio comió 20 kilos. Lo interesante es la tendencia: entre 2005 y 2009 el consumo de carne vacuna cayó 1,3 kilos, mientras que la de cerdo aumentó 4,6 kilos.¿Cómo es que se produjo ese cambio? En primer lugar, a partir de los años 80 se mejoró la carne con la importación de material genético más moderno. Además, se le sacó provecho a la alta calidad zoosanitaria del país para exportar a mercados que exigen alta inocuidad, como Japón o Corea del Sur, por la que están dispuestos a pagar altos precios. Rápidamente, el negocio porcino agarró velocidad. El año pasado, Chile produjo 513 mil toneladas, 317% más que en 1990. Claramente, Chile se fue al chancho.A mil hectáreas de velocidadLa producción de cerezas se puede desplomar con lluvias primaverales, como sucedió en 2008, o con un invierno con pocas horas de frío, como el año pasado. Sin embargo, la plantación de cerezos sigue a un ritmo notable: mil nuevas hectáreas cada año. La razón es simple, es muy buen negocio.Por una parte, la oferta mundial es restringida. El delicado equilibrio climático que requieren los cerezos, ni mucho frío ni mucho calor y primaveras relativamente secas, se encuentra en pocos lugares del globo pero abunda en la zona central.Además, en los últimos años, los productores y exportadores chilenos descubrieron un mega mercado, China, dispuesto a pagar altos precios por las cerezas, por el alto valor social que tiene este fruto. En el nuevo motor económico del mundo, un kilo de cerezas puede alcanzar los $25 mil pesos en una tienda de Beijing o Guangdong. Por eso se entiende por qué las diez mil hectáreas plantadas en Chile en la actualidad se hacen pocas.El buque insignia fruteroDurante tres décadas las uvas de mesa han sido la espina dorsal de las exportaciones frutícolas. A pesar de la fuerte ampliación del número de especies producidas en el país, las uvas todavía representan un tercio del volumen exportado. Y si hablamos de dólares, representan casi mil millones de dólares en ingreso para el país cada año.La ventaja de Chile no sólo es que llega con una fruta popular, especialmente en EE.UU., en pleno invierno del hemisferio norte; el punto clave es que, gracias a la amplitud de su zona productiva -son 53 mil hectáreas entre la III y VII Región-, permite aprovisionar en forma continua durante medio año a los consumidores norteamericanos y europeos.Promesa doradaDe buenas a primeras, las cifras del aceite de oliva son bastante modestas. El año pasado sólo se exportaron US$ 12 millones. Sin embargo, este rubro promete ser el nuevo niño prodigio del agro chileno.Hace cinco años, los olivos ocupaban 4.800 hectáreas, el año pasado subieron a 20.000 y las proyecciones de la industria señalan que de aquí a cinco años subirán a 33.000 hectáreas.Todo indica que el 0,1% de las exportaciones mundiales que representa Chile, pronto cambiará. Los empresarios agrícolas nacionales apuestan a ser los principales beneficiarios de la tendencia mundial a aumento del consumo y del estancamiento de la producción. Mientras que más consumidores en Europa y Estados Unidos están optando por los beneficios de la dieta mediterránea, de la que el aceite de oliva es piedra angular, la oferta de Italia y España, los tradicionales oferentes, está frenada por la caída en los subsidios agrícolas de la Unión Europea.La gran ventaja de la industria de este lado del mundo es que, a diferencia del Viejo Continente en que los huertos de olivos tienen menos de una hectárea pues se heredan de padres a hijos, en Chile las nuevas plantaciones sin problemas superan las 200 hectáreas cada una. Los costos son mucho menores y el uso de tecnologías de plantación y cosecha más modernas aseguran una calidad mejor que una buena parte de los aceites europeos.Leche condensada, la sorpresaHasta hace una década, las exportaciones chilenas de productos lácteos se movía, en una banda entre los US$ 40 y 52 millones. Con el cambio de milenio comenzó una persistente alza, que este año debería plasmarse en US$ 160 millones en ventas al exterior. Un elemento sorprendente es que, por lo menos a junio de este año, el principal producto exportado es la leche condensada, con un 28% del total.En términos de volumen, Chile exportó el año pasado 293 millones de litros, cerca de un 15% del total producido. Para los productores pecuarios de la zona sur del país, el centro lechero chileno se encuentra en el triángulo formado por Temuco-Osorno y Valdivia, el salto exportador significó un ticket de entrada para las complejas arenas de la competencia internacional y la obligación de inyectar modernidad al agro sureño.Semilla fecundaProbablemente nunca se vea un titular destacando a la industria semillera chilena. Es que su producción no está a la vista de los consumidores y su transacción se realiza entre empresas especializadas. Sin embargo, es uno de los rubros más dinámicos del agro nacional y concentra uno de los mayores niveles de investigación y desarrollo en ese sector. Por ejemplo, el año pasado, Syngenta, una de las mayores empresas semilleras del mundo, lanzó un centro de investigación y reproducción por US$ 20 millones en Azapa, sumándose a las que ya había hecho Pionner DuPont allá.En sólo una década las exportaciones de semillas se duplicaron, alcanzando US$ 330 millones el año pasado. Con los años el modelo chileno se ha ido refinando. Las empresas extranjeras envían material para reproducirlo a gran escala y cubrir, gracias a que Chile está en contraestación respecto del hemisferio norte, las necesidades de semillas de los agricultores de Estados Unidos y Europa para su nueva temporada. La excepcional calidad fitosanitaria del país y la seriedad de los productores nacionales hacen que Chile se haya convertido en uno de los mayores exportadores de semillas del mundo.Efecto mariposaLa habilidad para generar productos de calidad premium ha sido el caballito de batalla de la industria chilena de las frutas de frutos de nuez. Para los productores de California, uno de los principales oferentes mundiales de nueces, es prohibitivo ofrecer productos enteros sin cáscara, la llamada “mariposa”, de buena calidad, pues por su costo de mano de obra deben usar maquinarias, las que no tienen la pulcritud de las manos de un operario humano. La diferencia de ingresos con Chile, sirvió como puntapié inicial para echar a andar ese sector exportador en Chile.Mientras que hace una década, se exportaban US$ 21 millones en nueces, en 2008 se alcanzaron los US$ 125 millones.Pero otros frutos de nuez también están dando que hablar. Entre 2000 y 2008 las almendras subieron de US$ 1,4 millones a US$ 34 millones. Mientras tanto, en la zona sur las plantaciones de avellano europeo siguen creciendo y ya suman 1.500 hectáreas.

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