10 de febrero de 2020 01:23 AM
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Lobesia botrana: su impacto en Mendoza y la importancia de erradicarla

Con perdidas que escalaron hasta los U$S 187 millones por temporada, en nuestra provincia el control de la plaga de la vid es necesario.

Entre 2010-11 y 2018-19 se perdieron 500 mil toneladas de uva por causa de la lobesia, llegando a 162 mil toneladas por temporada. Esto representa una pérdida de U$S 187 millones, con valores de hasta U$S 49 millones por campaña. 

Todos los departamentos llegaron a tener una pérdida en la producción mayor al 10% con excepción de Tunuyán, San Carlos, Santa Rosa, La Paz y los departamentos del Sur.

Mientras que Guaymallén, Las Heras y Tupungato han sido los más afectados. 

Estos datos se basan en un análisis econométrico del impacto de la plaga, parte de un estudio con Alejandro Gennari (Universidad Nacional de Cuyo), en el que usamos datos del Observatorio Vitivinícola y el Iscamen. Si bien solo lo hicimos para Mendoza, nuestras conclusiones se aplican a otras provincias afectadas. 

Erradicar la lobesia es fundamental. De acuerdo con nuestras proyecciones, las pérdidas de producción causadas por la plaga (si no se combatiera) podrían llegar a ser mayores a las pérdidas por heladas y granizo combinadas.

Además, los daños van más allá de las pérdidas de producción. También hay costos vinculados a logística, a protocolos para la comercialización de uvas de mesa y al impacto ambiental de pesticidas (posiblemente favoreciendo otras plagas), entre otros.  

A esto se le suma el costo de control de la plaga para el gobierno y para los productores.

Así, el impacto económico de la lobesia ha sido mucho más alto que el ocasionado por las pérdidas de producción. 

Erradicar la lobesia es fácil de justificar. Antes de que comenzaran los mayores esfuerzos de erradicación, las pérdidas directas ocasionadas por la plaga fueron suficientes como para cubrir 1,7 veces la superficie vitícola de Mendoza con difusores de feromonas, probablemente el método más caro, eficiente y con menores daños ambientales. 

Es muy positivo que, más allá de las dificultades, la erradicación de la lobesia está funcionando. En las últimas dos temporadas las pérdidas de producción fueron menores al 1%, un gran avance frente al 8% perdido en la temporada 2015-16. 

Los más recientes datos de captura del Iscamen indican que Mendoza está cada vez más cerca de erradicar la plaga. Si la lucha contra la lobesia continua, probablemente se termine erradicando tal como sucedió en California. 

La experiencia californiana demostró que la lobesia se puede erradicar con un programa similar al usado en Argentina. También demostró que la plaga se puede erradicar a pesar de la presencia de hospederos secundarios, y de que entre un 10 y un 30% de los productores no cumplieran con los protocolos. 

La historia de la lobesia nos deja, hasta ahora, dos grandes enseñanzas. La primera es que se puede erradicar y conviene que así sea. La segunda es que Argentina debería anticiparse mejor a plagas que no están en el país, pero si en otros países, y que podrían afectar nuestra viticultura.

Fuente: Diaro Los Andes

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