7 de febrero de 2020 11:18 AM
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Carnes: para mantener exportaciones y no impactar adentro, hay que producir más

La preocupación en el mercado es que en un contexto de suba de precios el Gobierno electo puede verse tentado en intervenir el mercado de exportación como ya lo hizo en los años previos. Un análisis privado puntea los principales riesgos que son a mediano plazo y se vinculan con el stock ganadero.

En octubre se exportaron casi 96 mil toneladas de carne bovina (res con hueso equivalente), el volumen más alto en lo que va del año. Este flujo representa más del 30% de la producción mensual; todo indica que los envíos seguirán creciendo y por ende que la importancia del sector externo se profundizará en el 2020, de no haber intervenciones en el mercado del nuevo Gobierno. Si no hay más producción, se resentirá la disponibilidad para el mercado interno se reducirá casi con seguridad.
Un informe de Juan Manuel Garzón economista del Ieral subraya que la mayor competencia por el producto -más escaso en 2020- exigirá un ajuste (ascendente) de precios para equilibrar el mercado, cuya intensidad dependerá de cuánta carne menos se vuelque al consumo, de cómo se encuentre la actividad económica en general y también de lo que puedan aportar las carnes sustitutas
En un contexto de suba de precios el gobierno puede verse tentado en intervenir el mercado de exportación. “Esta política podría ser efectiva a corto plazo pero no a largo; el desaliento de las exportaciones deriva en menores precios de hacienda y en desincentivo a la inversión ganadera, la menor producción futura genera nuevamente la escasez”, indica Garzón.
Agrega que el camino “correcto” es actuar por el lado de la demanda, fortaleciendo ingresos o modificando condiciones de precios pero sólo para determinadas personas y familias. “Por caso, no resultaría complejo incluir en la tarjeta alimentaria que propone el nuevo gobierno una suma adicional que compense un aumento de precios de carnes”, añade.
Entre noviembre de 2018 y febrero de 2019 el novillito aumentó su precio un 33% en términos reales en el mercado de Liniers; esta suba no sólo es muy importante en sí misma, sino que además al ser una tasa de variación real, “se monta” por encima de la tasa de inflación general de la economía, que no fue poca en ese período (9%); en marzo los precios de la hacienda desacelerarían un poco, quedando con una variación del 22% (real) en el primer trimestre.
Por su parte, el precio de la carne bovina a nivel del consumidor (góndola) aumentaría un 19% en términos reales en ese primer trimestre de 2019, es decir, haría un recorrido muy parecido al del precio de la materia prima clave, el novillito.
Para Garzón hay una probabilidad alta que la continuidad y la profundización del proceso de exportaciones genere una escasez de hacienda y carne disponible para el mercado interno que derive en un ajuste de precios de estos productos. Si la escasez es importante, el ajuste de precios requerido para equilibrar el mercado también puede ser relevante.
“De producirse este fenómeno, y dado el producto que se trata, el gobierno electo puede verse tentado en intervenir el mercado de exportación a los efectos de limitar el proceso, redirigir producción hacia el mercado interno y de esa manera contener la suba de los precios”, apunta Garzón.
A corto plazo, esa estrategia puede ser efectiva para calmar precios pero a largo tiene los efectos justamente contrarios; el desaliento de las exportaciones deriva en menor precio de hacienda y en desincentivo a la inversión en el eslabón productivo más importante que tiene la cadena, el productor ganadero, por lo tanto, transcurridos los años la cadena termina con menor producción y por lo tanto la escasez vuelve a aparecer en el futuro; sólo se ha logrado ganar algo de tiempo, trasladar el problema del presente hacia delante, pero con el agravante de generar cada vez menos confianza de parte de los actores (internos y externos) respecto del futuro de la actividad.
El economista admite que existen algunas medidas que son más nocivas que otras. Por caso, los derechos de exportación son, en general, menos tóxicos que los “cierres temporarios de exportación”, los “cupos de exportación”, los “encajes de exportación” y cualquiera otra medida que genere incertidumbre respecto de la realización o no (en tiempo y en forma) de una operación que requiere de meses de planificación y estabilidad de reglas de juego.

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