24 de noviembre de 2019 14:14 PM
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Asegurarse los terneros es apostar al futuro

Uruguay : Avanzan las inseminaciones en vaquillonas con la mejor ecuación económica para el ganadero.

Pablo Antúnez

Las inseminaciones artificiales de vaquillonas ya están en marcha. Ayudado por los precios del ternero, el subsector de la cría sigue apostando al futuro y el ganadero se esfuerza por preñar la mayor cantidad posible de vientres en cada zafra.

Es que tiene delante de sus ojos una de las relaciones más favorables en cuanto a precios de carne y ternero, frente al costo que representa inseminar un vientre. A su vez, el uso de la inseminación artificial tiene ventajas sanitarias, genéticas y hasta de manejo.

La inseminación artificial, es decir, la técnica que le permite al hombre sustituir el apareamiento entre macho y hembra, nació en 1779, cuando el italiano Lázaro Sapallanzani realizó los primeros experimentos científicos y logró una camada de cachorros. Tras la prohibición en la Unión Europea, a partir del 1900, Ivanov puso en marcha experimentos en animales domésticos, pero esta vez a gran escala. Recién en 1952 se consigue congelar semen de toros, haciendo realidad que un reproductor bovino de calidad superior pueda seguir dando hijos más allá de su muerte.
En Uruguay, el primer ternero nacido de inseminación artificial se consiguió en 1958, en San Ramón y recién en la década del 60 se hace más corriente el uso de termos para mantener congelado en nitrógeno líquido las dosis de semen de los toros, recordó el Instituto Nacional de Investigación Agropecua- ria (INIA).

La próxima semana se conmemoran los 50 años de la primera importación de semen bovino congelado a Uruguay.

Con los años, la inseminación artificial posibilitó el uso de toros de alta genética sin necesidad de importarlos e incluso con datos adaptados a los requerimientos de cada rodeo.

Recuperación. El clima ayuda y recién ahora los vientres comienzan a recuperarse y a cumplir con su celo regular -lo manifiestan cada 21 días- (ver gráfico). En general, el invierno fue corto pero bastante duro y los ganados lo sintieron.

Desde el norte, el veterinario Guillermo de Nava dijo a El País que “se está notando un mayor porcentaje de celo en los rodeos bovinos” a esta altura del año frente al año anterior. En su caso lle-va evaluados 9.000 vientres para sus programas de inseminación artificial y los datos arrojan un 74,5% de ciclicidad en los vientres e incluso, dijo que se está dando mayor porcentaje de “montas robadas”, provocadas por toros que pasan alambres. “Hay mayor cantidad de preñeces por montas robadas. Estamos en 4% cuando lo normal sería 2% en ese volumen de vaquillonas evaluadas. Sumando esas montas robadas se llega a un porcentaje de celo de 80%”, explicó el veterinario.

Meticuloso con sus datos y sus documentaciones, las estadísticas de De Nava en el segmento de la cría marcan un porcentaje histórico de entre 66% y 68% de celo sobre un volumen de 10.000 vaquillonas evaluadas cada año. Hoy se está por encima de eso.

También advirtió que el porcentaje de vaquillonas que presentan celo regular en los rodeos, es muy variable entre predios y también “amplio”, porque va de 40% a 90% en los establecimientos con mejores datos. El porcentaje de ciclicidad en los rodeos depende de la sanidad, del manejo nutricional e incluso de la genética, entre otros componentes.

De Nava afirmó que el costo de inseminar una vaca está prácticamente igual a los del año pasado. “El precio de las hormonas se mantuvo o incluso bajó, en algunos casos”, pe-ro lo más importante es que “la relación precio del ternero (US$ 3,50 por kilo en el último remate de Plazarural) y lo que vale inseminar un vientre (entre US$ 10 y US$ 15 por cabeza), es muy favorable. Es de los mejores años en cuanto a costo beneficio”, remarcó.

A su vez, desde la región noreste, el veterinario Pablo Marinho también reconoció que los rodeos recién “vienen recuperando celo”. Es que los ganados “salieron de un invierno duro y comenzaron a mejorar su condición corporal en la primavera. Le costó mucho reponerse”.

En sus trabajos está encontrando buenos porcentajes de celo regular y los programas de inseminación artificial, sea mediante sincronización con prostaglandina y con detección de celo visto o utilizando la inseminación artificial a tiempo fijo, están marchando a buen ritmo, según los datos que va recabando en terreno.

No se le puede pedir a una vaca que presente celo regular si pasó momentos complicados cuando era una recría o si no tiene un adecuado manejo nutricional.

“Un adecuado manejo nutricional y sanitario a edades tempranas de la ternera afectará el desempeño productivo y reproductivo posterior cuando es servida”, recuerda siempre la experta de INIA, Graciela Quintans y lo resume en una frase: “la vaca tiene memoria”. El productor es más consciente de eso hoy y apuesta a mejorar la recría, más cuando los precios del mercado lo ayudan.

Sin excusas. “No hay un solo productor en Uruguay que pueda poner como excusa los precios y costos de la inseminación para no hacerla. No es un problema de costos”, remarcó el veterinario Sergio Kmaid, otro de los profesionales referentes en el segmento de la reproducción y el subsector de la cría bovina.

También en su caso ve una lenta recuperación del celo en los rodeos, especialmente en departamentos como Tacuarembó y su área de influencia.

Contó a El País que “en algunos pocos rodeos donde se hizo transferencia embrionaria, usando vaquillonas como receptoras y en general en Durazno, nos fue muy bien. En estos casos son vaquillonas muy bien recriadas, en campos con cargas animales favorables y donde se hace un buen manejo del pasto”. En esos trabajos se usaron vaquillonas con 340 kilos de promedio.
Según otros trabajos de servicios en Tacuarembó, la recuperación de celo es más lenta y “ahora se van acomodando los rodeos. La respuesta a la sincronización de celo en vaquillonas ha sido menor a la esperada”, explicó Kmaid.

Cuando se sincroniza celo con dos dosis de prostaglandina (hormona) y generalmente se insemina a celo visto (con detección de celo), en un lapso de cinco días se puede esperar que muestren celo el 80% de los vientres.

Como otro hecho notorio, este veterinario consideró que los productores “están intentando mejorar el aporte de sales nutricionales, sales con oligoelementos y fósforo. En vaquillonas, que es una categoría que está en crecimiento, debería ser una práctica recomendada y muchas veces no se aplica”, dijo Kmaid.

Si el pronóstico de un verano lluvioso y con temperaturas altas se mantiene, se puede esperar una buena performance del rodeo de cría y las vaquillonas volverán a preñarse sin mayores problemas.
Kmaid asegura que se ve a los productores “más ávidos respecto a mayor aplicación de tecnología para preñar sus rodeos. Eso ya es normal”.

Fue más a fondo y analizó que “la ecuación entre la compra y la disponibilidad de toros es lo que determina (en parte) la decisión de inseminar. Entonces, productores que no inseminaron nunca sus rodeos, se ven tentados a usar esta tecnología por los buenos precios, porque van a precisar menos toros para repasar en sus rodeos tras los programas de inseminación. Eso creo que está pasando ahora”.

A nivel general, es posible resaltar que inseminar una vaca, utilizando un semen de un toro superior, de origen nacional cuya dosis cuesta US$ 5, tiene un costo total de entre US$ 10 y US$ 15 por vientre. Este cálculo incluye el uso de hormonas para sincronizar celo, inseminador y veterinario que revisó el ganado y armó el grupo de vientres. Diferentes son los precios en programas de inseminación artificial donde usando un toro de similares características, el costo total está entre US$ 17 y US$ 25 por cabeza. Es difícil que aquellos productores que hayan probado la inseminación artificial a tiempo fijo en sus rodeos no sigan aplicando esta tecnología para continuar progresando.

Fuente: El Pais

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