4 de febrero de 2020 10:41 AM
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Seis claves para proteger el maíz de los ataques de gusanos cogolleros

Recomendaciones de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid.

La especie de insectos conocida científicamente como spodoptera frugiperda y que en el campo se denomina “gusano cogollero” es una de las mayores amenazas para el cultivo de maíz.

Por ello, a través de su Red de Manejo de Plagas (REM), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) difundió seis claves a tener en cuenta para controlar esta plaga.

Pensar en el manejo incluso antes de la implantación. Planificar, porque el ataque siempre está influido por el cultivo anterior, el manejo del barbecho, la presencia de malezas, la fecha de siembra y el material utilizado. El control de malezas es fundamental ya que muchas pueden actuar como hospedantes de la plaga hasta estadios larvales avanzados, que al pasar al cultivo ya no podrán ser controlados por tecnologías Bt.

Conocer al enemigo. Identificar correctamente a la plaga. Por ejemplo, saber que los huevos se depositan en grupos en el envés de las hojas y están cubiertos por pelos y escamas. Y que las larvas tienen cabeza grande y su color varía a medida que crecen. Del tercer estadio en adelante la cabeza tiene tonalidad acaramelada con tres líneas longitudinales amarillentas en el dorso. Las larvas de últimos estadios tienen la cabeza negra o parda con una sutura blanca en forma de “Y” invertida y presentan cuatro puntos negros que forman un trapecio en cada segmento del dorso. En los laterales tienen una banda ancha oscura seguida de una clara.

Monitorear de modo intensivo. Previo a la siembra, hay que identificar áreas enmalezadas que puedan actuar como reservorio. Allí deberá monitorearse desde presiembra hasta madurez fisiológica cada siete días como mínimo. En condiciones de altas temperaturas y presión de plaga, cada cuatro o cinco días. En cada visita deben realizarse cinco estaciones de muestreo distribuidas en forma de equis (X) cada 60 hectáreas de igual manejo. Deberán revisarse al menos 50 plantas continuas en cada estación, registrando incidencia y severidad. Cuando se siembren maíces Bt, el refugio y la porción Bt del lote deben monitorearse separadamente.

Aplicar el insecticida antes de que la larva entre al cogollo. El momento óptimo de control es cuando las hojas presentan lesiones de menos de 1,3 centímetros, sin perforaciones de membrana y se ven larvas sobre las hojas. Cogollos con orificios y presencia de aserrín son sinónimo de que la larva ya ingresó a la planta y es demasiado tarde. Los criterios de decisión de aplicación son diferentes según se trate de refugio o de maíz Bt. En un refugio y/o maíz convencional se tratará cuando el 20 por ciento de plantas tenga daño grado 3 (según escala de Davis) usando productos de baja persistencia y con un máximo de dos aplicaciones hasta V8. En híbridos Bt se aplicará cuando haya un 10-20 por ciento de plantas con daño grado 3 utilizando productos de mayor persistencia y selectivos. Se recomienda rotar modos de acción entre ventanas de aplicación. Cada ventana dura 30 días y equivale a una generación de la plaga. Los curasemillas garantizan un buen arranque del cultivo y demorar una primera aplicación. 

Lograr aplicaciones de calidad. La uniformidad de aplicación garantiza la llegada a cada punto de la hoja. El uso de aditivos, las condiciones de temperaturas y humedad son aspectos clave. Las aplicaciones nocturnas –no más allá de las cero horas– permiten aprovechar el momento de mayor movilidad de la plaga.

Cuidar los eventos biotecnológicos. Dada la movilidad de esta plaga, se recomienda el uso de refugios “estructurados” en el 10 por ciento del área sembrada, a no más de 1.500 metros, con un híbrido no Bt de ciclo similar e igual manejo agronómico.

Fuente: AgroVoz

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