17 de enero de 2020 12:29 PM
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País de idiotas: Hubo cosecha récord de trigo y cosecha récord de maíz, pero parece que faltan ambos cereales

CompartiremailFacebookTwitterLa Argentina es un país de idiotas. Las cosas sobran pero parece que faltan. Y esto provoca zozobra, fuertes discusiones, tironeos, suba de precios, negociaciones, temores de una intervención oficial, nervios. Todo podría haberse evitado si hubiera consensos básicos sobre como administrar lo que nos sobra. Pero lo dijimos: Argentina es un país adolescente, que […]

La Argentina es un país de idiotas. Las cosas sobran pero parece que faltan. Y esto provoca zozobra, fuertes discusiones, tironeos, suba de precios, negociaciones, temores de una intervención oficial, nervios. Todo podría haberse evitado si hubiera consensos básicos sobre como administrar lo que nos sobra. Pero lo dijimos: Argentina es un país adolescente, que todavía no está maduro.

Dice un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) que sobrará trigo, pues la cosecha que acaba de terminar alcanzó un récord productivo de 19,5 millones de toneladas. Finalmente, debido a los buenos rendimientos en el sur bonaerenses, hubo 500.000 toneladas más que el año anterior.

Los argentinos necesitamos solamente entre 6 y 7 millones de toneladas de ese trigo cada año, para nuestro propio consumo y para atender el negocio de la harina de exportación. Quedan entonces 12,5 o 13,5 millones de toneladas de saldo exportable, porque sobran. Es decir que la relación es 35% para consumo doméstico y 65% para exportar. No debería haber ningún sobresalto.

Sin embargo, los exportadores se apuraron a comprar su parte (más de 13 millones de toneladas), un poco porque estaba cantado que iban a subir las retenciones, otro poco porque tenían una intensa demanda internacional y otro poco porque tienen espalda financiera para hacerlo. Los molinos, en cambio, van comprando de a puchitos y no utilizan los mercados de futuros para asegurarse un precios estable.

la tensión aparente en el balance triguero provocó una suba de los precios internos del cereal y mucho nerviosismo, a veces simulado y otras veces genuino. No es la primera vez que pasa sino que la escena se repite todos los años: finalmente se ‘empalma’ con la nueva cosecha que ingresa en octubre ya sea con ventas tardías de los productores que pudieron guardar el cereal o con trigo que los exportadores compraron de más y vuelcan a los molinos, a un precio mucho más ventajoso para ellos.

Guillermo García, de la cerealera Bunge y vicepresidente de Ciara-Cec, que agrupa a las exportadoras, acaba de retuitear lo que dice Javier Buján, analista del mercado de granos. “No nos va a faltar trigo. Hay una sobreactuación del momento”. Algo de razón tiene Buján, mucha: lo que hay es nerviosismo porque ahora es el peronismo el que está en el poder y todos recuerdan lo que sucedió entre 2008 y 2015 de la mano de Guillermo Moreno, cuando este mono con navaja regulaban las exportaciones de cereal provocando un desaliento de la producción, porque el mercado ofrecía precios de miseria a los productores.

Segundo rubro: el maíz. La Bolsa de Rosario acaba elevar su estimación de producción de maíz en 2 millones de toneladas, para ubicarla en 49 millones. Las lluvias de los últimos días permitieron afianzar una producción que se convertiría en la segunda mejor de la historia, por debajo solo de la de 2018/19, que fue de 54 millones de toneladas.

Sobra maíz. La Argentina consume de ese volumen (que fue enorme el año pasado y será enorme este mismo año, cuando comience la cosecha en un par de meses) unas 16 millones de toneladas para fabricar polenta (molienda seca), fructosa (molienda húmeda), dar de comer a su ganado (pollos, cerdos, feedlots y tambos) y alimentar los tanques de los automóviles (bioetanol). Es decir, quedan más de 30 millones de toneladas para exportar. Otra vez la relación 35/65%.

Sin embargo, ahora parece que falta maíz. La industria avícola de carne, nucleada en CEPA, salió a denunciar que “muchas empresas avícolas y otras productoras de distintas carnes están atravesando un momento difícil al no encontrar en el mercado interno partidas de maíz suficientes para abastecer las necesidades de consumo mínimas indispensables”.

“Si bien faltan más de 45 días para el ingreso de la nueva cosecha de maíz, ese hecho tampoco asegura que la actual situación pueda revertirse, dado que –frente al notable adelantamiento de ventas ocurrido el año pasado– los empresarios agrícolas ya vendieron a la exportación casi 18 millones de toneladas de maíz 2019/20”, explicó el Centro de Procesadores Avícolas.

De locos, una vez más de locos.

Este es un país adolescente que no sabe dónde están las reservas de sus dos principales cereales ni quien las tiene. Las estadísticas oficiales difieren de las privadas, y entonces ambas dejan de ser del todo creíbles. Tampoco hay stocks públicos como en muchos otras naciones. Ningún mecanismo de intervención desde que el sentido común le puso límites al energúmeno de Moreno.

Este es un país que no planifica y marcha a los bandazos, del más puro libre comercio (donde es obvio ganarán las cerealeras, que tienen mucha mejor capacidad de financiamiento que los copradores locales) a la más rancia intervención (que usualmente también perjudica a los más débiles, que son los productores).

Este es un país de imbéciles que siempre privilegian su posición individual por sobre el bienestar común. Donde los vivos siempre ganan y donde perdemos siempre los mismos nabos: los consumidores que solemos terminar pagando todos los derivados del trigo y el maíz (aún cuando hay excedentes muy claros) a precios artificialmente inflados.

Los países serios, adultos, planifican sobre este tipo de cosas. Sus Estados modernos y ágiles monitorean de modo constante la situación. Y guarda que alguien se haga el boludo y no aporte los datos necesarios. Hay organismos específicos que lejos están de intervenir, pero sí controlan.

País de necios que siempre tropiezan con la misma piedra. Tenemos mucho pero no tenemos nada. Lo que nos sobra en realidad nos falta.

Empezando con el trigo y con el maíz, pero sobre todo con la inteligencia.

Fuente: Bichos de Campo

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