2 de diciembre de 2009 06:42 AM
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El medio rural español    "recupera músculo"

La edición de diciembre de EUROPA AGRARIA analiza un informe del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino sobre el ''Análisis y diagnóstico del medio rural español''

No es fácil hacer un diagnóstico del medio rural español que si por algo se caracteriza es por su variedad y complejidad, donde cada comarca es un micromundo. Sin embargo el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino se ha atrevido a hacerlo como paso previo a la elaboración del Programa de Desarrollo Rural Sostenible 2010-2014, (plan que hará realidad la Ley de Desarrollo Sostenible aprobada a finales de 2007). No se trata de conseguir una foto fija -tarea difícil porque en algunos lugares parece que no pasa el tiempo pero otros se encuentran en continuo movimiento- si no en averiguar sus debilidades y oportunidades para conocer qué dejar a un lado y qué camino seguir.

El informe de ”Análisis y diagnóstico del medio rural español” realizado a instancias del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, comienza recordando que dos tercios del territorio español son considerados medio rural e integran al 20 por ciento de la población, aunque hay interpretaciones más generosas que incluyen zonas periurbanas con las que prácticamente se alcanzan al 90 por ciento de los habitantes.

Algunas comunidades autónomas como Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha (donde hay zonas con menos de cinco habitantes por kilómetro cuadrado) y Navarra tienen más del 90 por ciento de su territorio calificado como rural. [Ver tabla en la siguiente página].

En total, casi 8,2 millones de personas se consideran que viven y generalmente trabajan en el medio rural, un colectivo que ha ido perdiendo peso en el global de la población nacional en los últimos diez años, aunque se ha desacelerado el ritmo de despoblación rural respecto a las décadas de fuertes migraciones a la ciudad.

La recuperación en los últimos años de población joven, aún en términos no demasiado significativos, no es ajena al fenómeno de inmigrantes que buscan asentamiento en el medio rural, sobre todo cuando las ciudades empiezan a estar saturadas en cuanto a empleo se refiere.

También se comprueba con los datos del estudio que los ingresos medios son inferiores en las zonas rurales que en las urbanas con una gran diferencia entre los 12.000 euros anuales de las primeras frente a los 17.000 de las segundas, con ventaja de las zonas del norte (a excepción de áreas de Galicia) frente a las regiones del sur.

Además, persiste el tradicional desequilibrio de servicios públicos en perjuicio del campo, ya que las frecuentes deficiencias en transportes, accesos, internet, abastecimiento energético, telefonía fija y móvil, servicios educativos, sanidad, abastecimiento y depuración de aguas, ocio y cultura siguen evidenciando un fuerte desequilibrio territorial pese a los esfuerzos de muchos ayuntamientos y otras administraciones públicas, así como las iniciativas privadas.

Baste recordar algunas recientes denuncias de organizaciones agrarias que consideran que se han olvidado las infraestructuras de acceso a las fincas agrícolas en el ambicioso Plan E y que muchas veces los agricultores se ven con dificultades para sacar sus cosechas porque los camiones no pueden transitar por los caminos rurales.

Análisis DAFO

Especial atención merece dentro de este análisis general el denominado diagnóstico DAFO, un método que incide en las Dificultades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades del objeto de estudio y que prestan las iniciales para su denominación.

En lo que se refiere a las debilidades del medio rural español se citan entre aquellas de índole social la baja densidad de su población y su dispersión, aunque haya importantes diferencias entre regiones y comarcas; el envejecimiento progresivo de sus habitantes; la deficiente dotación de infraestructuras, la elevada temporalidad de los funcionarios destinados a áreas rurales profundas que impiden que adquiera un conocimiento amplio del entorno y el creciente avance de las denuncias de violencia de género, esta última una cuestión que bien podría responder más a la toma de conciencia de los derechos de la mujer en zonas donde el patriarcado estaba tan arraigado que hacía imposible esta ‘rebelión’ ante comportamientos inaceptables.

Dependientes de la PAC

Entre las debilidades de índole económico se cita en el diagnóstico el importante porcentaje de la aportación de la actividad agraria en el conjunto de ingresos globales, sin duda una rémora en momentos de crisis de casi todos los subsectores productivos; el desempleo estructural de estas zonas que afecta, especialmente, a jóvenes y mujeres, (los que más se lanzan a buscar otras oportunidades en las ciudades); la dificultad de la implantación comercial por las limitaciones de unas comunicaciones deficientes; el menor nivel de ingresos y sobre todo, por la gran dependencia de los habitantes de estos pueblos ante los vaivenes de la Política Agraria Comunitaria, la temida PAC.

A estas debilidades o precisamente a consecuencia de ellas, hay que sumar las amenazas más temibles para el campo español, que en lo económico se puede resumir en dos cuestiones: la dificultad para atraer fondos a los municipios rurales, sobre todo de capital privado, y la alta competencia de las explotaciones establecidas en otras zonas con mayor potencial empresarial, tanto en el ámbito europeo e internacional o dentro de la propia geografía nacional o de cada comunidad.

Por otra parte, entre las amenazas que aparecen en el horizonte se encuentra la tendencia a que la población se concentre en núcleos urbanos especialmente por la oferta de trabajo que ofrecen, una situación que puede quedar frenada en los últimos años a consecuencia de una crisis que también se deja sentir, tal vez con más crudeza, en las grandes ciudades. De todos modos, la ciudad sigue atrayendo, sobre todo, a los jóvenes por la oferta de ocio y cultura que proporcionan, algo que se mantiene en el tiempo pese a los avances municipales en pueblos de dimensión grande o mediano.

Razones para el optimismo

En el capítulo de fortalezas que conforman la letra ‘F’ de DAFO, se destacan varios puntos, algunos específicamente relacionados con la agricultura.

La actividad agraria, lejos de ser una rémora, resulta en bastantes áreas rurales su mayor potencial, sobre todo en zonas de regadío.

Si a su vez el regadío conlleva tecnologías y modernización parece ser un factor determinante para favorecer el relevo generacional. De hecho desde la Federación Nacional de regantes, Fenacore, se recuerda que en las comunidades de regantes donde más se están aplicando los sistemas de regadío más avanzado, con gestión online -como por ejemplo las ubicadas en Almería o Huelva- han proliferado empresarios agrarios con una edad media que oscila entre los 35 y los 45 años, incentivados por la rentabilidad de las explotaciones.

Otra fortaleza del medio rural parece encontrarse en la agricultura y la ganadería ecológica y sus posibilidades, aún apenas explotadas, siempre que se vincule con el concepto de alimentación de calidad, un proceso que va lento pero suma adeptos continuamente.

Las restantes fortalezas de índole económico vienen a reconocer el avance del medio rural en los últimos años.

Así nada menos que el sector de los servicios ha crecido una media del 30 por ciento, lo que sin duda ha repercutido favorablemente en la calidad de vida de los habitantes de los pueblos españoles, a la vez que se ha producido un gran desarrollo del turismo rural, el único que parece mantenerse fuerte ante la crisis del sector, aunque ahora se haya apagado la euforia de apertura de establecimientos que había hace unos años. Así como la consolidación de la industria agroalimentaria, que en los últimos ejercicios también ha dado importantes pasos en el sentido de su tecnificación, especialización, comercialización e, incluso, internacionalización. Desde el punto de vista social también se considera una fortaleza del medio rural un aspecto que ha sido utilizado como argumento en el capítulo de las debilidades. Y es que la importancia del sector agrario como actividad productiva garantiza la continuidad del empleo rural, por mucho que en su día se quisiera desde Bruselas relegar a los agricultores comunitarios al papel de cuidadores medioambientales.

Sin duda, la agricultura y la agroalimentación vuelven a cobrar importancia en las grandes estrategias y la productividad agrícola y ganadera ya no se considera una actividad ”sospechosa”.

A su vez el campo y los pueblos están atrayendo a más población urbana que nunca. Bien es cierto que se mantienen los recelos sobre el traslado permanente de toda una familia a un pueblo para vivir de forma continuada, pero las visitas a las pequeñas localidades de turismo y de contacto con la natualeza (con las actividades paralelas que conlleva, desde recoger setas, a practicar senderismo o montar caballo) hacen pensar a sus habitantes que no es una opción tan equivocada como hace unos años podía parecer el permanecer en los núcleos rurales.

Es por esto por lo que ya se ha citado que los pueblos vuelven a ser una opción para vivir y para trabajar, el despoblamiento general se ha desacelerado e incluso en algunas zonas vuelve la gente al pueblo.

Eso sí, se corre el riesgo de crear diversas categorías de medio rural en que se diferenciarían zonas donde hay actividad económica, de servicios y de ocio, en franca revitalización y otros núcleos prácticamente abandonados y sin posibilidades de ser reanimadas.

Tierra de oportunidades

Aunque pueda sorprender, el capítulo más amplio del diagnóstico DAFO es el que se dedica a las oportunidades del medio rural. Como conclusión a lo planteado anteriormente se cita entre las oportunidades que aparecen el cambio de las preferencias residenciales, con muchos urbanitas volviendo los ojos al campo como opción de vivienda habitual.

Además, se constata que hasta ahora los inmigrantes estaban actuando como agentes dinamizadores del medio rural, contribuyendo, en buena medida, a mejorar los índices de natalidad, aunque si se les cierran las posibilidades de empleo en un momento de crisis económica como la actual para favorecer el trabajo de los habitantes autóctonos quedaría en el aire este papel rejuvenecedor de los extranjeros.

Por otra parte, y aunque en algunos lugares tal vez se llegue tarde, los pequeños municipios y sus habitantes están tomando conciencia del valor histórico cultural rural, un fenómeno que ha llegado de la mano del turismo rural y de las rutas, en principio diseñadas para visitantes urbanos, tanto de naturaleza, gastronomía, deporte de aventura o arte. En su vertiente más economicista, se consideran grandes oportunidades, además de las posibilidades ya mencionadas del turismo rural, el creciente interés que las tecnologías está despertando en los habitantes rurales, un instrumento fundamental para vencer situaciones de aislamiento o de retraso respecto al desarrollo experimentado en otras áreas.

Aunque pueda parecer una anécdota, no se puede olvidar la reciente presentación de la nueva versión de Windows para la que Microsoft eligió el pueblo asturiano de Sietes, demostrando, más allá de la obvia operación de marketing, que los habitantes del medio rural, incluso de pueblos pequeños y envejecidos, pueden conectarse al resto de mundo y las oportunidades de comunicación que se ofrecen a través de unas nuevas tecnologías son cada vez más accesibles. Por otra parte, las energías alternativas se presentan como una importante oportunidad para el medio rural, y muchos pueblos ya han podido comprobarlo con la instalación de paneles solares o aerogeneradores, aunque en ocasiones el desarrollo económico inmediato pueda cegar ante posibles problemas ecológicos o de falta de rentabilidad a medio y largo plazo. En todo caso, ahora parece que la nueva apuesta pasa por la biomasa, como cierre perfecto al círculo de aprovechamiento a los cultivos y a la cabaña ganadera. Estas energías renovables significarían, por otra parte, una importante vía de diversificación de la actividad en el medio rural de una economía hasta ahora tal vez excesivamente centrada en la faceta de producción de alimentos o el aprovechamiento forestal.

Y por último, aunque quizás para muchos sea el primer recurso que viene a la mente cuando se habla de medio rural, aparece la posibilidad de obtener unas ayudas para el desarrollo rural que vienen a través de los programas comunitarios que se concretan a través de las prioridades marcadas por los grupos locales.

Esas ayudas siguen siendo vitales para mantener un medio rural que conoce ahora una de las mayores crisis agrarias de su historia y que necesita apoyarse en otras actividades, muchas veces complementarias, para superar el bache.

Crece el sector servicios en los pueblos

Contra la extendida creencia de que la agricultura es la principal actividad en el medio rural, es el sector servicios el que acapara un mayor número de trabajadores, según se desprende del estudio sobre el Medio Rural Español.

El peso de la agricultura, por tanto, disminuye en el empleo prácticamente al mismo ritmo que lo hace en su contribución al PIB con descensos vertiginosos en las últimas décadas.

En 1975 el porcentaje de población que trabaja en el sector agrario suponía el 20 por ciento del total en toda España y en 2001 apenas representaba el siete por ciento, aunque los datos revelaban un reparto muy desigual, especialmente concentrado en el sur de España y en Cantabria.

El sector agrario aglutina, actualmente, la cuarta parte del empleo del medio rural.

Por el contrario, el sector agrario concentra sólo al siete por ciento de los parados registrados, mientras un tercio se atribuyen a la construcción y a la industria.

Este hecho se explica no sólo en que la agricultura y la ganadería están principalmente en manos de pequeños propietarios y trabajadores autónomos, si no en que muchos demandantes de empleo prefieren estar ‘apuntados’ a otros sectores como la construcción mientras la agricultura se deja como último recurso para acudir como mano de obra eventual en determinadas campañas de recolección.

A pesar de la disminución del porcentaje de población dedicada al sector agrario, la producción ha aumentado, como se puede suponer, a consecuencia de unas labores más intensivas, el regadío, y el uso de fertilizantes y plaguicidas.

De todos estos movimientos se puede concluir que el peso económico que antes ocupaba la mera producción agrarias hoy es reemplazado por el de la industria agroalimentaria, no sólo por la riqueza que porporciona sino también por el empleo.

Sin embargo, la mecanización de muchas tareas agrícolas también ha conducido a un aumento de productividad aunque en detrimento del número de empleos generados.

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